Las alarmas están sonando, y con mucha fuerza, en los cuarteles generales de la clase dominante. Las últimas encuestas sobre las elecciones del 26J no sólo dejan claro que el sorpasso de Unidos Podemos al PSOE es una realidad, sino que el avance de este Frente de Izquierdas amenaza directamente al PP. El sondeo de Metroscopia publicado por El País el domingo 19 de junio no puede ser más devastador para la derecha y el aparato del PSOE. El vuelco electoral hacia la izquierda es de proporciones históricas, y las consecuencias no lo serán menos.

Los datos ofrecidos por El País son relevantes en muchos sentidos. Unidos Podemos se sitúa ya en el 26% y alcanzaría 93 escaños, 22 más que los que obtuvieron Podemos e Izquierda Unida por separado el pasado 20-D. Es decir, la confluencia no suma sino que multiplica, algo que se puede percibir perfectamente en el entusiasmo de los miles de asistentes a los mítines de la coalición. El sentimiento profundo entre millones de trabajadores y jóvenes que ven al alcance de la mano asestar un duro golpe a la derecha, a sus políticas sangrantes de recortes, miseria y represión, y mandar un mensaje directo al PSOE, está fortaleciéndose y ganando confianza a medida que pasan los días.

Los datos respecto al PP también son muy significativos: no supera el 29% y obtendría 114 escaños, 9 menos que en diciembre. Por tanto, la derecha agrupada con Rajoy disminuye su apoyo en votos y escaños, y esta sangría no la tapona Ciudadanos, que también ve mermados sus resultados: el partido del Ibex 35 araña un triste 14,5% y 39 diputados, uno menos que el 20D. En cuanto al PSOE, la estrategia del aparato de Ferraz, de Felipe González, de Susana Díaz y los barones territoriales, se estrella contra un muro: según Metroscopia podrían cosechar un catastrófico 20,5%, quedándose con 82 escaños, 8 menos que hace seis meses, y hundiéndose en la tercera posición

Todos estos datos, confirmados en términos generales por el resto de encuestas y sondeos, dan la medida del terremoto que se prepara y que podría ser de proporciones mayores si tenemos en cuenta la intención directa de voto que señala la encuesta de Metroscopia. En el caso de Unidos Podemos, el voto directo pasa del 21% (dato del 12 de junio) al 25,2% (dato del 19 de junio) ¡Cuatro puntos en tan sólo una semana! Por el contrario, para el PP la variación es del 20,8 al 19,4%, para el PSOE del 17,7 al 17,9%, y Cs pasa del 15,2 al 12,7%. La tendencia está muy clara: el voto a Unidos Podemos aumenta con rapidez, mientras el resto a duras penas se mantiene o cae.

Histeria y alarma

En esta campaña hemos comprobado que el despliegue de mentiras y calumnias contra Unidos Podemos, constante, duro y desmedido, se está volviendo en su contrario. La insistencia en la “financiación bolivariana” de Podemos, recurriendo a una campaña de mentiras y calumnias que busca además generar una matriz de opinión favorable a un golpe de Estado en Venezuela, no genera entusiasmo. Ver todos los días a Albert Rivera, Esperanza Aguirre y Felipe González, respaldar con ese descaro prepotente a terroristas como Leopoldo López, y dictar las ordenes políticas a una oposición ultraderechista que repele a cualquiera que la escuche y la vea actuar, se ha convertido en una buena escuela. Si los campeones de los recortes, de la corrupción más depredadora, del sufrimiento que padecemos la mayoría, utilizan estos argumentos con ese tono histérico, ya sabemos dónde posicionarnos.

Y no sólo es Venezuela. La idea de que la radicalización, la polarización, los extremismos, son una amenaza a nuestra convivencia y representa un poderoso argumento para negar el voto a Unidos Podemos, se vuelve también en contra de sus mentores. ¿Quién provoca esta situación de extrema polarización? La respuesta es evidente: los que han generado la crisis capitalista más salvaje en ochenta años y han preferido utilizar todos los recursos públicos para salvar bancos, aprobar amnistías fiscales, saquear el patrimonio de todos, y hacer aún más obscenamente millonarios a una minoría de parásitos a costa de hundir la vida de millones. Es el pantano de la desigualdad, los desahucios, la liquidación de derechos sociales como la educación y la sanidad pública, y los golpes represivos que recibimos cuando nos levantamos y luchamos contra estas calamidades, lo que explica la radicalización y el aumento de la conciencia de clase y anticapitalista. La polarización es el fruto de la decrepitud de un sistema que hace mucho debería estar en el basurero de la historia.

Vivimos un punto de inflexión en la historia, un proceso global de lucha de clases encarnizada que no sólo sacude al Estado español. Y lo que determina el carácter explosivo de este periodo es la entrada en la escena política de millones de oprimidos que buscan una alternativa a la pesadilla del capitalismo. Esta búsqueda, que ha hecho entrar en crisis a las organizaciones tradicionales de la derecha y de la socialdemocracia, inevitablemente comienza por el gran apoyo que concitan aquellas opciones que la población identifica con su experiencia de lucha. Pero esto es sólo la fase inicial; al final del trayecto, este proceso de radicalización y toma de conciencia puede avanzar bruscamente y terminar cuestionando las bases políticas y económicas del orden establecido. Las ideas del socialismo no caen del cielo, necesitan un terreno fértil en el que sembrarse para poder germinar.

Esto es precisamente lo que ven los estrategas del capital, tan contrariados y alarmados por el cariz que toman los acontecimientos. Quizá el ejemplo más destacado de este estado de ánimo lo representa el diario El País, buque mediático del sistema, y que como él, en su etapa de decadencia y senectud, se vuelve cada vez más reaccionario. Sus duros ataques contra Unidos Podemos son una confesión de impotencia, como lo es su editorial del 19 de junio llamando a exorcizar la amenaza de Unidos Podemos con el tono patético del que sabe que la tarea es imposible. Por El País hablan los grandes capitanes del capitalismo español, y ante todo lo que mandan es una orden al PSOE. Citamos literalmente el mencionado editorial: “Es imposible imaginar que los socialistas —después de haber visto malograda la investidura de Pedro Sánchez por la resistencia de Podemos siquiera a abstenerse— se dispongan ahora a convertir a Pablo Iglesias en jefe de un Ejecutivo en el que el PSOE juegue el papel de comparsa. Mantenemos la posición defendida en su día desde este espacio editorial de que el PSOE no puede gobernar con Podemos porque esta es una fuerza esencialmente populista y de variable orientación ideológica que no ha demostrado fiabilidad ni actitudes como para gobernar para todos los españoles. Esa posición es mucho más rotunda si el PSOE es tercera fuerza por el deseo de los votantes de ver a los socialistas en la oposición.” (La cursiva es nuestra)

Más claro agua. Sí, se podría formar un gobierno de Unidos Podemos con el PSOE, pero os aseguramos que colocaremos sobre la mesa toda la presión de la que seamos capaces para impedirlo. Este es el mensaje de El País y de la clase dominante, de la burguesía española y del capital europeo. No permitirán fácilmente que las fuerzas políticas que expresan la gran rebelión social que ha llenado plazas y calles en las movilizaciones más masivas que se recuerdan en este país desde hace cuarenta años, lleguen al gobierno. Y no tanto por que teman a las personas que puedan hacerse con las carteras ministeriales. No, no se trata de eso. Lo que temen son a las fuerzas sociales que hay detrás de estas personas, mucho más cuando estas carecen de los medios y la autoridad de los dirigentes de la izquierda en los años setenta —cuando salíamos de la larga noche de la dictadura— para contener la movilización si las masas entienden que esta es la única manera de imponer sus aspiraciones.

El cambio político y la lucha por el socialismo

Los resultados electorales del 26J van a deparar profundas consecuencias. Si Unidos Podemos se acerca peligrosamente al PP y obtiene un resultado contundente, la decisión que adopte el aparato del PSOE será muy educativa para el conjunto de la clase obrera y la juventud. Lo que está en juego es mucho: basta echar un vistazo a la historia para darse cuenta de ello. La hegemonía del PSOE en la izquierda española sólo ha sido rota en dos ocasión: en los años decisivos de la revolución española y la guerra civil, cuando el PCE logró ganar a la mayoría de la Juventud Socialista y a una parte considerable de la izquierda socialista agrupada en torno a la figura de Largo Caballero; y durante la lucha antifranquista hasta las elecciones de 1977. Ambos procesos reflejaban la radicalización de millones de trabajadores y jóvenes hacia la izquierda, y su apoyo a una bandera revolucionaria y socialista para transformar la sociedad; pero en las dos ocasiones la posibilidad de un triunfo de los trabajadores se malogró por la política nefasta del estalinismo y su política de colaboración de clases.

Ahora, en una coyuntura histórica diferente, el proceso de radicalización de las masas también se concreta en un giro a la izquierda que amenaza directamente al aparato socialdemócrata. La errática campaña de Pedro Sánchez y sus colaboradores es una expresión más de la profunda crisis de su corriente política en esta era de decadencia general del capitalismo. ¿Qué puede ofrecer la socialdemocracia frente a la ofensiva de la burguesía? Los hechos son claros. En Grecia se hicieron el haraquiri apoyando las exigencias de la Troika y colaborando con Nueva Democracia, la derecha helena, en varios gobiernos de Unidad Nacional. Ahora pasean su insignificancia electoral sin pena ni gloria. En Francia, Hollande ha pasado de tímido portavoz de la disidencia antiausteridad, a campeón de los recortes y mirlo blanco de la patronal francesa, lanzando todos sus misiles contra los derechos de la clase obrera. Enfrentado a una rebelión social que ha incendiado Francia por los cuatro costados, pretende mantener el rumbo firme tal como le exigen sus amos capitalistas aunque eso cueste al PSF una sangría de votos sin precedentes. En toda Europa, la socialdemocracia colabora lealmente con los partidos de la derecha, en gobiernos de coalición o sosteniendo las políticas de privatizaciones, recortes, y austeridad, y ampara con sus votos afirmativos el acuerdo de la vergüenza con Turquía y la legislación infame contra los refugiados. Como ocurrió en los años treinta, con su capitulación constante son directamente responsables del ascenso de la extrema derecha en el continente.

En el caso del PSOE se ha quebrado la confianza que la clase obrera depositó en él. Y esto es muy serio. Cuando se acaba la confianza, cuando la percepción de que votar y apoyar al PSOE sólo sirve para fortalecer el neoliberalismo económico y prolongar la pesadilla que vivimos, ninguna treta electoral puede cambiar la dinámica. Y mucho menos si esta se basa en atacar a tu flanco izquierdo como lo haría el PP, después de rechazar la formación de un gobierno de izquierdas y alcanzar un acuerdo vergonzoso con Ciudadanos. Si puestos en la disyuntiva de votar a favor de un gobierno conjunto con Unidos Podemos, el aparato del PSOE se baja los pantalones ante los poderes fácticos y se entrega a la derecha, las consecuencias en un plazo de tiempo, más o menos corto, serán semejantes a las que vivió el PASOK en Grecia.

Un escenario así abriría un periodo tormentoso. Si las masas que han luchado y que se han volcado en las urnas sienten que les roban su triunfo, que finalmente se forma un gobierno de la derecha para aplicar las mismas políticas de estos años, no hay duda de que entraremos en una etapa decisiva, y explosiva, de la lucha de clases. Un gobierno encabezado por el PP confrontará inmediatamente con el movimiento obrero y la juventud, aumentará la presión a favor de los recortes y las privatizaciones, sin que la situación de desigualdad, pobreza, paro y bajos salarios se resuelva. Sólo aumentará la presión de la olla social, y está buscará cauces para salir a la superficie de manera aún más desafiante.

Con un grupo parlamentario de Unidos Podemos fortalecido, este desarrollo previsible les obligará a tomar partido. La oposición no se podrá limitar a lances retóricos en el hemiciclo. Los millones que han depositado su papeleta en las urnas a favor de Pablo Iglesias y Garzón exigirán pasar a la ofensiva. Y, si se diera la posibilidad —en estos momentos poco probable— de un gobierno encabezado por Unidos Podemos, la situación, en última instancia, tampoco se podría resolver sólo en términos parlamentarios.

Ninguna mayoría en escaños nos traerá el cambio político que necesitamos. Y precisamente por esto, porque cambiar la sociedad sólo será posible rompiendo con la resistencia y el boicot de los capitalistas, de los banqueros, de los grandes poderes económicos y la Troika, hace falta que el rumbo sea firme y consecuente. Cuando Pablo Iglesias afirma que ideologías como el comunismo “están muy bien para debates de doctorado”, pero que para gobernar un Estado miembro de la UE lo máximo por lo que se puede optar es la socialdemocracia, que las opciones son “estrechas” y están “en el marco de la economía de mercado”, es muy posible que pronto tenga la oportunidad de comprobar lo equivocado que está.

Lo que la experiencia demuestra, y las lecciones de Grecia han vuelto a subrayar, es que sin un programa revolucionario, socialista e internacionalista que se base en la lucha de clases, es imposible conquistar la democracia real para la mayoría. Ningún cambio real vendrá de una política que respete “el marco de la economía de mercado”. Podemos decir por anticipado que esa estrategia sólo provocará frustración y se convertirá en un enorme fraude, tal como ha ocurrido con Tsipras y Syriza en Grecia. Los sectores más conscientes de la clase trabajadora y la juventud, los que hemos puesto contra las cuerdas al bipartidismo y hemos hecho posible esta confluencia de la izquierda con nuestra movilización, somos pacientes. Sabemos que las ilusiones y las esperanzas son inevitables, y somos tolerantes también, incluso cuando se utilizan argumentos que pretenden contentar a nuestros enemigos pero que no engañan a nadie. Pero que no se confunda nuestra paciencia y tolerancia con estupidez. Somos miles, decenas de miles los que hemos estado en primera línea de la lucha en las calles en estos años y no hemos tenido la oportunidad de ir a la universidad; pero hemos aprendido en la escuela más importante de todas: en la de la vida real, en la de la lucha de clases. Y si te alejas de esta escuela, puedes perder el rumbo con rapidez para caer en el regazo ideológico de la burguesía.

Desde Izquierda Revolucionaria hacemos un llamamiento a todos los trabajadores y la juventud: El 26 J, todos a las urnas, para barrer a la derecha. El día después, todos a la calle a defender nuestra victoria ¡Unidos Podemos!


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