La guerra contra Iraq parece estar cada día más cerca y, cuanto más se aproxima, mayor es la oposición en todo el mundo a este ataque imperialista. Se han convocado manifestaciones contra la guerra en las principales ciudades del mundo, coincidiendo con una marcha estatal a Washington el 18 de enero. Los organizadores esperan que ésta sea más grande que la celebrada el pasado mes de octubre en la que participaron más de 200.000 personas. Además, al día siguiente, hay convocada otra marcha estatal de jóvenes y estudiantes.

Según pasan los días crece la oposición a la guerra dentro de EEUU, según las últimas encuestas, dos tercios de la población se opone a la guerra. Quizá lo más significativo sea la reunión celebrada el pasado 10 de enero en Chicago, en la que participaron más de cien dirigentes sindicales y en la que lanzaron una nueva organización, Trabajadores de EEUU contra la guerra (USLAW), destinada a movilizar al movimiento sindical. En esa reunión se eligió un comité para coordinar la campaña, recaudar dinero y además adoptaron una resolución que entre otras cosas dice lo siguiente:

“Más de cien sindicalistas que representan a más de dos millones de afiliados se reunieron en Chicago para discutir nuestra preocupación por la amenaza de guerra de la administración Bush. (...) Las principales víctimas de cualquier acción militar en Iraq serán los hijos e hijas de las familias trabajadoras así como los civiles inocentes iraquíes que ya han sufrido demasiado. (...) La guerra es un pretexto para atacar los derechos humanos, civiles y laborales en casa y en el extranjero. La guerra para Bush es una cobertura destinada a desviar la atención de la situación económica, la corrupción empresarial y los despidos... El movimiento obrero tiene una papel histórico que jugar en la lucha por la justicia, a partir de ahora creamos el USLAW para luchar firmemente contra la política belicista de Bush...”.

Este es el ambiente que existe en EEUU antes del inicio de la guerra, cuando ésta comience, el imperialismo estadounidense tendrá que librar dos guerras al mismo tiempo, una en el extranjero y otra en casa, contra los propios trabajadores y jóvenes estadounidenses.