A punto de cumplirse el primer año de Emmanuel Macron en la presidencia de Francia, el país está siendo sacudido por una fuerte oleada de huelgas y manifestaciones. Tras el éxito de la jornada de lucha de los empleados públicos el pasado 22 de marzo no han dejado de sucederse diversas protestas, tanto en el sector público como en el privado: ferroviarios, sector eléctrico, aerolíneas, controladores aéreos, recogida de basura, sanidad, comercio, enseñanza... Todos contra las políticas de Macron y su Gobierno.

El 3 de abril comenzaron las 36 jornadas de huelga (dos días por semana, hasta el 28 de junio) convocadas por los cuatro principales sindicatos ferroviarios contra la privatización de la empresa pública de ferrocarriles (SNCF). También se pretende reducir la protección laboral que tienen los ferroviarios, incluida la garantía de tener empleo fijo y sus condiciones especiales de jubilación, que se quieren equiparar a las del sector privado.

Aplastar la huelga de ferroviarios a cualquier precio

Como era de esperar, tanto el Gobierno como los medios de comunicación han lanzado una monumental campaña para echar a la opinión pública en contra de los trabajadores ferroviarios, presentándoles como privilegiados e insolidarios. A pesar de la propaganda, los huelguistas cuentan con las simpatías de la población: el fondo de resistencia de la huelga, lanzado a través de internet el 23 de marzo, lleva recaudado más de un millón de euros, y decenas de miles de personas han aportado dinero.

La huelga de ferroviarios se ha convertido en una cuestión de Estado para este Gobierno, y se han decidido a asestar un golpe mortal a uno de los sectores más combativos de la clase obrera francesa, uno de los pilares principales de la lucha durante las últimas dos décadas. El primer ministro, Edouard Philippe, ha insistido una y otra vez en que no darán marcha atrás y privatizarán SNCF “cueste lo que cueste”. En la campaña electoral Macron manifestó su admiración por Thatcher y su intención de aplicar una política similar en Francia. Después de un brutal ataque a los derechos laborales y salariales con la aprobación del nuevo Código del Trabajo, de recortar los derechos democráticos e intensificar la represión del Estado, ahora quiere emular la victoria de Thatcher sobre los mineros en 1984/85 o la de Reagan con los controladores aéreos del PATCO en 1981.

Con una derrota de los ferroviarios Macron pretende someter y desmoralizar a toda la clase obrera, facilitando el camino para aplicar su programa draconiano de contrarreformas. El caso contrario, una victoria de los ferroviarios, animaría al resto de la clase obrera y pondría al Gobierno en una situación muy difícil.

Las huelgas se extienden

Además de los ferroviarios, hay otras dos huelgas que se están convirtiendo en puntos de referencia para el resto de la clase obrera. La primera es la de Air France, empresa que fue privatizada en 1999. Desde febrero los trabajadores han llevado a cabo varias huelgas, manteniéndose inflexibles a las presiones de empresa y Gobierno. Piden un incremento salarial del 6%, reivindicación que se ha convertido en un referente para los trabajadores de otras empresas del sector privado que se enfrentan a las mismas pretensiones empresariales: reducir salarios tras seis años de congelación salarial.

La segunda es la huelga en ­Carrefour, el primer empleador privado de Francia. Los trabajadores de este gigante del comercio exigen un aumento salarial y que la empresa dé marcha atrás en los 2.400 despidos anunciados. También denuncian que su paga de ­beneficios haya pasado de 610 a 57 euros, mientras los accionistas se reparten 356 millones de euros en dividendos. La huelga afecta a más de 300 tiendas de todo el país y a 20.000 empleados.

Hay más huelgas en el sector privado, silenciadas por los medios de comunicación, y se han convocado más movilizaciones para las próximas semanas: el 15 de mayo la sanidad, el 22 de mayo una nueva jornada de huelga del sector público y el 14 de junio, los pensionistas.

Ocupaciones y bloqueos de universidades

La intensificación del movimiento huelguístico va de la mano de la lucha de los estudiantes contra el proyecto de ley Orientation Réussite des Étudiants (ORE). Una nueva contrarreforma educativa que pretende restringir drásticamente el acceso a la universidad para los hijos de los trabajadores. Los estudiantes llevan semanas en lucha y la Coordinadora Nacional de Estudiantes decidió unirse a los ferroviarios y participar en la huelga del sector público del 19 de abril. Las asambleas en las facultades son multitudinarias y más de la mitad de las universidades están ocupadas: Montpelier, Toulouse, Burdeos, Lyon, Lille, Estrasburgo y París. El Gobierno está intentando a toda costa impedir la convergencia entre trabajadores y estudiantes. A pesar de los ataques de bandas de extrema derecha y el envío de los cuerpos especiales de la policía a las universidades, han sido incapaces de acabar con las ocupaciones y bloqueos.

Otro de sus grandes temores es que el movimiento se extienda a la enseñanza secundaria, algo probable debido al malestar generalizado que existe entre la juventud. Sólo hay que ver cómo el 13 de abril miles de jóvenes respondieron a la convocatoria de Francia Insumisa, la formación encabezada por Mélenchon, contra la intención del Gobierno de imponer el servicio militar obligatorio y para denunciar las intervenciones imperialistas francesas en el exterior, entre ellas su implicación en el reciente bombardeo de Siria junto a Gran Bretaña y EEUU.

Un año después de su llegada al Gobierno, la popularidad de Macron está en caída libre. Se trata de un Gobierno que ha empezado a sentir el aliento de las tradiciones de lucha y la combatividad del movimiento obrero y la juventud francesa. La dirección de la CGT, y también de la izquierda política, con Francia Insumisa a la cabeza, tienen la responsabilidad de convertir la potente lucha de los ferroviarios en un movimiento más amplio, que unifique a todos los sectores en una gran huelga general contra los ataques de los capitalistas franceses y su representante en el Gobierno, Emmanuel Macron.