Los vientos de crisis han inundado las páginas de los periódicos de una jerga económica especializada cuya definición resulta interesante para conocer el mecanismo de algunos "productos" financieros y algunos métodos de enriquecimiento muy ingeniosos. Son muy ilustrativos de la podredumbre del sistema.

Se refiere a cualquier préstamo otorgado sabiendo que existen dudas sobre la capacidad de devolverlo, ya sea por el historial del prestatario o porque ha obtenido baja puntuación en la evaluación previa de riesgos (credit score). Según Wikipedia, un 25% de los estadounidenses forman parte de la población "dudosa". Pero ¿por qué los bancos iban a prestar dinero que saben que probablemente no cobrarán? Se combinan varios factores: En primer lugar, el ansia sin límite de beneficios ya que los intereses cobrados son mayores que con un préstamo normal. En segundo lugar, respecto a las hipotecas, mientras duró el mercado alcista no había problema. Se hacía un nuevo préstamo por el valor más alto de la vivienda, que servía para pagar el préstamo anterior y los intereses acumulados. En tercer lugar, siempre se pueden agrupar estos préstamos en bonos (ver bonos basura) y pasarle el problema a otro. Para pescar a la gente necesitada estos préstamos se suelen ofrecer con cuotas reducidas al principio o como dinero rápido y sin preguntas. Tras la crisis en EEUU ha salido el coro habitual de economistas a decirnos que aquí eso no pasa, que "nuestro" sistema financiero es más serio, pero... ¿a nadie le suena aquello de Direct Cash, Cofidis, Dinero Directo?..., "en 24 horas, tras estudiar su solicitud...".
Son bonos en los que, al igual que en los préstamos subprime, existen dudas sobre si el emisor podrá hacer frente a los pagos. Evidentemente, para atraer compradores, estos bonos deben ofrecer una rentabilidad superior a la de otros activos de menos riesgo como las Letras del Tesoro. De hecho, el negocio para los bancos con las hipotecas subprime era agruparlas y emitir un bono cuyos intereses eran garantizados por los pagos de la hipoteca. Estos bonos después se colocaban entre los fondos de riesgo (Hedge Funds) que especulaban con ellos.
Para entendernos, esta gente le presta dinero a intereses casi usurarios a gente que sabe que no va a pagar y después se dedican a pasarse la bomba unos a otros esperando que le estalle en las manos al vecino, y que si se les va de las manos, ya intervendrá el Estado. Y luego dicen que el capitalismo es racional y eficiente...
Indica la proporción de capital propio sobre el total de la inversión, es decir, cuanto mayor es el apalancamiento mayor es el porcentaje de capital ajeno (préstamos) o sin desembolsar (por ejemplo, derivados) y, por tanto, más riesgo. En ciclos de tipos de interés bajos y mercados "normales", los fondos o inversores más apalancados tienen más beneficios, pero esto se convierte en su contrario con grandes movimientos inesperados y crisis de liquidez.
Contratos que dan derecho a comprar o vender una mercancía o activo financiero (acciones, bonos...) en una fecha determinada y a un precio prefijado. Por ejemplo, el futuro del petróleo a diciembre es el derecho a comprar un barril de petróleo en diciembre a un precio fijado hoy. Al ser sólo contratos el único requisito que se exige es depositar una garantía cuyo valor es mucho menor al valor de la compra comprometida. Esto genera una capacidad de apalancamiento gigantesca. Otra característica es que permiten ganar dinero (al vendedor) cuando el mercado está a la baja, con lo que aunque surgieron como medio de reducir riesgos, se han convertido en un gigantesco casino sobre expectativas, que mueve más dinero que los mercados reales.