El gobierno debe confiar en la clase trabajadora y no en los capitalistas

¡Todo el poder a la clase obrera para salvar la revolución!

El decreto de excepción firmado por el presidente Nicolás Maduro el pasado 17 de mayo reafirma la crisis aguda y las perspectivas de confrontación que se prevé en el país. La situación del deterioro de la economía se encuentra en unos niveles insoportables para la población La caída del PIB, según algunas fuentes como la CEPAL, amenaza con llegar a un 7%, la inflación ya supera los 185% que declaro en Enero el BCV, cinco meses después se puede pensar que ronde los 280% y los factores adversos al gobierno (tanto internos como externos) apuestan para que cierre en 720% como lo señala el FMI. Por otro lado, las subidas de precios aceptadas por el gobierno han supuesto incrementos de 100%, 500% y hasta 700%, como por ejemplo los artículos de aseo personal (crema dental).

Derrotar la ofensiva de la MUD aplicando medidas socialistas

La MUD está invocando la Carta Democrática en la OEA. Su objetivo es llegar a Miraflores para aplicar un programa contrarrevolucionario que desmantele todas las conquistas políticas y sociales obtenidas por los trabajadores y el pueblo y aplicar un programa de ataques siguiendo los dictados imperialistas como el de Macri en Argentina, o el que tenían previsto (si hubiera triunfado el golpe) en 2002. Como no consiguen por el momento fuerza suficiente en la calle para imponer sus objetivos, pretenden que la presión directa del imperialismo a través de la OEA y otras instituciones imperialistas empuje a sectores del ejército a intervenir a su favor.

La estrategia del sector reformista es abrir el dialogo desde organismos como UNASUR con una agenda que aborde la situación económica del país, sumando expertos que supuestamente ayudarán a reactivarla. Esta táctica es muy peligrosa. Para empezar el imperialismo siempre ha tenido sus caballos de Troya en UNASUR. Ahora con los acontecimientos en Brasil y Argentina tendría más fuerzas en que apoyarse. Las declaraciones de Mujica, Almagro o Zapatero demuestran que no se puede dejar la defensa de la revolución en manos de estos supuestos aliados. Intentar llegar a un acuerdo con la oposición y sectores empresariales (que son quienes organizan el saboteo y la especulación) tiene todas las similitudes a las mesas por la paz planteadas en el año 2014. No podemos olvidar que esas mesas terminaron beneficiando a los empresarios, quienes mantuvieron un juego de doble moral, “el policía bueno y malo”, actitud que no se descarta vuelva a suceder en los próximos días. Sólo que ahora, con una crisis económica que está llegando al límite, sería un paso previo para intentar el asalto al poder y acabar lo antes posible con la revolución.

El principal problema que espera ver resuelto el pueblo es la alimentación y aunque las medidas económicas tomadas por el gobierno crean una esperanza para algunos, con el tiempo se desvanecen al encontrarse que el problema continúa o empeora. La decisión de aumentar la gasolina y otras acciones menos públicas (cobro de los peajes a vehículos de carga, etc.) no han dado resultado. Atacar la superficie no soluciona el problema de fondo.

Revolución dentro de la revolución para construir un estado de los trabajadores y el pueblo

El gobierno no debe seguir apostando a buscar una alianza con sectores de la burguesía, que los precios del petróleo aumenten y ello permita mejorar la situación económica. Tiene que ver las barbas de sus vecinos y reflexionar. La victoria de Macri en Argentina y la destitución de Dilma Rousseff en Brasil, la ofensiva de la derecha y el imperialismo norteamericano en América Latina se profundiza. Hoy más que nunca la revolución necesita sumar apoyos y no debilitarlos

Para defender y hacer avanzar la revolución hay que escuchar a quienes trabajan y se están sacrificando en las empresas tanto públicas como privadas. Mientras haya trabajadores con el estómago vacío, luchando para poder llevar comida a sus familiares, resistiendo la agresión contra su salario que no alcanza para comprar un kilo de carne semanal, resistiendo ataques y despidos (muchas veces por parte de burócratas que se enquistan en las instituciones) estará en riesgo la posibilidad moral de construir el socialismo en Venezuela. Son muchos los casos, que demuestran cómo el sabotaje de una quinta columna formada por burócratas corruptos está dañando el proceso como el de ENATUB, la nueva empresa de tubería instalada en Anaco (Estado Anzoátegui) en el mes de enero entre empresarios privados y el Estado. Una inversión que se pudo haber realizar bajo el control de los trabajadores, desarrollando las dos plantas del Estado y repotenciándolas (actualmente se encuentran en graves condiciones técnicas y económicas); o lo que está pasando en SIDOR, las cementeras, la Red de Abastos Bicentenario, y ahora también vemos como se devuelven los hoteles que fueron expropiados bajo el gobierno del comandante Chávez a manos de empresarios privados.

Acciones concretas, como las planteadas por los trabajadores de Abastos Bicentenario, son necesarias para derrotar la corrupción: apertura de los libros de cuentas e inventarios a la inspección de los trabajadores y de comités creados por las comunidades, elegibilidad y revocabilidad de los gerentes y participación de la clase obrera y los propios usuarios y comunidades organizadas en la gestión mediante comités de delegados elegibles y revocables por asambleas obreras y populares. Si se organizasen de ese modo los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) podrían servir para luchar contra el acaparamiento y que no se repitan errores y desviaciones. Ahora más que nunca son necesarias medidas como: la expropiación de las empresas saboteadoras, la banca y las tierras colocándolas totalmente en manos de los trabajadores y el pueblo con una planificación nacional articulando todas según su sector y sobre una estructura revolucionaria de administración obrera, con elegibilidad y revocabilidad inmediata de todos los cargos de dirección por la asamblea general de trabajadores, con salarios iguales al de un trabajador calificado y rendición de cuenta periódicamente, estando dispuestos a ser rotado en el momento que lo decida la asamblea de trabajadores. Sólo el poder organizado de los trabajadores y el pueblo permite derrotar de una vez por todas la corrupción y el saboteo de los capitalistas y la quinta columna.