Hace exactamente un año del choque de dos aviones contra las Torres Gemelas. El mundo quedó paralizado ante las imágenes de horror y muerte que aparecieron en las pantallas de televisión. En ese imponente infierno perdieron la vida más de 2.800 persoHace exactamente un año del choque de dos aviones contra las Torres Gemelas. El mundo quedó paralizado ante las imágenes de horror y muerte que aparecieron en las pantallas de televisión. En ese imponente infierno perdieron la vida más de 2.800 personas.

En un instante, el perfil de Nueva York cambió para siempre. La mente y la vida de millones de hombres y mujeres cambiaron irreparablemente.

Hoy, mientras retrocedemos mentalmente a aquellos trágicos acontecimientos, los políticos pronuncian discursos patrióticos. Se retorcerán las manos y derramarán lágrimas de cocodrilo por las víctimas. Y al mismo tiempo, continuarán aplicando políticas que arrastrarán al mundo a nuevos horrores de guerra, violencia y terror.

El ‘eje del mal’

Aprovechándose de la horrible carnicería de civiles, Bush se ha propuesto, sistemáticamente, azotar la fiebre bélica. Desde la destrucción de las Torres Gemelas, se ha desatado una campaña de propaganda masiva destinada a convencer a los ciudadanos estadounidenses de que estaban amenazados por una “amenaza terrorista global”. A Osama Bin Laden se le presenta como la inteligencia superior que está detrás del terror global. Pero el argumento de que Al Qaeda es un enemigo poderoso, capaz de representar una amenaza seria para EEUU, es sólo un juego de niños apropiado, pero no muy inteligente.

En el momento actual, EEUU ostenta el 37% del gasto mundial de armas, y el 40% de la producción mundial de armas. Eso incluye un volumen aplastante de producción del armamento más sofisticado y moderno. En contraste, Gran Bretaña, Francia y Alemania cuentan con sólo el 5% del gasto mundial de armas, y Rusia, con un insignificante 6%. Comparar a Al Qaeda o a los talibanes con este gigante es simplemente ridículo.

En todo esto hay una lógica mortal. Desde el colapso de la URSS, el imperialismo estadounidense ha tenido la necesidad de encontrar un candidato adecuado a enemigo exterior, una especie de amenaza general que convenciera a los ciudadanos estadounidenses normales de la necesidad de gastar abundantes sumas de dinero en armas, en un momento en que el presupuesto federal está en déficit. Es el debate eterno entre las armas y la mantequilla, era imperativo que ganaran las primeras. Así que ahora, en lugar del Imperio del Mal de Reagan, tenemos a George W. Bush y su Eje del Mal, ¡Ni siquiera la terminología es original!

Después de la destrucción de las Torres Gemelas, con una imitación pasable de una película de John Wayne, el presidente Bush afirmó que cogería a Bin Laden “vivo o muerto”. No obstante, doce meses después, está muy lejos de ver a su enemigo, vivo o muerto. Y la campaña de EEUU en Afganistán se encuentra empantanada y las dificultades aumentan.

Sin embargo, todo el debate sobre la llamada “guerra contra el terrorismo” pasa por alto un pequeño detalle. Fueron los EEUU y su satélite, el servicio de inteligencia pakistaní (ISI), quienes crearon, organizaron, armaron y financiaron a Bin Laden, Al Qaeda y los talibán, convirtiéndolos en las tropas de choque de la contrarrevolución islámica en Afganistán. La campaña de terrorismo, asesinato y caos total no sólo fue aprobada, también fue activamente alentada por Washington, en la medida que, iba dirigida contra la URSS. Pero cuando, después del colapso de la URSS, este terrorismo se dirigió contra EEUU, misteriosamente, se transformó en una conspiración siniestra de las fuerzas de la oscuridad contra las fuerzas de la luz.

Los niños consentidos de las familias ricas, frecuentemente, se convierten en monstruos que incluso pueden intentar asesinar a sus padres. Los casos de parricidio no son desconocidos, y un perro loco, puede morder la mano que le alimenta. El alcance que hoy tiene el terrorismo global, es obra de EEUU —el parto del ingenio de la CIA, el Tesoro estadounidense y el Pentágono—. De la misma forma, fueron los EEUU quienes armaron a Sadan Husein y le animaron a volverse contra Irán después de la revolución contra el Sha de 1979, en esta guerra murieron un millón de personas. El terrorismo más grande y poderoso del planeta procede de los Estados Unidos de América.

El terrorismo ayuda a la reacción

En general, los actos terroristas no son una expresión de fortaleza, sino de debilidad. Un gesto de impotencia y desesperación, lleno de fanatismo. Con estos métodos nunca se derrotará al imperialismo. Lejos de debilitar al imperialismo, éste se ha fortalecido por el “éxito” del 11 de septiembre. Este es el resultado invariable del terrorismo individual. Los resultados conseguidos son precisamente los contrarios de los que pretendían. Cuando los terroristas de Narodnaya Volya en Rusia, consiguieron asesinar al zar, con ello no consiguieron el derrocamiento del estado, sólo consiguieron su destrucción y la de su propia organización. De la misma forma, el primer resultado del 11 de septiembre, fue fortalecer a Bush. El segundo efecto fue empujar a las masas normales de EEUU detrás de la reacción. Si alguien se benefició de esta locura fueron Bush, el Pentágono y el complejo industrial militar.

La conmoción del 11 de septiembre ha proporcionado la excusa perfecta para fortalecer el estado y, particularmente, su brazo represor. Se ha revisado y expandido la CIA y el FBI. Sólo la CIA ha recibido mil millones de dólares en fondos de emergencia. Su “centro contraterrorista” ha multiplicado por diez su plantilla, de 500 a 5.000. Cientos de agentes retirados con conocimientos especializados, han vuelto al servicio. George Bush quiere crear un Departamento de Seguridad Interior, éste combinaría elementos del servicio secreto, servicio de inmigración, guarda costera y otra serie de agencias relacionadas, para formar un enorme aparato de seguridad, con una plantilla de 170.000 personas y un presupuesto anual de 37.500 millones de dólares.

Este fortalecimiento del aparato represor del estado no se ha limitado a EEUU. En Gran Bretaña la policía ha recibido un extra de 87 millones de libras. Scotland Yard intenta doblar la fuerza de su equipo antiterrorista. El MI5 ha intensificado su vigilancia de extremistas islámicos, mientras que el MI6 ha desplegado a sus oficiales y ha dicho que sus agentes en el exterior tienen como prioridad Al Qaeda.

El enorme centro de vigilancia electrónica, GCHQ, ha cambiado sus prioridades, dedicando a la crisis un 40% de sus escuchas, descifradores de códigos y operadores informáticos, y ha doblado el tamaño de su equipo antiterrorista. El dinero, por supuesto, no es problema. El gobierno va a dar más de 100 millones de libras a estas tres agencias y el presupuesto aumentará un 7% anual durante los próximos tres años. Para entonces, habrán gastado más de 1.100 millones de libras al año.

Un año después, será difícil ver quién es más reaccionario y loco. Todas las trampas de los terroristas tienen un significado puramente reaccionario, hacen el juego a la reacción y al imperialismo. A su vez, las monstruosas acciones del imperialismo, sirven para reclutar a nuevos terroristas y hacen que sean inevitables nuevos actos terroristas.

Sin embargo, el resultado más negativo del terrorismo es el efecto que tiene sobre la conciencia de las masas. El marxismo enseña que la emancipación de la clase obrera es tarea de la propia clase obrera. Las masas sólo pueden liberarse a través de la lucha de clases. El terrorismo individual maleduca a las masas y desvía su atención de la verdadera lucha revolucionaria. Por eso, invariablemente, juega un papel reaccionario.

¿Una provocación?

El 11 de septiembre, un pequeño grupo de individuos infligió un golpe terrible a la superpotencia más grande del mundo. Realizaron su hazaña, no con armas sofisticadas, sino con navajas y cutter. Así parecía improbable que esta acción pudiera levantar sospechas y tampoco que fuera el resultado de una conspiración o provocación. En nuestro primer artículo, escrito el 11 de septiembre por la tarde, cuando llegaban los primeros informes confusos, escribíamos lo siguiente:

“¿Cómo es posible que la CIA sea tan ignorante e inepta como para permitir un ataque tan devastador en el centro neurálgico de la nación? Hay una posibilidad que no se ha mencionado, que fuera el resultado de una provocación que ha salido mal. En el sombrío mundo de la intriga, la provocación y la contra-provocación, que caracteriza las actividades de los servicios secretos, hay dudas sobre la posibilidad de que un sector del establishment militar estadounidense, permitiera a los terroristas lanzar un ataque dentro de EEUU como un medio de conseguir apoyo público para una política agresiva y el rearme. Esto explicaría el sorprendente fracaso de la inteligencia estadounidense, aunque la naturaleza devastadora del ataque sugiere que la provocación se les fue de la mano” (Ataque suicida en EEUU. El terrorismo ayuda a la reacción).

Más tarde, cuando se conoció el alcance exacto de la devastación, descartamos esta hipótesis. Pero los últimos informes sobre el comportamiento de los servicios secretos estadounidenses han renovado la especulación de que quizás no se pueden descartar estas sospechas. Ahora se sabe que al FBI y a otras agencias se les avisó por adelantado del inminente ataque, pero no hicieron nada, siguiendo órdenes de sus escalafones superiores. Es concebible que elementos de la parte superior del aparato del estado, estuvieran dispuestos a alentar un ataque terrorista, aunque no fueron conscientes de su alcance hasta que fue demasiado tarde. La historia resolverá la cuestión de una forma u otra.

En cualquier caso, estas especulaciones añaden poco a la discusión y fácilmente pueden degenerar en el sombrío reino de la teoría conspirativa —el más superficial y vano de todos los intentos de explicar la historia humana—. Es igualmente posible que los asombrosos fracasos de la seguridad estadounidense, fueran el resultado de una mala dirección burocrática y chapucera (algo que ocurre en las grandes empresas capitalitas, como ocurría en la URSS estalinista). Al final, es la misma cosa, ya que en ambos casos entramos en la categoría del accidente histórico. Lo que es importante no son los accidentes históricos, sino los procesos profundos que se expresan a través de los accidentes.

Afganistán

Unas pocas semanas después del 11 de septiembre, las bombas comenzaron a caer sobre Afganistán. El presidente Bush empezó la primera guerra del siglo XXI. Si a eso pudiéramos llamarlo guerra, sería una guerra muy desigual. Una de las naciones más pobres del planeta fue invadida por el estado más rico y poderoso. EEUU ya ha asesinado en Afganistán a más personas de las que murieron en el ataque del 11 de septiembre. Casi un año después, EEUU no ha conseguido nada. El caos en Afganistán es interminable y sin solución a la vista.

La implicación de EEUU en Afganistán se ha convertido en un sumidero molesto. En mayo de 2002, el Pentágono había gastado ya 17.000 millones de dólares en la guerra de Afganistán. En la actualidad, esta cantidad ascenderá a 20.000 millones de dólares. Esta cifra no incluye las contribuciones de los otros aliados. Ese dinero se ha ido por el desagüe. Y tendrán que gastar mucho más dinero antes de terminar.

Por supuesto que EEUU posee unos enormes recursos militares. En la costa de Pakistán se encuentra una flota internacional para evitar que los miembros de Al Qaeda escapen por mar. Pero todas estas medidas no pueden ocultar el hecho de que la potencia más poderosa sobre el planeta no ha conseguido destruir a las fuerzas enemigas, que continúan funcionando en Afganistán y en Pakistán con una relativa impunidad.

Lo que nosotros pronosticamos

Ahora todo contrasta con la “marcha triunfal” de los aliados al principio. La caída de los talibán se consiguió con una rapidez que sorprendió a los expertos de Washington. En realidad, no hay nada sorprendente en esto. Antes de que comenzaran las hostilidades nosotros escribimos lo siguiente:

“La imagen de indestructibilidad de los talibán es un mito. En realidad, los estudiantes religiosos y pobremente entrenados de Pakistán, nunca hubieran podido tomar Kabul sin la ayuda de los servicios secretos paquistaníes —el célebre ISI— y la CIA. Los propios talibanes son un surtido de grupos e individuos, que fácilmente pueden quedar hechos pedazos cuando se enfrenten a un enemigo serio. (...)

“Se han mantenido en el poder, en parte debido a la inercia y agotamiento de las masas, pero principalmente, debido al apoyo de Pakistán. Cuando este apoyo se acabe, colapsarán como un castillo de naipes. Este es el cálculo de Washington y probablemente sea acertado.

“Sin embargo, en esta ecuación hay varias complicaciones. La Alianza del Norte se basa en las minorías nacionales, principalmente tayikos, mientras que los talibanes se basan principalmente en la mayoría pastún. Al proponer la figura del rey, Washington espera conseguir la ayuda de los pastún y otros grupos. Con una combinación de amenazas, fuerza y engaños, podrían conseguir atraer a muchos de los líderes tribales pastún que antes apoyaban a los talibanes, y a cambio, tendrán licencia para el saqueo. Los líderes talibanes rápidamente se pueden encontrar aislados y sin perspectivas. Deberán confiar en Dios, ya que nadie más les ayudará.

“¿Esto será bueno para el pueblo de Afganistán? Ninguna persona socialista o progresista lamentará la caída de la camarilla asesina de contrarrevolucionarios talibanes. Pero el regreso de los señores feudales de la guerra de la Alianza del Norte no será mejor. Debemos recordar que los talibanes consiguieron llegar al poder sólo porque las masas estaban hartas de los constantes robos y violaciones llevadas a cabo por estos ‘luchadores de la libertad’. Para empeorar las cosas, ahora serán los agentes abiertos del imperialismo estadounidense, quienes detrás de bambalinas, gobernarán el país en su propio interés.

“Los talibanes no desaparecerán de la escena inmediatamente. Pueden empezar una guerra de guerrillas desde las montañas que puede durar años, con la ayuda financiera de los círculos reaccionarios y fundamentalistas de Pakistán, aunque se quedará en el nivel de bandidaje” (La primera guerra del siglo XXI).

Estas líneas fueron confirmadas por los acontecimientos posteriores. Ahora el primer rubor de victoria hace mucho que desapareció. Un año después, ninguno de los objetivos estadounidenses en esta guerra se ha conseguido. Bin Laden, Al Qaeda y la dirección talibán todavía están en libertad. El gobierno títere de Kabul es inestable y carece de una base real de masas entre la población. Es odiado por los pastún, que son la nacionalidad mayoritaria. Las oleadas periódicas de terrorismo, asesinatos e intentos de asesinatos son sólo la expresión más obvia de esta inestabilidad. Y se están preparando todo tipo de explosiones nuevas.

El 9 de julio Middle East Broadcasting Co. publicó una declaración de Al Qaeda donde su portavoz avisaba de una inminente guerra de guerrillas y asesinatos. Dijo que el líder talibán, el mulá Mohamed Omar, estaba bien y que los talibanes se estaban reorganizando y preparando para la guerra de guerrillas. El mismo día, en una entrevista con el periódico argelino Al Youm, el portavoz de Al Qaeda, Sulaiman Abu Ghaith, dijo que su organización atacaría al gobierno títere del presidente afgano Hamid Karzai. El reciente intento de asesinato del presidente afgano demuestra que esto es una realidad.

A pesar de toda la propaganda, el ejército estadounidense no ha conseguido controlar el país. Las tropas estadounidenses, en la práctica, controlan sólo las ciudades donde tienen bases; y sólo a la luz del día, el gobierno de Karzai controla algunas partes de Kabul. Las guerrillas están trasladando su campaña a las ciudades, como se ha podido ver en una serie espectacular de asesinatos y tentativas de asesinato. Después del asesinato del vicepresidente afgano, Ají Abdul Qadir, el 6 de julio, el ejército estadounidense decidió hacerse cargo de la seguridad de Karzai, una suerte que le salvó la vida. ¡Pero esto no es un signo de un régimen sólido!

La guerra continúa

En el artículo, La primera baja de la guerra, que publicamos el 30 de octubre de 2001, escribíamos:

“Algunos de los líderes talibanes puede que estén algo desequilibrados, pero no están locos. Comprenden perfectamente la inutilidad de enfrentarse en sus propios términos al poderío del ejército estadounidense. Lo más probable es que intenten defenderse en las zonas urbanas, o que sólo presenten algo de resistencia. Adoptarán otras tácticas que pondrán en más riesgo a las fuerzas estadounidenses, es decir, las tácticas guerrilleras.

“Cuando finalmente tengan el suficiente valor para entrar en Afganistán, los estadounidenses se encontrarán con que el enemigo ha desaparecido. Regresará después cuando le convenga. Tiene muchos lugares donde ocultarse, y pueden elegir cuándo atacar. Aquí reside el verdadero peligro, y toda la tecnología del mundo no podrá impedirlo. Después de veinte años de guerra, los afganos conocen todas las cuevas, barrancos y túneles. Pero el lugar más importante para esconderse no es ninguno de estos. Es el propio pueblo afgano”.

¿Cuál es la situación ahora? Recientemente, Stratfor informaba de que los talibanes y Al Qaeda se estaban reagrupando y preparándose para una escalada más importante en Afganistán, amenazando con intensificar la lucha durante los próximos meses. Esto no es una sorpresa. Los movimientos pequeño burgueses como Al Qaeda deben conseguir un éxito tras otro, a riesgo de perder su apoyo. Bin Laden debe conseguir algún éxito espectacular nuevo en el futuro cercano para poder mantener la moral de sus seguidores. Tiene muchas opciones, sobre todo en Afganistán, donde sus fuerzas ahora se han recuperado de la conmoción inicial de la caída del régimen talibán. Pueden mezclarse con la población local de Afganistán. Pueden esconderse dentro de Afganistán, también en Pakistán e Irán. Tienen líneas internas de suministro y un buen alijo de armas.

La guerra, lejos de terminar, se está extendiendo a nuevas zonas. La resistencia a las fuerzas estadounidenses y al gobierno de Karzai, que antes se limitaba a Kandahar, y las provincias de Khost y Paktia, se ha extendido durante el verano a Oruzgan, Helmand, Kunar, Nagrhar y alcanza a casi todas las zonas donde los pastún son mayoría.

Las fuerzas que luchan contra el ejército estadounidense no necesariamente son los talibanes o Al Qaeda. Son afganos normales que están hartos de las acciones de los invasores extranjeros, cuyas bombas caen sobre las celebraciones de bodas y asesinan a hombres, mujeres y niños inocentes. Como los estadounidenses no pueden distinguir a los luchadores talibanes o de Al Qaeda de otros afganos, todo está preparado para nuevas masacres de civiles afganos, que echarán más combustible sobre las llamas de odio hacia los invasores y ganarán nuevos reclutas para la resistencia.

El resentimiento contra los estadounidenses no se limita a los pastún. Algunos mandos tayikos, uzbecos y hazaras están considerando seriamente atacar a las fuerzas estadounidenses. Bin Laden, lejos de ser capturado “vivo o muerto” por los estadounidenses, está de vuelta y controla Al Qaeda, que se ha reagrupado y reorganizado. La conmoción provocada por el ataque inicial de EEUU contra el grupo, ha desaparecido y ahora Al Qaeda ha ganado confianza, ha restablecido sus lazos con los talibanes y está preparándose para una guerra prolongada en Afganistán.

Las fuerzas estadounidenses dentro de Afganistán ya están bajo un ataque constante, y según muchas fuentes diversas, están teniendo más bajas de las que reconocen oficialmente. Fuentes de la inteligencia rusa e india, por separado, calculan que el ejército estadounidenses ha sufrido entre 300 y 400 bajas en Afganistán, con un número desconocido de heridos. El Pentágono dice que han muerto menos de cien. No hay forma de confirmar independientemente ninguna de estas cifras. Pero parece claro que se quita importancia sistemáticamente a las pérdidas estadounidenses. De hecho no se informa de muchos choques.

La experiencia soviética

Como hemos señalado repetidamente, resultaba realmente estúpido por parte de los estadounidenses, imaginar que podrían conseguir en Afganistán lo que la Unión Soviética no consiguió en más de una década de lucha. Como los rusos, los estadounidenses tomaron Kabul sin muchas dificultades. Sus problemas comenzaron más tarde, cuando la guerra comenzó en serio.

Las fuerzas rebeldes concentraron sus ataques en los aliados afganos de los soviéticos, que eran los objetivos más fáciles. Esto obligó a las tropas soviéticas a hacerse cargo ellos mismos de las operaciones de seguridad, destruyendo la ilusión de formar una sociedad con el régimen local. Lo mismo les está ocurriendo a los estadounidenses. Las tácticas utilizadas por los fundamentalistas, patrocinadas por EEUU, contra el ejército soviético, las están utilizando ahora, con gran efectividad, contra el ejército estadounidense.

El objetivo de la campaña de asesinatos de ministros del gobierno en Kabul, ahora está claro. El asesinato de los títeres estadounidenses en Kabul ha obligado ya al ejército de EEUU a hacerse cargo de la tarea de defender la vida de sus amigos. Pero esto significa que toda pretensión de un régimen independiente en Kabul con los pastún al frente, ha fracasado completamente. Karzai ha quedado al descubierto como una marioneta de EEUU que sigue vivo sólo gracias a sus guardaespaldas estadounidenses.

Como ocurrió con los rusos, el conflicto se está convirtiendo en una guerra de desgaste prolongada. Las tropas estadounidenses sólo tienen un control tenue de las ciudades. Si se arriesgan a salir, sus guarniciones se enfrentarán a emboscadas en las carreteras, en los pueblos y en las montañas. Los oficiales afganos y estadounidenses ahora admiten que las tropas USA estarán en el país “durante años”. Ahora en Afganistán hay aproximadamente 16.000 soldados, estadounidenses y de la coalición. Si se tiene en cuenta que el ejército de ocupación soviético llegó a tener 118.000 soldados, y que sólo pudo controlar las ciudades ocupadas, la situación real de las fuerzas estadounidenses queda bastante clara.

El ejército estadounidense tiene una ventaja sobre la Unión Soviética, en cuanto a que pueden, teóricamente, atacar a las fuerzas enemigas en la frontera paquistaní. Pero si lo hacen, en la práctica, significaría la implicación del gobierno de Islamabad y extenderían el conflicto a Pakistán.

La ‘guerra contra el terrorismo’

El 11 de septiembre el presidente Bush sufrió un ataque de nervios, se dio prisa en poner una distancia segura entre su persona y la escena de la carnicería. Sin embargo, al regresar a Washington, inmediatamente declaró la guerra. Esto no tenía precedentes, ya que declaró la guerra a nadie en particular, y a todos en general. Fue simplemente una excusa para dar a EEUU el derecho a intervenir militarmente contra cualquier gobierno o país, con la consigna: ¡O con nosotros, o contra nosotros!

Nosotros desde el principio pensamos que el objetivo sería Irak. No estábamos equivocados. Un sector de la administración Bush (Rumsfeld, Wolfowitz) quería atacar Irak desde el principio, aunque todavía no tienen pruebas que vinculen a este país con los acontecimientos del 11 de septiembre.

Colin Powell ya señaló este desafortunado detalle, y consiguió que sus colegas pospusieran —no que abandonaran— el objetivo de declarar la guerra a Irak. La razón para este cambio era puramente táctica. EEUU necesita aliados que apoyen su “guerra contra el terrorismo”. Pero los aliados, tanto en Europa como en Oriente Medio, exigían pruebas de culpabilidad antes de emprender alguna acción. Como no hay ninguna prueba de los crímenes de Sadan Hussein, Washington, de mala gana, tuvo que limitar sus atenciones a Afganistán, donde Osama Bin Laden tiene su residencia.

La razón para el entusiasmo de la clase dominante con la guerra en Irak, se puede explicar de formas diferentes. Desde la caída de la URSS, EEUU se ha convertido en la única superpotencia mundial. Se siente capaz de intervenir militarmente en zonas donde anteriormente era imposible sin correr el riesgo de una guerra con Rusia. Ahora EEUU “cabalga en el mundo como un coloso”. Después de haber derrotado a Irak (un antiguo aliado de la URSS) en 1991 y marchar sin oposición sobre Yugoslavia (antigua esfera de influencia soviética), ahora piensan que pueden hacer cualquier cosa.

Hegel escribió en una ocasión que los intereses mueven la vida de los pueblos. ¿Y qué puede haber más interesante que el “oro negro” conocido como petróleo? La incertidumbre general en Oriente Medio, donde se encuentran las mayores reservas conocidas de esta valiosa mercancía, hace que el control del petróleo una cuestión de ardiente importancia para EEUU. El apetito estadounidense por el petróleo no ha descendido, sino que ha aumentado debido a la recesión económica. El gobierno estadounidense está desesperado por conseguir una recuperación económica y está aterrorizado ante cualquier aumento del precio del petróleo. Las reservas más grandes de petróleo se encuentran en Arabia Saudí. Las segundas reservas más grandes están en Irak. Sin embargo, también hay una gran cantidad de petróleo en Asia Central, especialmente en Turkmenistán, y en el Caspio.

El imperialismo estadounidense quiere aumentar su presencia en Asia Central y el Cáucaso (Georgia). Esto inevitablemente entra en conflicto con los intereses de Rusia. Aunque Putin hasta el momento ha jugado al mismo juego que los estadounidenses, a largo plazo, surgirá el conflicto central. Antes de la invasión de Afganistán, los rusos enviaron a su ministro a las repúblicas de Asia Central para presionarlas y que mantuvieran fuera a los estadounidenses. Estas maniobras tenían lugar mientras Putin y Bush sonreían ante las cámaras.

El contenido real de la “guerra contra el terrorismo” es dar a EEUU el derecho a amenazar y chantajear a supuestos gobiernos soberanos para que sigan las órdenes de EEUU. El verdadero crimen de Sadam Hussein no es que sea un dictador (EEUU ha apoyado a muchos dictadores), o que haya asesinado a muchas personas (EEUU ha asesinado a muchas más) o que tenga armas de destrucción masiva (EEUU tiene el arsenal de armas más grande del mundo). La verdadera razón es que no está dispuesto a hacer exactamente lo que quieren los estadounidenses.

Los problemas y los peligros en Afganistán se multiplican según pasan los días. A pesar de todo, los estadounidenses han elegido este momento para atacar Irak. ¿Y después de Irak qué? Bin Laden ha dicho que Al Qaeda estaba preparándose para una campaña larga en Somalia. Hay tropas estadounidenses en Yemen y Arabia Saudí. No contentos con preparar la invasión de Irak, Washington amenaza a Irán. Y todo esto añade más inestabilidad, más guerras y más terrorismo, y no lo contrario.

El ambiente en EEUU

En el aniversario del 11 de septiembre el ambiente en EEUU es sombrío. Las últimas encuestas demuestran un declive en la popularidad de George Bush. El pueblo estadounidense están comprensiblemente nervioso ante la perspectiva de más aventuras militares en el extranjero, que traerán nueva inestabilidad e inseguridad, y la amenaza de nuevas atrocidades terroristas. Excepto entre los sectores más chovinistas, no hay entusiasmo por un ataque militar contra Irak. Esto a pesar de todos los intentos de la administración de crear una atmósfera frenética con la cuestión de Sadam Hussein.

Una encuesta del New York Times/CBS dice que el 68% de la población está de acuerdo con emprender una acción militar contra el presidente Sadam, el 56% cree que es importante dar a las Naciones Unidas más tiempo para intentar asegurar el regreso de los inspectores de armas. El 64% creía que la administración Bush no había conseguido explicar su posición con relación a Irak y porqué es necesaria una acción militar.

En conjunto, la encuesta encontró que el 63% aprobaba la forma en Bush estaba haciendo su trabajo. Es una caída de 3 puntos respecto al 66% del verano y 24 puntos menos del 87% conseguido poco después de los ataques del 11 de septiembre. La encuesta decía que el 54% apoyaba su política exterior. Sólo hace dos meses la aprobaba el 68% y el otoño pasado el nivel de aprobación era casi de tres cuartas partes.

El discurso del preextiende Bush en la ONU abrirá una posible nueva ronda de inspecciones, un movimiento que representaría una victoria para la posición de Blair y un paso atrás para los elementos más belicistas de la Casa Blanca. Pero la idea de Blair de dar “una última oportunidad” realmente es una forma sutil de justificar una acción militar.

Sir Jeremy Greenstock, embajador británico en la ONU, está ocupado intentando conseguir una nueva resolución que incluya la idea de dar una fecha tope a Bagdad. Podrían dar cuatro semanas para la readmisión de los inspectores “coactivos” y poner el objetivo de desarme total en un año. Es una especie de ultimátum a Irak, una invitación a unirse al minueto que inevitablemente preparará el camino para la lucha.

El objetivo real de Bush y Blair no es la inspección, sino el “cambio de régimen”. La llamada oposición iraquí está jugando un papel traidor. Los exiliados han dicho a los estadounidenses que tolerarían una federalización de su país para incluir a los kurdos, pero no tolerarán la ruptura de Irak. Sin embargo, esa es la lógica de una guerra en la cual los imperialistas estadounidenses intentarán utilizar a estos grupos nacionales como peones y carne de cañón. Para conseguir que los kurdos arriesguen su vida en una guerra sangrienta contra Sadam Husein, los estadounidenses tendrán que hacerles una oferta atractiva. Esto sólo puede ser la promesa de un estado kurdo. Sin embargo, un estado kurdo no será del agrado de Turquía, cuyo apoyo es igualmente vital para los estadounidenses.

Para seducir a la clase dominante turca, Washington tendrá que ofrecer a Ankara más que una caja de delicias turcas. Los campos petrolíferos de Mosul y Kirkuk serían el regalo más aceptable. Desgraciadamente, como estos campos petrolíferos están en la zona kurda de Irak, claramente será un conflicto de intereses entre los dos principales aliados de EEUU. La solución a este problema es obvia: cuando la guerra haya terminado, ¡los estadounidenses se quedarán con los campos de petróleo!

El problema es que los estadounidenses están distribuyendo el botín antes de haberlo conseguido. A pesar de las ilusiones de Washington, una guerra contra Irak no será fácil. A largo plazo, el imperialismo no puede tener éxito. No obtendrá beneficios. Sus aventuras militares inevitablemente se convertirán en un boomerang. No sólo se enfrentarán a la resistencia militar de los iraquíes, también se enfrentarán en casa a una creciente oposición del movimiento contra la guerra. Ya se pueden ver los elementos de esta oposición, antes de haber disparado un solo tiro.

La ONU y el movimiento obrero

La cuestión de las Naciones des-Unidas, como es habitual, es un fraude gigantesco. Como es usual, un sector de la izquierda hace sonar el tambor de la ONU. Esto demuestra una extrema miopía. Como hemos explicado muchas veces, la ONU es sólo un foro que los imperialistas utilizan algunas veces para dirimir cuestiones de importancia secundaria. Donde están implicadas las cuestiones serias, la ONU es impotente. Peor aún, puede ser utilizada como una hoja de parra para ocultar las verdaderas intenciones de los imperialistas.

En Corea y en el Congo, los imperialistas intervinieron bajo la bandera de la ONU. También la ONU hace diez años dio su aprobación a la Guerra del Golfo. Ahora, una vez más, esos elementos equivocados que han estado exigiendo que EEUU consulte con la ONU, se van a encontrar entrampados apoyando una guerra que cuenta con la bendición de la ONU.

EEUU tiene una considerable influencia económica en la ONU (pagan sus facturas), y también con relación a países como Rusia y China. En público, estos últimos muestran una oposición intransigente a la guerra, pero mantienen las manos debajo de la mesa. En la ONU mañana Bush defenderá que la ONU apruebe una resolución similar a la de 1991, declarando que se deben utilizar “todos los medios disponibles” para eliminar las armas químicas, biológicas y nucleares de la región.

En 1998 se rompieron las relaciones con Irak y se retiraron los inspectores. Las acciones de los “inspectores” (que se comportaban como espías y agentes de EEUU, sin duda lo eran) finalmente provocaron la resistencia iraquí. Ahora se ha sacado del cubo de la basura el tema de la “inspección” con el objetivo de utilizarlo para organizar una nueva provocación.

Blair propone dar un ultimátum a Irak sobre la cuestión del regreso de los “inspectores”. La verdadera intención no tiene nada que ver con la inspección. Se trata de crear una excusa para una invasión que dará a la ONU la justificación para apoyarla. La idea de plantear “inspecciones coercitivas” es sólo una pantalla de humo para un descenso inexorable hacia una guerra total. Los inspectores tendrían el derecho a andar libremente por Irak. El alcance de la provocación es enorme. EEUU plantearía mociones en la ONU con el objetivo de proponer a Irak algo que no pudiera aceptar. Entonces, cuando a Irak no le haya quedado más remedio que rechazar el ultimátum, la ONU declararía la guerra a favor de EEUU. Es un truco cínico con la intención de vencer la resistencia que tienen sus “aliados” a una agresión estadounidense.

El ambiente del movimiento obrero es escéptico e incluso hostil a la idea de una guerra. También los dirigentes sindicales de derechas han expresado su escepticismo ante una acción militar. En el congreso de las TUC en Blackpool, Bob Crow, el secretario general (del ala de izquierdas) del sindicato ferroviario RMT, acusó a Blair de “dar un paso fuera del movimiento sindical, dar un paso fuera del Partido Laborista y dar un paso fuera del pueblo británico”. En una declaración aprobada en el Consejo General de las TUC expresa su profunda preocupación por las palabras “cada vez más belicosas” de “algunas partes” de la administración estadounidense. Una resolución contra la guerra más radical cayó derrotada por un estrecho margen.

Si este es el ambiente en la cúpula de los sindicatos, el ambiente entre la base es aún más crítico. Cuando la realidad de la guerra finalmente entre en la conciencia de la clase obrera, estarán en peligro todos estos dirigentes que arrastran al mundo a un nuevo conflicto detrás del imperialismo estadounidense.

Un punto de inflexión en la historia

El 11 de septiembre representó un punto de inflexión en la historia. Demostró a millones de personas, en EEUU y en el resto del planeta, la naturaleza explosiva del mundo en el que vivimos. Por primera vez en sus vidas, la gente normal comenzó a examinar con ojos críticos la clase de sociedad que produce estas barbaridades. La gente comenzó a hacerse preguntas, y todavía se hacen preguntas. La mayoría no han encontrado respuestas o las que han encontrado no les satisfacen.

Lo principal es que todos se hacen preguntas. La gente ya no está dispuesta a confiar en los falsos discursos de sus dirigentes. Sospechan que detrás de las caras sonrientes y tranquilas que aparecen en sus pantallas de televisión, hay algo más que no se dice. Y tienen razón.

Los acontecimientos de septiembre fueron terribles. Pero cuando por fin desaparezca el polvo de las ruinas de las Torres Gemelas, cada vez más hombres y mujeres comenzarán a pensar y a actuar por sí mismos. Es el principio de un proceso de crecimiento y desarrollo, el principio de lo que Hegel llamaba autoconciencia. Los terribles golpes que sacudieron la vida de millones de personas, también ayudarán a sacudir de sus cabezas cien años de polvo y telarañas. Lenta y dolorosamente, la niebla va desapareciendo de la mente de muchas personas y las obliga a enfrentarse cara a cara con la realidad.

La realidad les dice: en un mundo como éste es imposible vivir. Y también les dice que es posible otro mundo mejor; un mundo en el cual las vidas de millones de personas no estén dominadas por la concupiscencia de unos pocos; donde las vidas estén por encima de los beneficios; en el que hombres y mujeres puedan vivir en paz y armonía y no como bestias matándose entre sí por razones que no comprenden.

Los horrores del 11 de septiembre sirvieron para endurecer nuestra resolución a luchar por un nuevo orden mundial que sustituya a este caos sangriento. Ese nuevo mundo llamado socialismo está poco a poco tomando forma en la mente de un número cada vez mayor en todas partes. Los cientos de miles que se han manifestado contra el capitalismo global, los trabajadores griegos, italianos y españoles que han participado en huelgas generales, los sindicalistas británicos que han dado una patada a los viejos dirigentes de derechas: todo esto es una señal de que las cosas están cambiando y la clase obrera empieza a moverse de nuevo.

En estas condiciones, incluso los horrores de la guerra pueden tener el efecto de despertar a las masas a la lucha. En su mente empieza a tomar cuerpo la idea de que es posible y necesario otro mundo. Cuando esta idea prenda en la mente de millones, ninguna fuerza sobre la tierra podrá detenerlos.


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