El día 15 febrero decenas de millones de personas de todos los países del mundo se echaron a la calle para protestar contra la guerra. En el Estado español las manifestaciones del pasado sábado constituyeron un acontecimiento político sin precedenteEl día 15 febrero decenas de millones de personas de todos los países del mundo se echaron a la calle para protestar contra la guerra. En el Estado español las manifestaciones del pasado sábado constituyeron un acontecimiento político sin precedentes históricos. Ni las manifestaciones tras el fallido golpe de Estado del 23-F, ni las convocadas contra el terrorismo, ni las multitudinarias y recientes manifestaciones a raíz de la huelga general del 20 de junio, que ya de por si fueron históricas, han alcanzado el nivel de participación del pasado sábado.

Fueron más de 7 millones de manifestantes y nos es ninguna exageración. Sólo sumando las cifras facilitadas por la policía local, de 80 de las 350 manifestaciones que se han convocado en todo el país, el total de participantes asciende a casi 5 millones de manifestantes, pero ese dato no refleja la realidad. Sumando la cifra estimada por los partidos de la izquierda, sindicatos y los organizadores de las manifestaciones de esas 80 localidades se alcanzan 7 millones y probablemente esa cifra quede corta.

La multitud se echó a la calle, fueron familias enteras, barrios enteros, ciudades enteras.

En Madrid, una hora y media antes de la hora prevista de inicio, la manifestación ya estaba en marcha. Hasta bien pasadas las 10 de la noche no terminó. Dos millones de personas en la calle, poco menos de la mitad de la población de la ciudad y de la región fue a la manifestación. Colapsó el Metro y los trenes de Cercanías. La administración local y autonómica, en manos de la derecha, no aumentó el servicio, mantuvo la frecuencia de los trenes de un sábado por la tarde normal. Eso provocó la indignación de la gente: “¡Eso es un boicot!, ¡Eso es un boicot!”, gritaba la multitud dentro de los vagones y en las estaciones.

En Barcelona, otros dos millones salieron a la calle, la mitad de la población de la ciudad y la región. La policía municipal reconoció 1.350.000. También colapsaron, durante horas, las arterias más importantes de la ciudad.

En la Comunidad de Asturias la manifestación se centralizó en Oviedo, fueron 200.000 personas, el 20% de total de la región y una cantidad de gente equivalente a la población de la ciudad. Los trenes que venían de Gijón, Avilés, de las cuencas mineras estaban totalmente colapsados, mucha gente no pudo salir de su localidad.

Fue así en todas las ciudades del Estado.

Un gobierno rabioso y sin apoyo social

Las manifestaciones reflejaron el total y absoluto aislamiento social del Gobierno de la derecha. El gobierno del PP está suspendido en el aire. Las manifestaciones han confirmado las encuestas, según las cuales el 80% de la población está en contra de la guerra. Incluso con una resolución de la ONU, el 46% los votantes del PP están en contra de la guerra. En el conjunto de la sociedad esa cifra es mucho mayor.

Una de las consignas que más se gritaron fue: “Eso nos pasa, por un gobierno facha”. La guerra ha sido la gota que ha colmado la paciencia después de la actitud del gobierno en la huelga general del 20-J (esa huelga que el Gobierno quiso pero no pudo ignorar), después de dos años de intensas movilizaciones estudiantiles, después del desastre provocado por el hundimiento del Prestige en las costas gallegas, a lo que habría que sumar las movilizaciones contra el trasvase del Ebro, las manifestaciones jornaleras y un largo etcétera.

Este gobierno es arrogante y represivo con los débiles y sumiso con los poderosos, porque es un gobierno de los poderosos. Esa idea está extendida y arraigada y se ha expresado de forma multitudinaria el día 15. Las manifestaciones del sábado pasado pasaran a la historia, sí; y pasarán a la historia como las mayores manifestaciones convocadas por la izquierda hasta el momento. NO fueron manifestaciones para “para prolongar las tareas de los inspectores”, NO fueron manifestaciones “para agotar la vía diplomática”, NO fueron manifestaciones “al margen de la derecha y de la izquierda”, SI fueron manifestaciones contra el Gobierno del PP y su implicación en esa guerra, contra los planes criminales del imperialismo y la complicidad de Aznar. Ese gobierno plagado personajes con lazos familiares y políticos con el franquismo tendrá el “honor” de haber provocado las mayores manifestaciones que jamás se han convocado contra un gobierno, su política y sus decisiones.

Resultan patéticas algunas declaraciones de personajes del PP “comprendiendo” las manifestaciones, diciendo que “todos” queremos la paz; intentan menospreciar la contundente carga política que tuvieron las manifestaciones, que fueron inequívocamente hostiles a la derecha y al gobierno.

El 15 de febrero ha profundizado más el abismo que separa al gobierno del PP de la sociedad. Fue una contestación a la actitud sumisa del gobierno a los planes de Bush, pero no sólo eso. Fue una respuesta a toda la política del PP en el terreno social. A la actitud despectiva, represiva, antiobrera de un gobierno que ha revelado con nitidez, ante millones de personas, su carácter reaccionario.

Están nerviosos, como una bestia herida de muerte acentúan su carácter represivo y reaccionario, provocando una participación aún mayor de los trabajadores y la juventud en la lucha.

Pocas semanas antes el Gobierno intentó prohibir el recorrido solicitado por los organizadores en Madrid. Al final tuvieron que echarse atrás, pero quedó clara su intención. Mantuvieron la prohibición en Ceuta, pese a todo allí también hubo manifestación. Utilizaron a fondo los medios de comunicación para justificar su postura. Incluso intentaron impactar a la sociedad emitiendo un programa sobre las armas de destrucción masiva que resultó en un rotundo fracaso, con unos niveles de audiencia escandalosamente bajos. El PP distribuyó un díptico en todos los periódicos dos días antes de la manifestación defendiendo su postura con la guerra, intentaron contraponer el movimiento contra la guerra con la cuestión del terrorismo y todo ha sido un fracaso estrepitoso. Ahora se ve claramente la demagogia de la derecha cuando trata el tema del terrorismo. Los trabajadores estamos en contra del terrorismo por motivos totalmente distintos a la derecha que, como se ve, le importa muy poco que centenares de miles de iraquíes mueran en pocos días bajo una lluvia de bombas de su amigo Bush.

Abajo el gobierno del PP

El ambiente social se ha transformado completamente. Las movilizaciones contra la guerra van a continuar. Los estudiantes participaron el 13 de febrero en una jornada de lucha en los institutos, en encierros en universidades y para el día 5 de marzo el Sindicato de Estudiantes movilizará otra vez convocando huelga general en todos los centros de estudio, y concentraciones en todas las ciudades el día que empiece la guerra.

El próximo fin de semana se convoca en Madrid otra megamanifestación por la actitud del gobierno PP en relación con el desastre provocado por el Prestige, que se ha vinculado de forma natural con las movilizaciones contra la guerra. Entre las consignas más coreadas se podía escuchar: “Si quieren petróleo, que vayan a Galicia”.

Pero hay que dar un paso más , es necesario que los sindicatos impulsen los comités contra la guerra en todas las fábricas, igual que el Sindicato de Estudiantes está haciendo en los centros de estudio. La lucha tiene que continuar y el paso más contundente para frenar la implicación del gobierno PP en esta masacre es la convocatoria de una huelga general de 24 horas, tal como se gritó en algunas manifestaciones.

El PP se siente acorralado, pero es incapaz de satisfacer las demandas sociales. Al contrario, responde con más sordera, con más represión, con más mentiras e insultos. Hay que exigir elecciones anticipadas. Este gobierno ya es insoportable para la inmensa mayoría de la población. ¡Fuera el gobierno del PP! ¡Por un gobierno PSOE-IU con un programa verdaderamente socialista! Por un gobierno de la izquierda que paralice inmediatamente la implicación del Estado español en la guerra, que retire todas la leyes y medidas reaccionarias que el PP ha aprobado en la educación, en la sanidad, en relación a la libertad de expresión y manifestación.

Más que nunca se ve con claridad que el capitalismo significa guerra, explotación, precariedad. Las manifestaciones del día 15 han sido sin duda un anticipo de la nueva etapa en la que hemos entrado en el Estado español y a nivel mundial. En el ambiente que se respiraba en la calle subyacía una voluntad de cambiar las cosas muy profundo, un hartazgo muy claro hacia todo lo que significa este sistema podrido, hipócrita y al servicio de una ínfima minoría que quiere arrastrar a la barbarie a toda la humanidad.

Si algo ha vuelto a demostrar las manifestaciones del día 15 es que los trabajadores, los jóvenes, la gente de vive de su trabajo y de su esfuerzo, y no del de los demás, somos muchos, pero muchísimos más que este puñado de parásitos que dirige la sociedad, degradándola cada vez más. Y ahí está el meollo de todo: el único cambio real, sustancial, efectivo a esta situación sólo puede venir de la mano de la transformación socialista de la sociedad. En esta lucha estamos los marxista de la corriente El Militante. ¡Organízate con nosotros!