A partir del 15 de febrero unas 140 personas, a propuesta de Campaña estatal por el levantamiento de las sanciones a Iraq, acudieron a Iraq para poner en marcha una iniciativa denominada Brigadas a Iraq contra la guerra. El criterio era mantener unaA partir del 15 de febrero unas 140 personas, a propuesta de Campaña estatal por el levantamiento de las sanciones a Iraq, acudieron a Iraq para poner en marcha una iniciativa denominada Brigadas a Iraq contra la guerra. El criterio era mantener una presencia permanente hasta el fin de la guerra, trasladando la solidaridad del pueblo español con el iraquí. Finalmente, siete de ellos, se mantuvieron en Bagdad hasta la entrada de las tropas invasoras, abandonados por las autoridades españolas, aunque como señalan prefieren no tener que deberle nada al gobierno. A su cabeza se encontraba Carlos Varea, coordinador de la campaña y miembro destacado del Comité de Solidaridad con la Causa Árabe. El Militante ha estado con él para que nos cuente su experiencia y nos dé su opinión sobre las perspectivas que se abren tras la ocupación. La entrevista se realizó el 22 de mayo. Días después, el dominical Le Journal du Dimanche publicaba que un primo de Sadam, al frente del ejército en Bagdad, era un agente americano que dio orden, junto a otros altos mandos, de retirarse sin combatir. Quizá —sólo lo sabremos con el tiempo— esto explique, en parte, el rápido desenlace final de la guerra, que en todo caso, en nuestro análisis, está totalmente ligado al carácter del régimen. Por razones de espacio, no podemos publicar íntegra toda la conversación mantenida.

El Militante.— ¿Una vez iniciada la guerra, cuál es vuestra actividad?

Carlos Varea.— Mostrar la solidaridad sobre el terreno con la población iraquí y denunciar la participación del gobierno español en la guerra. Lo que hacemos es, a partir del primer día, constatar que se estaban produciendo ataques en áreas residenciales, en suburbios, en pequeñas aldeas cercanas a Bagdad… No cabía explicar esos ataques porque fuesen áreas donde se albergara instalaciones civiles o militares. También arrasaron centros civiles prohibidos internacionalmente; como centrales eléctricas, de telecomunicaciones... Fuimos confirmando y comprobando que había una reiteración de ataques “injustificables” desde un punto de vista militar y lo que hicimos fue recoger información en los hospitales. Sistematizamos las visitas a cinco de los 39 hospitales que en Bagdad recogían heridos de los bombardeos. Bagdad es una ciudad muy extensa, 50 kilómetros de diámetro, con cinco millones de habitantes. Estos cinco hospitales cubrían bien todo lo que era el área metropolitana. Fuimos rellenando una encuesta —en concreto, una pequeña ficha— a los heridos y a los familiares. Luego íbamos a los barrios a completar información con los vecinos y otros parientes.

Al final hemos documentado 42 ataques contra población civil, estrictos, en el sentido de que no incluyen “daños colaterales” ni instalaciones atacadas. Además, el informe concluye con los ataques del día 5 de abril y quedan fuera lo que fue precisamente los días de asalto a Bagdad, sobre todo el asalto suroccidental de la ciudad, entre el los días 5 y 9.

Hemos podido confirmar casi medio centenar de ataques y lo que hemos hecho ha sido poner ese material a disposición de las iniciativas jurídicas y querellas que en España y fuera de España se están llevando a cabo contra los gobiernos implicados en la guerra de agresión.

EM.— Dada la fuerte resistencia inicial frente a los ejércitos invasores, ¿se intensificaron los bombardeos contra la población civil con el propósito deliberado de causar desmoralización?

CV.— La consideración que hacemos en el informe, y la que reiteramos en las actividades que tenemos, es que se atacó premeditadamente población civil, (con ese título o nombre, que luego conocimos aquí, de “impacto y pavor”) precisamente con esa lógica. Bagdad se atacó de día y de noche y se atacaba al azar. Es decir, la percepción que teníamos nosotros y la gente que vivía allí, los ciudadanos de Bagdad, es que en cualquier sitio podía caer un impacto. Incluso atacaron varias veces barrios extremadamente pobres, muy populosos, en una práctica que nosotros no podemos más que evaluar como de provocar pánico, terror, de atemorizar a la población. Esto se fue incrementando a medida que los días fueron avanzando. De hecho, los primeros días, se practicó eso que se llama “guerra limpia” o “ataques quirúrgicos”, muy centrados en edificios gubernamentales y con el propósito de intentar eliminar a la cúpula del régimen. El resto de las tres semanas se intensificaron. Cada vez eran más mortíferas las ofensivas a áreas residenciales, lo que parece ser una estrategia para minar una resistencia, que nosotros palpamos en la calle.

EM.— ¿Cuál era el ambiente entre la población durante el conflicto ?

CV.— Primero hay que resaltar lo que nosotros hemos dominado “el milagro cotidiano”. Cada mañana, después del primer y segundo día de la guerra, la actividad en Bagdad se recuperó plenamente. Los comercios fueron abriendo. El transporte público, los servicios públicos, se mantuvieron durante las tres semanas casi con plena normalidad. La gente siguió haciendo su vida normal, siguieron yendo al trabajo.

Nosotros, igual que la gente, hacíamos las compras en los mercados, en los zocos, que estaban abastecidos permanentemente, de la periferia agrícola de Bagdad, entrando y saliendo en una ciudad que además, nunca se cerró ni para entrar ni para salir. De tal manera que eso es también lo que los estadounidenses, premeditadamente, procuraron anular, esa normalidad admirable.

Bagdad apenas pudo ser defendida por fuerzas gubernamentales convencionales. Esencialmente, lo que hubo fue una muy precaria defensa civil. Los últimos días que cruzamos al otro lado del río, donde ya se estaba produciendo la entrada de los norteamericanos, lo que vimos fue milicianos. De hecho, en Bagdad, nunca se llegó a ver una presencia de carros de combate. La gente, mas allá de cualquier consideración —eso es importante recalcarlo— de defender o no al régimen de Sadam Hussein, percibían la guerra como una invasión de sus país por una potencia aborrecida en Oriente Medio, la misma contra la que hace 70 o 75 años combatió esta gente, y lo explicaban en términos que nosotros hemos calificado de “patrióticos”, más allá de lo que era el apoyo o no al régimen iraquí. Y eso se vio, en el poco aprecio con que recibieron a las fuerzas invasoras. Quizás con alivio, después de lo que he contado de los bombardeos, pero desde luego nadie recibió a las tropas como libertadoras.

EM.— Sin embargo, sorprendió que Bagdad cayese tan rápidamente. En nuestra opinión tuvo mucho que ver con el carácter del régimen, una dictadura sin base social, incapaz de ofrecer una perspectiva y mantener la resistencia hasta el final.

CV.— Ese sin duda puede ser un elemento que explique parcialmente lo que fue una caída rápida de Bagdad. De todas formas nuestra valoración estando allí, es que Bagdad fue una ciudad indefensa. Prácticamente no había ejército convencional, excepto en la periferia y bueno, prácticamente quedaron aniquilados en lo que fue el asalto al aeropuerto y en los combates que se llevaron a cabo en otra zona que era la zona este de la ciudad. Pero tampoco es cierto que Bagdad cayera sin combates.

Entre el día 3 y el 9 nosotros percibimos y vivimos lo que era la otra parte del río, ribera derecha, un continuo martilleo aéreo primero, luego artillero y de tanques. La toma de esa parte de la ciudad se realizó muy violentamente, prácticamente no hubo imágenes, (una vez aquí lo hemos comprobado), de rendiciones masivas de tropas. La Guardia Republicana físicamente se desvanece aparentemente, y como digo, nosotros lo que percibimos fue un ataque muy fuerte y una resistencia sostenida sencillamente por milicianos. De tal manera que cuando el día 9 pasan al otro lado de Bagdad, es prácticamente indefendible desde el punto de vista militar. Ciertamente ahí hay elementos como el cansancio o la incapacidad de defenderse militarmente con hombres armados con fusiles de asalto.

Hay que recordar que ha sido la primera guerra donde no ha habido aviación en uno de los contendientes. Bagdad estuvo indefensa. Perdieron las defensas antiaéreas a los pocos días de empezar, y creo que eso explica quizás la rápida caída de la ciudad.

EM.— ¿Qué perspectivas consideras que se abren ahora? ¿Ves riesgo de fragmentación nacional? ¿Cuáles son los planes del imperialismo para Iraq?

CV.— Nuestra percepción en estos doce años es que, a pesar del impacto tan negativo que ha tenido el embargo, Iraq es una sociedad con un gran potencial para convertirse en un país integrado. En el que el concepto de ciudadanía prime sobre el que se está promoviendo ahora, que es el de confesionalidad, etnicidad, etc. que es ciertamente un viejo recurso colonial o imperial para fragmentar y repartir cuotas de poder que son mínimas, porque realmente la administración del país ya se está llevando a cabo por parte de los ocupantes y entre personajes, grupos étnicos…, que tienen un componente regresivo muy fuerte. Lo estamos viendo ahora con el retorno de los imanes, que están formulando políticas de regresión en derechos civiles, concretamente en los de la mujer, y además favorecen a los norteamericanos porque lo que hay en la lógica estadounidense es un proceso de desmantelamiento de lo que era un país que se puede llamar en esa vieja terminología “capitalismo de estado” pero de servicios públicos y de grandes capas de funcionarios que se han mantenido incluso a pesar del embargo.

Lo estamos viendo en estos días con esa nueva resolución que, con concesiones a Francia, Rusia y China, lo que hace es poner punto y final a la tutela de Naciones Unidas sobre Iraq para que pase a EEUU con la contribución de Naciones Unidas, pero con la participación sobre todo del Banco Mundial y el FMI sobre el control del petróleo. Es el desmantelamiento de esa lógica pública, que no es la del régimen de Sadam, sino que es la lógica social y política de este país desde la revolución republicana del 58. El uso social de la renta petrolífera, eso es lo que se va a anular. Las corrientes islamistas, por ese componente tan fuerte de liberalismo económico y de retorno de la mujer al hogar, sin duda va a poder ser instrumentalizado por los estadounidenses.

Por lo demás, bajo ese epíteto de reconstrucción, EEUU está asegurándose los resortes básicos, al frente de la Compañía Nacional Petrolífera ya está un ex director de la Shell.

EM.— ¿La inestabilidad provocada por la intervención, no puede acabar siendo un factor contrario a los intereses de los imperialistas?

CV.— A veces tendemos a pensar que hay una clara planificación estadounidense, del imperialismo, a la hora de intervenir y en el caso de Iraq no parece que sea así. Ciertamente se ha abierto una fragmentación centrípeta, recurriendo además a una confrontación entre sectores que no la habían tenido anteriormente, que es difícil de gestionar. También es cierto que favorecer e inducir a una inestabilidad perpetua que justifique la permanencia es una vieja consideración. Hemos visto en otros muchos escenarios, como sectores islamistas favorecidos e inducidos por Israel e igualmente por EEUU finalmente acaban convertidos en elementos que reclaman luego su puesto y que se convierten en enemigos.

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El informe completo con los 42 casos documentados de ataques a civiles lo puedes encontrar en www.nodo50.org/csca.