El Militante.— Los medios de comunicación están haciendo una intensa campaña de manipulación sobre lo que está sucediendo en Venezuela ¿Quiénes son  los impulsores de las llamadas “protestas” y qué pretenden?
Félix Martínez.— Detrás de este movimiento está lo más reaccionario de la sociedad venezolana; gente como la diputada María Corina Machado, que ha pedido públicamente la intervención del imperialismo norteamericano en Venezuela; Leopoldo López, que todos recordarán por su actitud extremadamente violenta al impulsar, cuando era alcalde de Chacao, la persecución y casi linchamiento de dirigentes chavistas durante el golpe de Estado de abril de 2002; o el partido Voluntad Popular, de ultraderecha, que agrupa a fascistas, paramilitares y sicarios que organizan la violencia, quema de edificios, ataques a los mercados populares, asesinatos y destrucción.  Incluso ha habido ataques contra grupos de trabajadores y lanzamiento de cohetes y bombas incendiarias contra centros de trabajo identificados con la revolución, por haber sido expropiados o adquiridos por el gobierno de Chávez, como los Abastos Bicentenario de Terrazas del Ávila (Caracas) o Milagro Norte (Maracaibo). Todo ello mientras había trabajadores dentro de estos centros. Hay una manipulación mediática descarada respecto a la naturaleza real de la llamada “protesta de los estudiantes”. Realmente la mayoría de los estudiantes de Venezuela, donde durante estos años de revolución se ha multiplicado la matrícula universitaria y muchas personas que antes no podían estudiar han tenido acceso a la educación media y superior, no sólo no participa en esas protestas contrarrevolucionarias sino que lo que quiere es que se lleve la revolución hasta el final. Es muy significativo que los cortes de carreteras, las caceroladas y las quemas de contenedores estén muy concentradas en las zonas residenciales de los sectores más acomodados de la sociedad. En cambio donde vive la gente humilde, que es la que compone la inmensa mayoría de la sociedad venezolana, en los barrios populares, lo que encuentras son ganas de hacer frente de forma más activa a esta ofensiva de la derecha.
EM.— ¿Quiénes son los responsables de la escasez de productos básicos?
FM.— Sin duda los principales responsables son los capitalistas venezolanos, que se han venido comportado como verdaderos parásitos desde mucho antes de que llegara la revolución y que ahora están realizando una auténtica huelga de inversión. El año pasado hubo una caída del 14,4% de la Formación Bruta de Capital Fijo. Históricamente la burguesía venezolana no ha tenido ningún interés en invertir en la industria porque ha preferido parasitar con la renta petrolera y la especulación. El campo venezolano está totalmente desierto, pero no porque no se pueda producir en las tierras. Por otro lado, un sector tan fundamental para la población como el de la alimentación está en manos de un monopolio privado que tiene nombre y apellidos: la industria Polar de Lorenzo Mendoza. Esto permite a la oligarquía tener el control de qué producir, cuánto producir y cómo producir, utilizando esta poderosa palanca para tratar de arrodillar la revolución.
En el Estado de Anzoátegui tenemos, por ejemplo, el caso de la empresa Café Anzoátegui, subsidiada por el estado venezolano para la producción de café a precio regulado. Este empresario se ha dedicado a manipular la producción, paralizando a veces las máquinas, acaparando el café, e incluso frenando la marcación del precio para poder aprovecharse de cualquier situación que le permitiera aumentarlo. ¡Y es un empresario que se identifica como “empresario socialista”! Cuando se le han hecho inspecciones, porque los trabajadores le han denunciado, pone las máquinas a tope, pero en cuanto salen los funcionarios de la fábrica manda paralizar la producción. De esta manera están saboteando la revolución. Es una prueba concreta que desmonta esta idea de que los empresarios están dispuestos a resolver esta situación de crisis económica y de producción, cuando son ellos realmente los que la están generando.
EM.— ¿Qué está haciendo el gobierno de Maduro frente a este sabotaje?
FM.— En noviembre y diciembre del año pasado, coincidiendo con la campaña de las elecciones municipales, se toma una medida, que fue muy bien recibida por el pueblo: la intervención de los grandes comercios. Ahí se pudo encontrar la gran especulación: productos con precios elevadísimos, que generaban una ganancia de hasta 7.000% y como mínimo del 500%. El gobierno limitó los precios y tomó otras medidas pero el problema de las leyes, en un marco aún capitalista, es cómo las aplicas. Mientras los medios de producción sigan en manos de los capitalistas estos tiene mil maneras de eludirlas o compensar sus efectos provocando otro tipo de problemas. En el sector automotriz, por ejemplo, la producción cayó un 60% en lo que llevamos de año. La infrautilización de la capacidad productiva del sector está en un 75%. Es decir, los capitalistas responden al control de precios, o al control de las divisas, con la parálisis económica, el acaparamiento y el incremento de la especulación. La situación es realmente grave. La escasez afecta al 22% de los productos, que casi no se encuentran. La leche ha desaparecido de las estanterías de los mercados, es muy difícil encontrarla. Mientras la economía esté en manos de unos cuantos la revolución y los avances de los últimos años corren grave peligro. Un dato muy contundente es que, según la misma asociación empresarial Coindustria, los empresarios venezolanos sólo utilizan entre un 42 y un 52% de la capacidad productiva instalada, es decir en un país con desabastecimiento podrían producir el doble si quisieran, pero no les interesa hacerlo: prefieren seguir especulando y saboteando.
EM.— El gobierno ha abierto un proceso de negociación con la derecha y los empresarios, ¿qué opinión te merece?
FM.— Es un grave error, es caer en el juego que ellos quieren. Al entrar a negociar con la derecha el gobierno crea una expectativa, quiera o no, de que es por esa vía como pueden resolver los problemas. Luego, si la negociación acaba sin acuerdo la derecha lo utilizará para decir que la “intransigencia” del gobierno es la culpable del agravamiento de la situación económica y demás. Y si el gobierno cede a las exigencias de los capitalistas peor todavía porque todas sus reivindicaciones son un torpedo en la línea de flotación de la revolución. ¿Qué exigen los capitalistas venezolanos? Más acceso al dólar para poder especular, acabar con las leyes que protegen a los trabajadores para poder despedirnos y explotarnos con más facilidad, impunidad por sus acciones violentas y golpistas, etc. Esto no incide en la “profundización del socialismo” sino en el agravamiento de la situación social y en la desmoralización de la población que apoya la revolución.
EM.— Otro obstáculo para la revolución es la burocracia, ¿en qué se expresa?
FM.— En la enorme hostilidad que manifiesta un sector de la misma a la participación directa de los trabajadores en los ámbitos de decisión política, económica  y sindical. Existe un sector de la burocracia que, aunque se llame “socialista” es muy conservador; no quiere perder privilegios, no quiere estar fiscalizado por abajo y ha ido tejiendo vínculos e intereses con sectores empresariales. Además, la propia estructura del Estado, a pesar de todos los avances de la revolución, sigue siendo una pesada maquinaria que choca con las necesidades de la población. Llevar una denuncia por abuso empresarial o un despido a una Inspección de Trabajo, por ejemplo, implica que los trabajadores interesados tienen que llegar a dicha institución cuatro horas antes de que abra para coger número y tener alguna posibilidad para que le atiendan. En el tema de salud y seguridad laboral, lo mismo. Muchos funcionarios han caído en la red de la corrupción. Obviamente, la derecha utiliza esta situación para, demagógicamente, hacer campaña contra la revolución, desmoralizar a la gente. El burocratismo mina la base social de la revolución y, por esa misma lógica, allana el camino de la contrarrevolución.
EM.— ¿Qué programa defiende la Corriente Marxista Revolucionaria para la revolución venezolana?
FM.— La clase trabajadora, por su papel fundamental en la economía, su capacidad de lucha y organización es la llave para hacer frente al sabotaje económico. Es la clase obrera la que produce, la que pone en marcha las fábricas. Conocemos dónde, de qué manera y en qué momento se producen las acciones de saboteo de los empresarios. Somos nosotros los trabajadores, que somos el pueblo, los que tenemos que arrebatar de la contrarrevolución el enorme poder económico que conservan y utilizan contra los intereses de la revolución. Hay que expropiarles los bancos, los grandes grupos alimentarios como la Polar y todas las industrias importantes. La experiencia de los últimos años también ha puesto de manifiesto que no basta con expropiar y nacionalizar, hay que poner el conjunto de la economía y del estado bajo la administración directa de los propios trabajadores y el pueblo para acabar con el burocratismo y la corrupción. La industria y el Estado deben ser dirigidos por delegados elegidos y revocables en asambleas de fábricas y de barrios. Ningún delegado ni funcionario puede cobrar más que el salario de un trabajador cualificado, para representar al pueblo hay que vivir como el pueblo. Todos estos representantes deben rendir cuentas de manera permanente ante las asambleas y podrán ser revocados y sustituidos por otros en cualquier momento si incumplen el mandato de quienes los eligieron. Cuando en Venezuela explicamos a los trabajadores el modelo de Estado que defendía Lenin en El Estado y la revolución rápidamente conecta con lo que piensan.
Por otro lado, es urgente decretar el monopolio estatal del comercio exterior. El Estado ya tiene casi el 100% de las divisas en su poder, porque el 97% de las exportaciones procede de PDVSA. Pero en la medida en que la burguesía sigue controlando las palancas fundamentales de la economía, pueden boicotear el control de cambios. La política del gobierno de conceder esas divisas a precio preferencial a los empresarios es utilizada por éstos para especular con los precios y en el mercado paralelo. El único modo de garantizar la distribución de productos a un precio digno es poner la renta petrolera bajo el control y la gestión directa de los trabajadores, algo que sólo será posible derrocando al capitalismo y estableciendo un Estado obrero y socialista.

Félix Martínez fue dirigente de SINGETRAM, sindicato que dirigió la lucha histórica de Mitsubishi, y hoy es coordinador regional de la Unión Nacional de Trabajadores (UNETE) del Estado de Anzoátegui.