La rabia acumulada durante años ha explotado estas semanas en Bojador, Dajla y, especialmente, los barrios pobres de El Aaiún, donde se hacina la población autóctona. Perdiendo el miedo a las feroces fuerzas represivas marroquíes, y hartos de esperarLa rabia acumulada durante años ha explotado estas semanas en Bojador, Dajla y, especialmente, los barrios pobres de El Aaiún, donde se hacina la población autóctona. Perdiendo el miedo a las feroces fuerzas represivas marroquíes, y hartos de esperar año tras año una inexistente salida diplomática a la ocupación de su país, los saharauis han salido a la calle a exigir libertad de los presos, referéndum de autodeterminación e independencia.

El traslado, de El Aaiún a Marruecos, de un preso, fue el motivo de la primera concentración de protesta, el 24 de mayo. La brutal actuación policial desencadenó el enfrentamiento: lejos de amilanarse, los manifestantes se defendieron con piedras y la rebelión se extendió a otras calles, barrios y ciudades del país ocupado, e incluso a ciudades del sur marroquí poblados en gran medida de emigrantes saharauis (Agadir, Marraquesh). El día 27 doscientos estudiantes del Sáhara Occidental llevaron la lucha al corazón de Marruecos, desplegando pancartas en la Universidad de Rabat a favor del Frente Polisario y de la independencia; inmediatamente la policía asaltó la universidad.

Recuperando las viejas tradiciones represivas de la monarquía asesina, las fuerzas ocupantes detuvieron arbitrariamente, torturaron, asaltaron viviendas y tomaron militarmente barrios y ciudades enteras. Unos jóvenes que se atrevieron a hacer la señal de la victoria frente a cámaras españolas fueron apaleados en el acto; el 12 de junio un saharaui fue perseguido hasta una azotea y, desde allí, arrojado al vacío. Los resultados de la primera ola represiva fueron 100 heridos, 25 detenidos, 90 torturados y 20 casas saqueadas.

Pese al terror, el 10 de junio volvieron a manifestarse los familiares de los detenidos, retando a las autoridades. Mientras esto ocurría, las fuerzas de observación de la ONU celebraban su fiesta privada en un hotel de lujo de El Aaiún…

La valentía de una población reprimida y empobrecida ha explotado en la cara, no sólo del debilitado régimen marroquí, sino también del tan distante y diplomático mundo de los poderes imperialistas. Los políticos burgueses, especialmente estadounidenses y franceses, hartos del problema saharaui, habían decidido desistir, al menos de momento, de cualquier tentativa de pacificación, pensando quizás que los conflictos se pueden solucionar dejando que se pudran. Eso sí, mientras tanto hacían buenos negocios, comprando al Gobierno marroquí licencias para explorar las costas saharianas en busca de gas y petróleo. Pero a sus reuniones de negocio se ha presentado de improviso el pueblo saharaui, auténtico protagonista de esta historia.

Fracasan las maniobras diplomáticas

En esta Intifada hay un elemento importante de frustración. Cayó la URSS y el régimen del FLN en Argelia, es decir, los principales aliados del Frente Polisario; en la actualidad, si bien el debilitado régimen argelino defiende en palabras la causa polisaria, en la práctica hace negocios con Francia y Estados Unidos (a su vez grandes valedores de la monarquía marroquí) y necesita de su apoyo político para mantenerse. En los años 90 los imperialistas pretendieron embaucar al Frente: “dejad la lucha armada, demostrad que sois gente razonable, negociad con Marruecos, y nosotros presionaremos también”. La experiencia de cualquier lucha de liberación nacional, de cualquier lucha de masas en general, es cristalina: las maniobras diplomáticas nunca han conseguido la resolución de las necesidades de los pueblos; sólo han enfrentado a unos contra otros para mantener su poder. Seamos claros: sin la tutela política del imperialismo USA y de la pretendidamente progresista República Francesa, la odiada monarquía marroquí, y con ella la ocupación del Sáhara Occidental, no dudaría un solo día más. Si están interesados en solucionar el problema saharaui, es porque desean la estabilidad de la zona, eliminar un referente de lucha para otros países (especialmente africanos). Pero esa solución no puede pasar, para ellos, por el debilitamiento de la dictadura jerifiana de Mohamed VI, ya que es una pieza clave en el control imperialista en la zona. Y, por otra parte, cualquier acuerdo que significara simplemente la mínima posibilidad de conceder la independencia del Sáhara Occidental, o de dejar de controlar sus recursos pesqueros, mineros y (quizás) petrolíferos, no puede ser aceptado por el Majren, la oligarquía que manda en Marruecos, porque significaría la desintegración de su régimen. En definitiva, el imperialismo sólo podría dar, en el mejor de los casos, una autonomía limitada, promesas de referendos, palabras… pero nunca el auténtico derecho de autodeterminación o la independencia. El plan Baker, que no reconocía este derecho, al considerar votantes a los miles de colonos desplazados por Marruecos, pasó a mayor gloria, y sólo ha servido para desmovilizar al movimiento. Esta Intifada, y la amenaza del Frente Polisario de volver a la lucha armada, reflejan la desesperación de quienes no han mejorado un gramo sus condiciones de vida ni sus derechos nacionales en años de tregua y confianza en la ONU.

Moratinos pide ‘serenidad’

La actitud del gobierno español dista mucho de la que debería ser de un gobierno de izquierdas. Lejos de animar a la lucha y de respaldar con nitidez el derecho de autodeterminación saharaui, intenta no enemistarse con la monarquía marroquí y con Francia. Juan Fernando López Aguilar, Ministro de Justicia, animó a alentar los esfuerzos diplomáticos para una solución, mientras su colega de Exteriores Miguel Ángel Moratinos pedía “serenidad”. ¡¿Cómo hablar de esfuerzos diplomáticos y serenidad cuando un Ejército y una policía ocupantes reprimen, encarcelan, torturan y saquean casas? ¿Por qué no denuncian con todas las consecuencias el criminal régimen de Rabat, mantenido durante décadas a costa de la miseria y de la represión de su propio pueblo y del pueblo saharaui?

No, la solución no es la diplomacia ni la serenidad. La solución la saben instintivamente los saharauis: es la lucha de masas, en el exterior (Tinduf) y especialmente en el interior. En esa tarea es vital buscar la unidad con los mejores luchadores marroquíes, en los campus, las fábricas, los barrios obreros de las ciudades. Cada estudiante saharaui, cada emigrante, ha de ser un agitador de su causa, vinculando la lucha contra la ocupación con la necesidad de acabar con la putrefacta dictadura de Mohamed VI. Son los mismos policías y militares que les reprimen, las mismas siniestras prisiones, los mismos ricos que esquilman los recursos y les explotan en el campo o la fábrica. Es necesario un programa revolucionario para todo el Magreb. La rebelión sahariana pone de nuevo a este pueblo en su pedestal de lucha; empujemos con él hacia el abismo a los reaccionarios y pro-imperialistas regímenes de la zona.


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