¿Está justificado este optimismo? ¿EEUU y el resto del mundo han solucionado su situación económica? ¿Es tan rosa el panorama?En el momento de escribir este artículo los mercados mundiales están alcanzando los niveles más altos del año. El optimismo reina en este caluroso verano. Los mercados mundiales alcanzaron su cuota máxima en marzo de 2000, en plena euforia de la revolución de la alta tecnología y la manía puntocom, después cayeron profundamente, casi superando el 60%, durante los tres años siguientes. En ese período de tiempo (2000, 2001 y 2002) los precios de las acciones eran más bajos al final del año que al principio. Desde 1929-32 no se producía una caída continuada durante cuatro años seguidos. Después de que Bush declarara la “victoria” en Iraq, los inversores respiraron aliviados y volvió la alegría. Los precios del mercado subieron un 25% y en Alemania consiguieron un astronómico 60%.

La actuación en la economía de la Reserva Federal y el Gobierno estadounidenses animaron a los inversores a comprar. El gurú del capital financiero, Alan Greenspan, anunció una serie de recortes de los tipos de interés y bombeó miles de millones de dólares al sistema bancario. El Banco de Japón siguió el mismo camino e incluso el Banco Central Europeo redujo los tipos de interés. Al mismo tiempo Bush anunció una reducción de impuestos, el aumento del gasto en armas y “seguridad interna” para estimular la producción y los beneficios de los fabricantes de armas, las empresas de seguridad y todo aquel que tuviera un contrato con el Gobierno.

El mercado pronosticó que gracias a Greenspan y Bush la economía estadounidense había iniciado el boom económico. Prácticamente todos los economistas de EEUU pronostican un crecimiento económico del 3-4% para la segunda mitad de este año, comparado con el débil incremento del 1,5-2% de la primera mitad.

Beneficios y precios

¿Está justificado este optimismo? ¿EEUU y el resto del mundo han solucionado su situación económica? ¿Es tan rosa el panorama? Tomemos el caso de la economía estadounidense. En el segundo trimestre de este año creció un 2,4%. Es un crecimiento superior al 1,2% del primer trimestre, pero si miramos las cifras vemos claramente las razones de este crecimiento: el gasto en “defensa” del Gobierno que es un 44% superior al del trimestre anterior. Si eliminamos de la ecuación el gasto en armas y la guerra de Iraq, el crecimiento económico no superaría al del primer trimestre.

Ocurre lo mismo con los beneficios, que son el talón de Aquiles del capitalismo. Sin beneficios los capitalistas no invertirán en nuevo equipamiento y no emplearán a más trabajadores. En el punto álgido del boom tecnológico de finales de los años noventa, el margen de beneficio de cada unidad vendida por las empresas estadounidenses era del 13,5%. En el momento de la recesión y el 11 de Septiembre, el margen cayó hasta un mínimo histórico del 7,5%. Las empresas no pueden vender sus mercancías o servicios, pero tampoco pueden aumentar los precios. Están desesperadas y sólo ven un camino: reducción de costes.

Desde el momento en que Bush ganó las elecciones, desde principios de 2001 hasta el verano de 2003, las empresas estadounidenses han despedido a más de 3 millones de trabajadores. También han dejado de invertir. El resultado es que han reducido los costes y han subido los márgenes de beneficio: del 7,5% al 8,5%. Eso es todo.

Pero no es suficiente. ¿Por qué tantos han tenido que pagar con su empleo el estrecho margen de los beneficios empresariales? La respuesta es que las empresas estadounidenses, europeas y japonesas todavía no han podido incrementar la producción y tampoco han sido capaces de aumentar los precios. En realidad los precios están cayendo, la deflación ha aparecido. En Japón los precios llevan años de caída, en EEUU y Europa los precios de las mercancías en las tiendas han permanecido estáticos o han caído. Sólo los precios de los servicios como la sanidad, los seguros, la banca, etc., han aumentado.

El sector manufacturero en el mundo capitalista desarrollado sigue diezmado. No puede subir los precios en las tiendas porque los consumidores esperan gangas, ya que en Asia existe un coloso de la manufactura que está destruyendo los mercados de los antiguos capitalistas occidentales. China está inundando el mundo de productos textiles, juguetes y electrónica, pero también de ordenadores y productos de alta tecnología. Como resultado, China está obligando a que el resto del planeta baje los precios.

Detengámonos ahora en los resultados de beneficios de las empresas estadounidenses. Los optimistas bursátiles están en éxtasis por los beneficios conseguidos durante el segundo trimestre. Por término medio las 500 primeras empresas han conseguido un incremento de los beneficios del 10% con relación al año pasado. Pero esta media oculta la realidad: prácticamente todo ese beneficio ha procedido de dos sectores, la banca y el petróleo.

A pesar de todas las promesas los precios del petróleo han permanecido altos debido a que no han conseguido poner en funcionamiento la producción petrolera de Iraq. Las empresas petroleras han continuado recogiendo una cascada de beneficios. Pero el que realmente ha ganado es el sector financiero.

Producción y sector

financiero

Los bajos tipos de interés han hecho posible que los bancos presten grandes cantidades de dinero a los estadounidenses que a su vez han pedido más dinero prestado para comprar casas y refinanciar las hipotecas.

General Motors, que emplea a 180.000 estadounidenses, no ha conseguido ningún beneficio con la venta de sus coches. Durante el segundo trimestre consiguió unos beneficios de 901 millones de dólares, pero sólo su división financiera consiguió 834 millones. ¡General Motors ha conseguido más beneficios de su propio negocio hipotecario que de la venta de coches! Es el colmo de la naturaleza improductiva del capital financiero.

Los beneficios conseguidos en la industria no son fruto del aumento de las ventas, sino de la reducción de la mano de obra y el abandono de la inversión. Los manufactureros estadounidenses por término medio han tenido paradas una de cada cuatro de sus máquinas y han despedido a los trabajadores que las utilizaban.

No importa, dice Greenspan. Ahora se debate si la manufactura es importante en la economía porque en países como EEUU más del 60% de los empleos y la producción proceden de lo que ellos llaman servicios. Greenspan dijo recientemente en el Congreso de EEUU que lo importante es que la “economía cree valor”, no importa de donde procedan los beneficios. Qué más da si General Motors consigue más dinero prestando dinero que fabricando automóviles.

Pero esta teoría económica está en bancarrota. Sin los sectores productivos de la economía no podría sobrevivir el sector servicios. Las aseguradoras dependen de los manufactureros y las empresas de transporte. La sanidad privada depende de empresas como General Motors que desembolsan dinero para el seguro de sus trabajadores. Las guerras iniciadas por el Gobierno dependen de los fabricantes de armas. Los servicios dependen de la industria.

No es bueno decir: dejemos hacer las cosas a países como China que las hacen más baratas (porque pagan una miseria a los trabajadores) mientras que nosotros sólo “diseñamos” cosas y prestamos dinero. Eso sólo funciona en un mundo verdaderamente global con una planificación socialista. En el mundo capitalista existen intereses privados y nacionales que deben ser satisfechos por encima de la cooperación global. ¿Acaso el gobierno estadounidenses estaría dispuesto a que China fabricase sus armas? Por supuesto que no. ¿Acaso Greenspan quiere que China fabrique todos los coches y permitir que General Motors se hunda con cientos de otras empresas que dependen de ella? Evidentemente no.

Si Greenspan y Bush tienen tanta confianza en la recuperación estadounidense, ¿por qué claman con tanta desesperación que China revalúe su moneda? Llevan meses con este argumento. China, de forma inteligente, intenta vincular su moneda con el dólar USA. Por esa razón si el dólar se debilita también lo hace el yuan chino. El resultado es que las exportaciones chinas siguen siendo muy baratas en EEUU, a diferencia de las europeas, debido a que durante el último año el euro se apreció un 20% frente al dólar.

Gasto armamentístico,

bonos y tipos de interés

Bush y los republicanos se han embarcado en una aventura imperialista en todo el mundo. Los estrategas estadounidenses están intentando convertirse en el policía del mundo para reconstruirlo a imagen y semejanza de EEUU. Ahora los republicanos se han embarcado en un gasto armamentístico sin precedentes, incluso más que en la época de Vietnam. No sólo están equipando al ejército: planean gastar miles de millones de dólares (el cálculo más bajo habla de 600.000 millones) para reconstruir Iraq.

Como resultado de esta situación, el Gobierno estadounidense tendrá que gastarse en la próxima década 500.000 millones de dólares procedentes de los impuestos. Hay que recordar que hace sólo dos años tenían un superávit de 150.000 millones de dólares. ¿De dónde van a sacar el dinero? Hay una forma sencilla. Pedir prestado emitiendo bonos para que los bancos y las grandes empresas los compren.

Aquí está el problema. El interés exigido por los prestadores al Gobierno está subiendo rápidamente. Ha pasado del 1% al 3,5-4,5% en sólo un mes. Eso significa que el Gobierno, cada año, debe encontrar más dinero para poder pagar los intereses de la deuda, y sólo lo puede hacer subiendo los impuestos o pidiendo más dinero prestado. Pero el problema más serio es que si suben los tipos de interés de los bonos del Estado también subirán las hipotecas.

Eso sólo lleva al desastre. Es de dominio común que el crecimiento económico de EEUU durante los últimos dos años ha procedido del gasto de los estadounidenses en mercancías baratas. Los estadounidenses han estado dispuestos a gastar su dinero porque el valor de sus viviendas seguían subiendo. Los precios de las viviendas han subido un 6-8% al año. Para conseguir el dinero han refinanciado sus hipotecas gracias a tipos de interés más bajos y después se han gastado ese dinero extra. Pero si los tipos hipotecarios comienza a subir, entonces también caerá el consumo, además del efecto que supone la pérdida de empleos que se está produciendo en todos los sectores. Si los estadounidenses dejan de invertir en viviendas, entonces el boom inmobiliario también llegará a su fin.

Los estadounidenses nunca han estado tan endeudados como ahora. La deuda familiar supone el 125% de los ingresos anuales. Si el coste de financiar esta deuda aumenta entonces se acabará el consumo, que ha sostenido el boom económico durante los últimos años. Toda esta situación sólo vislumbra un futuro de crecimiento económico bajo, tipos de interés elevados, más paro y el espectro de la deflación. El actual optimismo veraniego se transformará en un invierto frío y mísero.

Por ahora la Administración Bush se resiste a lo inevitable: subir los impuestos. Aunque ya 50 estados han tenido que recurrir a esta medida debido al enorme déficit presupuestario que arrastran. El resultado finalmente será un crecimiento más bajo, tipos de interés altos, más pérdidas de empleos y el espectro de la deflación, alimentado por las importaciones chinas y la caída del consumo en casa.

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Nota de la redacción: Aunque este artículo se publicó en verano y la Bolsa, desde entonces, ha sufrido algunos sustos que han podido matizar el optimismo al que se refiere el titular, pensamos que el análisis del texto sigue siendo completamente vigente.


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