¡Abajo el gobierno Tory!

¡Jeremy Corbyn y los sindicatos deben movilizar y exigir elecciones ya!

La victoria del Brexit en el referéndum del pasado 23 de junio ha colocado en shock a la burguesía británica y europea y asestado un duro golpe a la estabilidad del sistema capitalista en todo el mundo. La maquinaria de mentiras y propaganda del gran capital para presentar la UE como un paraíso en la tierra se ha estrellado contra la realidad. Años de recortes salvajes en educación y sanidad, de ataques a los derechos laborales y sindicales, de empobrecimiento y desigualdad creciente mientras la riqueza de una minoría de multimillonarios crece obscenamente, ha pasado una gran factura a Cameron, a los capitalistas británicos y a la élite financiera que gobierna Europa.

La avalancha de votos favorables para abandonar la UE ha sido presentada por los medios de comunicación como un SÍ al racismo, la xenofobia y el aislacionismo. De esta manera, la burguesía, la derecha tradicional y la socialdemocracia, pretenden esconder que, al margen de los intereses reaccionarios de muchas organizaciones que han defendido el Brexit desde estas posiciones (como es el caso de UKIP—Partido por la Independencia de Gran Bretaña—), millones de jóvenes y trabajadores se han manifestado en esta votación dando un portazo a la Europa del capital y la austeridad. Aquellos que cínicamente se rasgan las vestiduras presentando la UE como una casa común de la democracia, se olvidan de que son precisamente los gobiernos de la UE, en París, Berlín, Londres, Roma o Madrid, los que han azuzado la legislación más racista y xenofoba de la historia reciente, los que han propiciado todo tipo de leyes antisindicales y que recortan brutalmente nuestros derechos democráticos, los que aprueban reformas laborales para esclavizar a los trabajadores y empujar a las condiciones de explotación más atroces a los trabajadores inmigrantes. Son los mismos que han aprobado un acuerdo infame con Turquía para expulsar a cientos de miles de refugiados de este “paraíso” que es la “civilizada” Europa, donde han sido tratados de manera muy similar a como los nazis se empleaban contra la población judía. Pero de todo esto no se dice nada a la hora de hacer balance del resultado.

Intelectuales, políticos y todo tipo de figuras públicas, incluyendo algunos personajes que se autoproclaman teóricos “marxistas”, se lamentan de esta “gran derrota” y, con más o menos disimulo, colman de insultos a la clase trabajadora por su “ignorancia”.. Sin embargo el análisis de clase, marxista, puede arrojar luz sobre estos resultados que no son más que la consecuencia de la creciente descomposición del sistema capitalista en Gran Bretaña, en Europa, y en el resto del mundo.

Un análisis de los resultados

Más allá de que sectores reaccionarios de clase media—la base tradicional del ala de extrema derecha y euroescéptica de los tories— y de que capas muy atrasadas de los trabajadores sean pasto de la demagogia racista, millones de trabajadores y jóvenes han emitido un grito de rabia y furia contra Cameron y su política de recortes. Por supuesto, capas de la juventud y de la clase obrera también han visto en el voto favorable a la permanencia una manera de combatir las ideas reaccionarias de UKIP y el crecimiento de tendencias racistas que está presentes en la situación. Pero el factor fundamental en esta ecuación ha sido la completa ausencia de una campaña de clase militante por parte de Jeremy Corbyn y los sindicatos en contra de la Europa del capital y de sus políticas reaccionarias, lo que podría haber cambiado por completo el panorama.

Si Corbyn, en lugar de ceder a las presiones de los blairistas y jugar en el terreno de los tories, hubiera adoptado una política de independencia de clase animando a un gran movimiento de masas a favor de la ruptura con la UE de los capitalistas, de la inmediata dimisión de Cameron y sus secuaces, y de lucha por un gobierno de izquierdas sobre la base de un programa socialista e internacionalista, las condiciones políticas serían mucho más favorables. El voto por la salida de la UE se hubiera podido convertir en un gran paso adelante para transformar la sociedad.

Los resultados del Referéndum han desmentido la mayoría de las encuestas de última hora. Con17,4 millones de votos (51,9%) a favor del “Leave” (Salida) , frente a 16,1 millones (48,1%) por el “Remanin” (Permanecer), la sorpresa ha sido mayúscula. El voto “Leave” ha sido mayoritario en Inglaterra y Gales, mientras en Escocia e Irlanda del Norte se ha votado por el “Remain”, aunque en estos dos últimos territorios la abstención ha sido entre 5 y 10 puntos superior a aquellos en donde ha ganado el “Leave”. En el caso de Escocia, la participación sobrepasó en las últimas elecciones generales el 71%, por encima de la media nacional del 66%. Las tendencias abstencionistas de las últimas citas electorales en Inglaterra y Gales ha sufrido en este referéndum un vuelco, protagonizado principalmente por sectores de la clase obrera que antes permanecían lejos de las urnas desencantados con el laborismo y ahora han acudido a dar un golpe a Cameron y sus aliados.

                                                      Participación       “Leave”              “Remain”

INGLATERRA 73% 53,4% 46,6%
GALES 71,7% 52,5% 47,5
ESCOCIA 67,2% 38% 62%
IRLANDA DEL NORTE 62,9% 44,2% 55,8%
TOTAL 72,2% 51,9% 48,1

En el caso de Inglaterra, donde vive más del 80% de la población de Gran Bretaña, los resultados confirman que ha sido la clase trabajadora la que ha marcado la diferencia. En muchos feudos tradicionales del laborismo el resultado ha sido favorable al “Leave”. Se trata de zonas con un alto índice de pobreza y desempleo, donde la destrucción del tejido industrial y los ataques a las condiciones de vida de los trabajadores desde los años 80 por parte del Partido Conservador, y posteriormente por Blair, ha generado un enorme malestar y rabia en lo que fue la cuna de la clase obrera británica.

                                                                                A[1]         Participación           “Leave”   “Remain”

Knowsley 27,6% 63,5% 51,6% 48,4%
Middlesbrough 26,8% 64,9% 65,5% 34,5%
Blackpool 25,7% 65,4% 67,5% 32,5%
Kingston upon Hull 25,7% 62,9% 67,6% 32,4%
Liverpool 25,6% 64% 41,8% 58,2%
Manchester 24,2% 59,7% 39,6% 60,4%
Birmingham 24,2% 63,7% 50,4% 49,6%
Sandwell 24,1% 66,5% 66,7% 33,3%

Aunque en Manchester y Liverpool el resultado ha sido favorable a mantenerse en el seno de la UE, en sus suburbios, como por ejemplo el Gran Manchester donde viven 2,6 millones de personas, el voto de apoyo a la salida es mayoritario. Otros feudos tradicionales laboristas también arrojan resultados favorables al Brexit o por lo menos muy empatados. Es el caso de Store-on-Trent, ciudad industrial, donde el Partido Laborista ganó las pasadas elecciones con 42.968 votos (más de un 39%), y donde ha ganado el “Leave” por un 69,4% y más de 81.000 votos. Lo mismo ha ocurrido en otras zonas industriales como Durham, Wakefield, Wolverhampton o Birmingham. O también en Leicester o Leeds, bastiones laboristas, donde ha ganado el “Remain” aunque lo ha hecho por una ventaja pírrica, en la primera por un 51,1% y en la segunda por un 50,3%.

Hay que destacar también los resultados en las antiguas zonas mineras tanto del sur como del norte de Gales, de fuerte tradición laborista, y donde el voto a favor de la salida ha sido mayoritario. En localidades como Rhondaa u Ogmore en el Sur de Gales, donde el laborismo obtiene más de un 50% del voto, venció el “Leave” con más del 53%.

Por otro lado en el mapa de los resultados del Referéndum, diversas zonas conservadoras del sur de Inglaterra, de renta alta, han votado mayoritariamente por la permanencia. Un caso significativo es el de Oxfordshire, una zona de renta alta al oeste de Londres, donde el “Remain” ha vencido con un 56% de los votos. Evidentemente esto no significa que una parte de dicha Inglaterra rural y conservadora no haya votado por la salida, pero los resultados a este respecto también están muy repartidos.

Por último y respecto a Londres, “esa ciudad cosmopolita que ha votado en contra de la salida”, hay que hacer muchas precisiones. También en este caso hay una clara diferencia entre los barrios ricos y los barrios pobres, entre los barrios de la burguesía y la pequeña burguesía y los barrios de la clase obrera.

Resultados del Referéndum en 5 de los distritos con menor Renta de Londres

Barking & Dagenham 63,8% 62,4% 37,6%
Havering 76% 69,7% 30,3%
Bexley 75,2% 63% 37%
Redbridge 67,5% 46% 54%
Hillingdon 68,9% 56,4% 43,6%

Resultados del Referéndum en 5 de los distritos con mayor Renta de Londres

City of London 73,5% 24,7% 75,3%
Camden 65,4% 25,1% 74,9%
Westminster 64,9% 31% 69%
Kensington and Chelsea 65,9% 31,3% 68,9%
Hammersmith & Fulham 69,9% 30% 70%

Fracasa Cameron y la campaña del miedo

En los últimos meses hemos asistido a una intensa campaña por la permanencia tratando de sembrar el miedo ante una posible salida de la UE, en la misma línea de lo que sucedió en Grecia durante el Referéndum del 5 de julio de 2015 contra el Memorandum, o siempre que se somete a votación una decisión que puede afectar a los intereses fundamentales de la clase dominante. Los grandes capitalistas y poderes financieros internacionales no han escatimado esfuerzos para condicionar el resultado del referéndum. El propio Obama se implicado directamente a través de una gira, y los principales organismos políticos y financieros (la OCDE, el FMI, el Consejo Europeo, los grandes bancos, multinacionales y agencias de evaluación) han alertado un día sí y otro también de las catastróficas consecuencias para la población de una eventual salida. En las últimas semanas, con la descarada utilización del asesinato de la diputada laborista Jo Cox a manos de un fascista, han tratado de bascular la ligera ventaja del “Leave” frente al “Remain” que las encuestas vaticinaban. Con todo y con eso, en un referéndum marcado por la alta participación (72,2%) la opción de la salida se ha impuesto.

La reacción de los mercados —que en los días previos celebraban la previsible victoria de la permanencia— no se ha hecho esperar, con una caída generalizada de las bolsas a nivel internacional (que han perdido más de 2,4 billones de euros de capitalización en dos días), la subida descontrolada de la prima de riesgo en varios países como el Estado español o Grecia, y la peor cotización de la libra desde el año 1985.

En este sentido las consecuencias del Brexit sólo han comenzado, y tanto la derecha del partido Tory como el UKIP, que han sido las voces que han monopolizado mediáticamente la campaña a favor de la salida con su discurso xenófobo y aislacionista, ya están viendo las orejas al lobo. Las celebraciones de estos días por la desconexión de Gran Bretaña de la UE, en medio de la crisis del capitalismo más importante en ochenta años, se les puede atragantar muy pronto tanto a Boris Johnson (líder de la extrema derecha Tory) como a Nigel Farage (jefe del UKIP), sobre todo cuando comprueben que millones de trabajadores que han votado a favor del “Leave” van a estar desde el minuto uno dispuestos a una lucha sin cuartel contra sus recetas de más austeridad y más sacrificios para el pueblo.

Las consecuencias políticas del referéndum son más que evidentes. La fulminante dimisión de Cameron ejemplifica la crisis que atraviesa la derecha británica desde hace tiempo. El mismo Cameron que en 2015 ganaba las elecciones por mayoría absoluta, tan sólo un año después se despide como primer ministro profundizando aún más la crisis del gobierno y del partido Tory, muy desgastado en el último periodo, entre otras cosas, por las grandes movilizaciones de los trabajadores del sector público. La convocatoria de este referéndum por parte de Cameron, intentando saldar a su favor la división interna dentro del partido tras la crisis abierta por los resultados del referéndum de Escocia, ha culminado justo al revés: una mayor fractura, y un escenario de inestabilidad política y social que es todo lo contrario de los que perseguían.

Las debilidades del UKIP y la demagogia racista

Uno de los argumentos machacados hasta la saciedad por los grandes medios de comunicación burgueses para lamentar este resultado, es el fortalecimiento del UKIP. Evidentemente, ante la degradación de las condiciones de vida de la mayoría, los bajos salarios, la extensión de la precariedad hasta niveles desconocidos, los recortes en ayudas sociales, en sanidad y educación pública, la extrema derecha no deja de activar su discurso de criminalización del inmigrante conquistando audiencia entre sectores atrasados de los trabajadores y, por supuesto, de las capas medias empobrecidas. ¿Pero de quién es la responsabilidad?

El avance del Frente Nacional en Francia y de otras formaciones de extrema derecha en Austria, en Alemania, en Holanda, en Grecia… refleja ante todo la crisis del capitalismo, de la democracia burguesa, la extrema polarización social y política y la completa bancarrota de la socialdemocracia. Las organizaciones tradicionales de la burguesía se fracturan y debilitan porque son los que ejecutan los ataques despiadados contra la población y aparecen identificados como los mayordomos de las élites financieras. Pero no son las únicas responsables del actual caos. Una socialdemocracia que ha capitulado ante la reacción, apoyando las recetas neoliberales, los recortes y la austeridad, y suscribiendo sin pudor toda la legislación contra los derechos democráticos, contra los inmigrantes y los refugiados, da alas también a la extrema derecha. Arrastrándose ante el gran capital, abanderando su política, y ejerciendo la represión policial contra el movimiento obrero, ceden el terreno a todas estas organizaciones racistas y xenófobas que se basan en el asilacionismo económico y la lucha por “empleo” para los nacionales, que denuncian estridentemente a los burócratas de Bruselas pero atacan a los inmigrantes como los causantes del paro masivo que arrasa Europa. El apoyo que cosechan entre capas de la clase obrera, y sobre todo entre las clases medias que han perdido sus certezas y han visto mermar decisivamente su nivel de vida, hay que añadirlo al debe de una socialdemocracia en crisis que vuelve a repetir los mismos errores trágicos de los años treinta.

Aquellos que desde la izquierda, incluso desde una supuesta posición marxista, intentan identificar el voto por el Brexit exclusivamente como un voto racista y reaccionario, en el mejor de los casos están en la inopia o hacen de escuderos de la socialdemocracia de derechas en el peor. Los datos de las zonas con alto nivel de inmigración, víctimas de los mayores niveles de explotación, bajos salarios y recortes sociales, son muy ilustrativos. Es el caso de Bradford, en Inglaterra, donde prima la población asiática, y triunfa el “Leave”, así como Barking, Dagenham, con un 62% a favor o Newham, otra zona pobre del Gran Londres con mayoría inmigrante y en la que la opción del “Leave” llega al 47%.

La propia campaña desarrollada por el líder de UKIP, Nigel Farage, donde ha tenido que echar mano de un discurso demagógico en lo social, como la inversión de 350 millones de libras semanales para el Sistema Nacional de Salud (que ha sido una de las principales promesas de su campaña) o la creación de miles de puestos de trabajo para luchar contra el paro, son significativas. Como era de esperar, el propio Farage no ha tardado ni veinticuatro horas en empezar a rebajar estas promesas desde que se conocieron los resultados del Referéndum. Del mismo modo tuvo que salir durante la campaña a decir que no defendía que ningún inmigrante de la UE perdiera su derecho a permanecer en el país. El escenario ante un hipotético gobierno del UKIP, con un programa de recortes y ataques en un momento en que el movimiento obrero británico ha dado numerosas pruebas de estar dispuesto a la lucha, no dibuja un panorama de estabilidad social. De nuevo es importante señalar el ejemplo de la rebelión obrera en Francia. En el caso de Gran Bretaña un movimiento semejante podría estallar, pues las condiciones materiales y políticas para ello están madurando a marchas forzadas.

La crisis en el laborismo y las tareas de la izquierda. ¡Elecciones anticipadas ya!

En toda esta ecuación el papel que ha jugado el laborismo ha sido clave. La crisis abierta en la dirección del Partido tras la victoria de Corbyn continúa profundizándose. Un Corbyn que, a pesar de ser conocido por sus anteriores posiciones contrarias a la UE, se ha plegado en esta campaña a las presiones de la derecha del aparato y del grupo parlamentario laborista defendiendo el “Remain”. A la vista de los resultados, es evidente que no ha conectado con la mayoría de su base social que, en sus principales feudos, ha optado por el “Leave” como él mismo ha reconocido posteriormente.

Pero las concesiones de Corbyn no sólo no han aplacado a los diputados laboristas, en su mayoría derechistas acérrimos y que se diferencian muy poco de los conservadores, sino que los resultados del referéndum están siendo utilizados por éstos para cargar contra su liderazgo. Desde proponer una moción de censura en el propio grupo parlamentario para destituirlo como líder laborista, hasta la dimisión en cadena de diferentes dirigentes para aumentar la presión y dar una imagen de crisis y descontrol, la burguesía a través de sus agentes en el laborismo quiere evitar, por los medios que sea, un posible gobierno de Jeremy Corbyn. Esta opción, que de hecho podría ser muy posible si Corbyn se lanza a la batalla y moviliza a sus seguidores, pone los pelos de punta al gran capital británico y europeo. Significaría una nueva escalada de la lucha de clases, y esta vez, con un gobierno que tendría muy difícil escapar de la presión de millones de trabajadores exigiendo el fin de los ataques a los salarios, los empleos y los derechos sociales.

La ausencia de una alternativa de masas por la izquierda partidaria de una ruptura con la UE capitalista, ha permitido a la derecha xenófoba copar el discurso público por el Brexit; pero sería completamente exagerado, y por tanto erróneo, sugerir que estas ideas son las que motivan mayoritariamente a la clase trabajadora. El castigo a las políticas de Cameron y de la UE ha sido decisivo en estos resultados, a pesar del nefasto papel del laborismo y de los dirigentes sindicales. Por supuesto, el Brexit azuza las tendencias centrifugas en Escocia e Irlanda del Norte, y amenazan con la desintegración de Gran Bretaña. Por eso es tan importante avanzar en la construcción de esa alternativa revolucionaria y socialista, como la única manera de unir en pie de igualdad a los pueblos y naciones que componen Gran Bretaña.

El corto plazo estará determinado, en buena medida, por la reacción de Corbyn para derrotar esta ofensiva. Corbyn debe movilizar enérgicamente a la clase obrera y la juventud —llevando la propuesta de una huelga general a la dirección y la base de los sindicatos— para que se convoque de manera inmediata elecciones generales anticipadas. Debe explicar, sin ningún complejo, la necesidad de aplicar un programa anticapitalista que parta de las reivindicaciones con las que venció en las primarias. Por otra parte, Corbyn debe tomar la iniciativa y convocar un congreso de emergencia del Partido Laborista para barrer a la derecha blairista, basándose en las decenas de miles de activistas agrupados en Momentum. Este es el único camino para convertir la actual crisis política en un paso hacia adelante, y abrir la posibilidad de un gobierno de la izquierda en Gran Bretaña.

Los resultados del Referéndum por la permanencia han reflejado las tendencias contradictorias que se desarrollan en la lucha de clases en Gran Bretaña y en todo el mundo. Sí, los peligros de la xenofobia, del racismo y de una extrema derecha que puede aumentar su apoyo no se pueden ocultar. Pero el mayor error sería menospreciar el tremendo potencial revolucionario que se acumula entre los obreros y la juventud, entre los oprimidos de Gran Bretaña, y que no es ajeno al que recorre otros países centrales de Europa. Aprovechar ese potencial para derrotar a la derecha basándonos en la movilización y en un programa socialista, es la tarea central de los marxistas británicos.

[1] Proporción de la población viviendo en hogares con falta de recursos (datos de 2015)

[2] Nacionalización de los sectores estratégicos de la economía, salario mínimo de 10 libras la hora, defensa del sistema nacional de salud y de la educación pública, entre otras.


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