chavez_caprilesVotar por Chávez y luchar por el socialismo Hay que romper definitivamente con el capitalismo y el burocratismo

Las elecciones presidenciales del próximo 7 de octubre suponen un nuevo punto de inflexión en la revolución bolivariana. Para la clase trabajadora es fundamental garantizar la victoria de Chávez, lo contrario, que ganara la oposición proimperialista, sería volver a los años de pesadilla de la IV República con la miseria y represión que los caracterizaron.

 

Las conquistas sociales, como las misiones, y el reconocimiento de derechos y libertades políticas, serían demolidas por un gobierno de la MUD (Mesa de la Unidad), que haría pagar muy caro a millones de pobres y trabajadores su apoyo a la revolución. Si ganara Capriles, el programa de contrarreformas sociales que se está aplicando en todo el mundo por los capitalistas sería puesto de nuevo a la orden del día en Venezuela.

Perspectivas para las elecciones

Recientes encuestas otorgan entre 15 y 20 puntos de ventaja a Chávez frente a Capriles. Incluso las encuestadoras de la derecha otorgaban una diferencia holgada a favor de Chávez. Estos pronósticos se dan a pesar de la campaña de Capriles, que trata de presentarse como una persona con mucha sensibilidad social y “ligada al pueblo”, haciendo campaña por los barrios populares. El imperialismo y la burguesía venezolana van a intentar utilizar todos los medios, tal y como han estado haciendo durante toda la revolución, para impedir la victoria de Chávez. Pueden jugar la carta del sabotaje económico y el desabastecimiento, que tuvieron una incidencia importante en el referéndum constitucional de 2008. Sin embargo, la política de incremento de importaciones en insumos del gobierno va a ser un obstáculo de cara a este sabotaje de la derecha.
Desde portavoces bolivarianos se ha lanzado la idea de que la catástrofe de la refinería de Amuay había sido consecuencia de ese sabotaje, que buscaría reforzar la imagen de caos en el país. Sin embargo, por ahora, esta hipótesis no se mantiene sobre ningún hecho, e incluso el comandante Chávez ha recomendado ser prudentes a la hora de señalar las causas de la explosión que acabó con la vida de 41 personas y decenas de heridos a parte de daños materiales cuantiosos.
En todo caso, el principal factor que puede generar un efecto negativo en los resultados electorales es la burocracia reformista con su política socialdemócrata que no resuelve los problemas de los trabajadores y de los pobres. La ineficacia y demora en resolver los problemas ayuda a engrosar las filas de la derecha y desmoraliza a la base revolucionaria. El mayor amigo de Capriles Radonsky está en alcaldías, gobernaciones y ministerios, es decir en el aparato del Estado capitalista que defiende y reproduce la desigualdad social y las relaciones capitalistas de producción.
En el seno de la fuerzas revolucionaria se ha ido agudizando cada vez más durante los últimos años la lucha contra los sectores burocráticos socialdemócratas, que tratan de mantener la revolución bolivariana dentro de los márgenes del sistema capitalista, utilizando un discurso pseudosocialista pero con una práctica reformista. Estos últimos han defendido que sobre la base de la renta petrolera y apoyándose en la alianza con regímenes burgueses enfrentados temporalmente al imperialismo norteamericano se puede hacer avanzar el país y resolver el atraso secular al que lo ha condenado la burguesía.
La lucha entre reforma o revolución se refleja de un modo agudo entre las aspiraciones de las masas y el freno que la burocracia pone al desarrollo de las mismas. Particularmente en el choque entre la clase trabajadora organizada y la burocracia. En todas las empresas del estado se ve este enfrentamiento, que ha llegado por ejemplo a las empresas básicas de Guayana (CEMEX, o Bicentenario) en las que los trabajadores se han tenido que lanzar a la calle para que se atendieran sus demandas.
Uno de los grandes obstáculos para la política socialdemócrata que impulsa la burocracia reside en la experiencia acumulada por las amplias masas en los últimos años, particularmente en que la idea del socialismo y del control obrero ha entrado en la mente de miles de trabajadores que van a pelear por llevarla a la práctica. En ese sentido ha habido una madurez mayor entre las masas y, sobre todo, en el seno de la vanguardia de la clase trabajadora: si hace años la actividad de los trabajadores giraba en luchar por llegar a Chávez para que éste conociera y resolviera sus problemas, ahora cada vez más se abre la idea de que sólo los propios trabajadores organizados pueden resolver sus problemas y hacer avanzar la revolución, guardando el respeto y gratitud hacia Chávez.

La lucha por el control obrero
y contra el burocratismo

Como consecuencia de la lucha que llevaron los trabajadores por la nacionalización de Sidor, Chávez propuso en 2008 poner a trabajadores como presidentes de las empresas básicas de Guayana. A su modo de ver esto era un paso para el control obrero. Desde la CMR señalamos que esto podía ser un paso adelante sólo si iba acompañado de otras medidas que llevaran al auténtico control obrero de estas plantas: creación de un consejo de trabajadores elegible y revocable, en que sus miembros no cobraran por encima del salario de un trabajador cualificado, así como un plan de inversiones productivas, y la extensión de las nacionalizaciones y el control obrero. En los últimos meses los presidentes de estas empresas nombrados por Chávez han sido destituidos por personas afines a la burocracia estatal y han acabado saliendo de las mismas debido a que no se apoyaron en los trabajadores para llevar a cabo un plan que estableciera realmente la administración obrera de la industria. Al final, la burocracia sindical ligada a la CSBT presionó para revocarlos de sus puestos y lo consiguieron sin prácticamente resistencia interna. Aún así, el malestar de los trabajadores sigue presente, como se puso de manifiesto en la reunión del presidente Chávez en Guayana el 21 de agosto con centenares de trabajadores de estas empresas, y cuya emisión por televisión tuvo que ser suspendida por “problemas técnicos” que surgieron justo cuando aumentaban las protestas de los trabajadores presentes por los problemas de las empresas nacionalizadas y por el retraso de la negociación de la convención colectiva de Sidor.
Pese a la consolidación y avance de la burocracia, la revolución está lejos de echarse a perder. Hay un contexto muy favorable para que los mejores sectores de la clase obrera se organicen en torno a las ideas del marxismo y en un futuro próximo puedan jugar el papel dirigente que la revolución necesita. Un periodo de maduración que les puede empujar hacia el marxismo, que es la única teoría que puede darle la clave para avanzar hacia la administración obrera de la industria y encabezar la revolución socialista en Venezuela.

Perspectivas para la revolución

No hay futuro para una política socialdemócrata o de capitalismo de Estado en Venezuela. Por ahora, sobre la base de la renta petrolera y bajo la iniciativa estatal con participación del sector privado, se están consiguiendo avances como la misión vivienda Venezuela que, con la entrega de 240.000 viviendas a los sectores más desfavorecidos, supone un paso para paliar el déficit habitacional crónico al que la burguesía condenaba a miles de familias trabajadoras. Sin embargo, está la incógnita de cuánto tiempo podrá mantenerse esta política: el crecimiento económico venezolano está ligado a la anarquía del capitalismo mundial, fundamentado en la evolución de los precios del petróleo que, por ahora permanecen elevados, y otorgando al gobierno bolivariano margen para llevar a cabo políticas sociales progresistas sin tocar la propiedad privada de los medios de producción.
El gobierno bolivariano ha conseguido mantener más o menos surtido el mercado nacional gracias a una serie de factores: la amenaza de expropiar empresas combinada con ciertos estímulos a los capitalistas y completada con las importaciones de mercancías por parte del Estado con el dinero del petróleo. El precio a pagar es una inflación del 30%, que hace a los trabajadores y pobres la situación más difícil, sólo paliada por la misión alimentaria Mercal y por el PDVAL, que sostiene con productos básicos a bajo precio a los sectores sociales más desfavorecidos.
Como es previsible, si los precios del petróleo bajan en un futuro la política socialdemócrata entrará en crisis rápidamente —lo que está ligado también al fin del crecimiento económico de China y de la especulación en torno a las materias primas que genera su demanda. En ese contexto habrá que ver qué hace el gobierno bolivariano; la ligazón de la burocracia con los capitalistas nacionales y foráneos, vía créditos y negocios comunes (con un sector del imperialismo, China, Irán y Brasil) es cada vez más fuerte. Por otro lado, el gobierno sigue permeable a las presiones de las masas y de la clase trabajadora, especialmente Chávez, que continúa al frente de la misma, sorteando por ahora con éxito su enfermedad.
La conclusión práctica para los sectores más conscientes y activos de los trabajadores y de la juventud es que hay que prepararse para los grandes acontecimientos ligados a la profunda crisis del capitalismo mundial. La clase trabajadora ha sido la fuerza motriz de la revolución y debe organizar el gran descontento que está generando la burocracia reformista con un programa de lucha para llevar a cabo la revolución socialista. La tarea es aglutinar la vanguardia de los trabajadores venezolanos para que se conviertan en una fuerza decisiva en los acontecimientos de los próximos meses y años. La clase obrera organizada con las ideas y la organización marxista es la única fuerza capaz de conducir la revolución venezolana al socialismo. Hay que dar una batalla dentro de las organizaciones de masas que ha generado la revolución, tales como: el PSUV, JPSUV, GPP, CSBT, UNETE para ganarlas a las ideas del marxismo en base a los mejores sectores de la juventud, los trabajadores y los pobres. La correlación de fuerzas para hacerlo es mucho más favorable que cuando Chávez llegó al poder en 1998 ya que el sentimiento de fuerza, el enorme avance en la conciencia de millones, que asumen como única vía el socialismo y el control obrero, se puede transformar en una fuerza organizada y disciplinada. Para ello un primer paso es garantizar que nuestros enemigos de clase y sus representantes políticos no llegan al poder y sean derrotados de nuevo el 7 de octubre.