Con gran satisfacción publicamos este artículo del camarada Rodolfo Palomino, un obrero que, en su desarrollo como proletario explotado por la multinacional COLGATE y por una cooperativa de trabajo, de esas que promueven el estado burgués y los capitalistas para aumentar su ganancia, se ha acercado a las ideas del marxismo, comprendiendo las causas e ideas de la clase obrera, y su papel en la lucha por la transformación socialista de la sociedad.

 

La hiperexplotación, el maltrato de las cooperativas, la burocracia sindical, la humillación en el trato de supervisores, las condiciones de salud, el miedo y acoso constantes, son temas que se dejan ver en las líneas que el camarada ha escrito, a partir de su dura experiencia laboral. Hoy, como antes, los obreros llevan en sus espaldas las huellas de la riqueza que generan y que se embolsan los burgueses, y como siempre, en sus fuertes y hábiles manos se concentra el futuro de Colombia y el mundo, un futuro proletario y socialista.

 

"Mi historia como obrero en la compañía COLGATE PALMOLIVE"

Por Rodolfo Palomino

 

"Recién llegado de Europa, donde como millones de obreros he buscado un mejor futuro, en la lucha diaria para obtener empleo y habiendo fracasado en la madre patria, llegué de nuevo a Cali, a la casa de mi madre con el humillante sabor de la derrota, pero aun con las ganas de seguir luchando en la vida dura diaria.

 

Me dispuse entonces en buscar empleo de nuevo, en llenar en unas hojas azules toda mi experiencia laboral para poder así competir por una vacante cada vez más negada en el mundo de las empresas y las grandes industrias. Llegué entonces a una de las muchas agencias de empleo existentes y fue allí en donde me gane la lotería de lograr un cupo para proceso de selección para ingresar a laborar en la prestigiosa multinacional Colgate Palmolive. Fue mucha mi alegría porque en este instante imaginaba miles de cosas a bienestar mío y de mi madre, me dispuse entonces a presentarme a los diversos exámenes de calificación intelectual para que ellos puedan seleccionar a las personas que ingresen para el siguiente paso.

 

Este siguiente paso es la entrevista con el psicólogo en donde te preguntan todo tu historial laboral y tu forma de responder, de allí se seleccionan a los pocos semifinalistas en donde afortunadamente estaba yo, a estas personas le hacen una visita domiciliaria, para ellos saber tus condiciones de vida y evaluar si realmente eres una persona para confiar. Luego de esto te citan nuevamente para darte unas clases sobre la seguridad dentro de la empresa y posteriormente te hacen un examen sobre estas clases y allí escoger nuevamente el personal final.

 

Luego de 15 días de esperar los resultados finales me llamaron nuevamente. Era la hora de presentar los exámenes médicos, el resultado de los cuales le daría el punto final a tan largo proceso de selección, luego de pasar cerca de dos meses de estos exámenes y visitas al hogar.

 

Y así llegó la hora en conocer en concreto las instalaciones de la multinacional. Formábamos como militares para seguir las rutas señaladas en el piso de la fábrica, guiados por un trabajador CP (Colgate Palmolive) que nos iba señalando las diferentes secciones de productos como llenado de detergentes, barras axion, jabones protex, líquidos fabuloso, suavitel y otros mas, y finalmente las secciones de cremas y cepillos. En cada área el líder describía brevemente lo que hacían los obreros.

 

Luego de la visita tendríamos que pasar a realizar un examen sobre lo visto y sobre las normas básicas de seguridad industrial y buenas prácticas de manufactura. Este examen era exclusivo para la compañía, y de allí saldría finalmente el personal a contratar.

 

Llegó la llamada final para ir a firmar el tan esquivo contrato en donde te explican que es por la temporada de un año y que la continuidad del contrato dependía totalmente de nosotros, lo que quiere decir que cada semana trabajada dependía de la producción: si por cualquier razón la demanda de algún producto bajaba, de igual forma “desprogramaban” temporalmente el personal necesario, y la continuidad de semanas trabajadas dependía enteramente de uno, de obedecer todas las ordenes de manera sumisa, de no enfermarse continuamente, o si se enfermaba, ocultarlo, de no hablar mal de la cooperativa, la empresa o los supervisores, de no perder tiempo en la comida o sentarse un momento para descansar del agotador trabajo, de quedarse trabajando al final de la jornada, barriendo o limpiando maquinas, de ser un esclavo contento de serlo. El miedo a perder el empleo nos obligaba a explotarnos a nosotros mismos para complacer a la cooperativa y tener cada semana la seguridad de estar programados para trabajar en la siguiente.

 

*o sea que si uno era de los mejores obreros, el más atento, el más colaborador, el mas proactivo, tendía a seguir trabajando en la producción del producto, así este producto esté en baja demanda de producción. En realidad, para mantener el empleo no se necesitaba que la demanda fuera baja, sino que nosotros no nos quejáramos de nada, y trabajáramos siempre lo más duro posible, aun a costa de nuestra salud física y emocional.

 

*el pago era semanal

 

*cada semana llegaba de 115500 pesos netos, que nos consignaban a una cuenta bancaria que la cooperativa nos abría a todos los obreros.

 

*cada semana trabajada en la noche llegaba de 140.000 netos. El trabajo en la noche siempre era mucho más difícil que en el día, y esto es mucho decir.

 

*descontaban la ruta de transporte, así no la necesitaras y no la usaras.

 

*descontaban el derecho a la cafetería

 

*descontaban las prestaciones sociales etc.

 

Luego de la decepción final y después de pasar arduas jornadas de exámenes, firmamos el contrato, desde luego nos dieron el uniforme, las botas y el carnet como a un soldado al llegar al ejército.

Me toco laborar en llenado de detergentes, el llamado “gimnasio” de Colgate Palmolive, fue la primera semana en donde por primera vez me tocaba trasnochar, puesto que la demanda de este producto que se llama FAB era muy alta y se trabaja en tres turnos durante todo el año.

 

Al abordar el autobús para ir a la empresa, conocí  la ruta del mismo y los diferentes obreros que se subían a él con las caras largas y aburridas … vi entonces al llegar a la compañía la multitud de obreros, la gran mayoría temporales de la cooperativa “trabajamos Cali LTDA “, a la que pertenecía yo. De igual forma pude observar aquellos trabajadores que llegaban en autos sencillos y motocicletas, y que estos tenían una entrada diferente a la de nosotros: ellos entraban a la industria más rápidamente por que sus carnets eran de esta multinacional y tan solo con pasar su flamante carnet por una registradora proseguían. Nosotros los temporales hacíamos largas filas pues en la portería se encontraba un vigilante revisando los carnets, verificando que estuviéramos programados en la lista semanal y así dejarnos seguir.

 

Llegué a los apretados y calurosos guardarropas en donde si uno tenía suerte encontraba uno desocupado. Y si no tendría que guardar  la ropa en el maletín y ponerse el molesto uniforme y dejar el maletín guardado con los aseadores de la compañía. Por suerte encontré un guardarropa desocupado y lo asegure con mi candado.

Al llegar al área de llenado de detergentes nos dieron los elementos de seguridad personal: un tapabocas, unas gafas, un tapa oídos y unos guantes.

Al llegar el supervisor sin saludar y con voz de mando nos dijo:

*tienen derecho a cambiar el tapabocas cada lunes. En realidad el tapabocas en dos días se dañaba por el intenso calor.

* Los viernes hay reunión de todo el personal para calificar su rendimiento.

*Los jueves sale la lista de programados para la semana siguiente.

*solo son 25 minutos para comer. Pasarse de este tiempo, aunque fuese un minuto, implicaba sanciones en días de trabajo, y muchas veces que te desprogramaran definitivamente.

*cinco minutos antes de empezar labores se realizan pausas activas, o sea estiramientos corporales para evitar lecciones.

*30 minutos antes de finalizar el turno se realizan de nuevos las pausas activas.

* La duración de las pausas activas son de cinco minutos.

 

Luego de terminar las famosas pausas activas, que en realidad servían poco por su corta duración, nos colocamos los implementos de seguridad, los cuales incrementaron el calor que se generaba aun más por las escandalosas maquinas y la falta de una ventilación adecuada. Mi corazón palpitaba a mil, era todo algo confuso, miraba a los obreros empacando miles de bolsas de diferentes tamaños que salían de las maquinas y seguían por un transportador. La cuestión de empaque es la siguiente: por cada dos empacadores son tres maquinas para trabajar. O sea que siempre habrá una maquina más al número de empacadores, y esto nos hacía trabajar muy duramente, extenuándonos mucho, en muchas ocasiones por encima de nuestras capacidades.

Un compañero enviado por el supervisor me guío a través de la línea y me explico la ardua tarea de empacar. El con su experiencia ya tenía una gran agilidad, ganada a través del tiempo y de largas horas de empaque, y muy inteligentemente me explicó con las bolsas de 3500 gramos de FAB total floral que tenía que empacar. Dijo: .  ´18 kilos aproximados por cada saco´, calculé yo.

 

Y SONRIENDO ME DIJO  << la primera bolsa que metas es el pago de la jornada que trabajas hoy, el resto de las bolsas es la ganancia de la empresa>>

 

Luego de varias risas por su explicación de mi salario intenté empacar, pero fue tal mi sorpresa, que al comenzar la corriente de bolsas era tan rápida que mis manos no alcanzaban a cogerlas, y en consecuencia de esto el compañero de atrás tenía que armar el saco y empacar prácticamente por los dos. Luego de varios intentos le cogí la práctica, golpeándome en las manos con el formador o burrito al tratar de armar el saco, y quedar listo para comenzar a empacar en cuanto terminara el compañero de atrás.

Éramos dos personas empacando contra la velocidad de producción de tres maquinas rovemas. Igualmente en la línea de producción se encontraba otro compañero a quien le tocaba sellar y paletizar el total de sacos sacados por minuto en la línea.

 

En nuestra línea de empaque se calculaba que por cada media hora salían tres palos, lo que viene a significar esto:

*cada palo consta de 8 pisos de altura.

*cada piso consta de 5 sacos.

*cada saco contiene 5 bolsas de FAB total 3500 gramos.

En fríos cálculos hacíamos cuenta del valor de lo producido, llegando al escalofriante resultado:

*cada bolsa de FAB 3500 gramos cuesta alrededor de 15.000 en el mercado

15.000 x 5 bolsas de cada saco =75.000 cada saco

75.000 x 5 sacos de cada piso= 375.000 cada piso

375.000 x 8 pisos de cada palo= 3.000.000 cada palo

3.000.000 x 24 palos salidos de la jornada= 720.000.000 sacábamos en nuestra jornada nosotros los tres obreritos.

 

Y finalmente, si a este resultado la empresa le descuenta digamos 60.000 pesos del pago de los tres obreros por día, pues obviamente el resultado sería escandaloso… LLEGAMOS A LA CONCLUSIÓN DE QUE REALMENTE NOS EXPLOTABAN.

Tristemente reíamos por la impotencia de no poder ganar algo más por nuestro trabajo. Mientras el salario de la gerente del área de llenado ascendía a 15.000.000 mensuales. Y eso que pocas veces la veíamos en su oficina con su portátil y aire acondicionado. No podíamos dejar de preguntarnos por qué, si producíamos para la empresa tantos millones de pesos en un día, ellos no podían aumentar nuestro salario, cuando todo lo producido era el resultado de nuestro duro trabajo

Más bien recuerdo a la gerente la vez que expulsó de la empresa a un obrero al que vio jugando con las bolsas de FAB. La recuerdo por ser una persona muy tajante, todos le teníamos cierto miedo y respeto, pues en ocasiones se asomaba junto a otros ejecutivos de saco y corbata en la ventana de su gran oficina a observar a los obreros sacar su exquisita producción diaria. Sabíamos que de ella dependía nuestro trabajo, y por eso la esquivábamos, o tratábamos de trabajar lo más duro posible cuando se asomaba. Era frustrante saberse tan impotente frente a sus malos tratos, sin saber como resistirse a la mala educación con que nos trataba.


Igualmente maleducados eran los supervisores, uno por cada jornada, que casi siempre llamaba a algún obrero con fuertes gritos o silbidos: , o un silbido fuerte para llamar la atención. Estaban en el área otras clases de obreros, los CP, o sea los que estaban directamente contratados por la compañía. Estos eran los operarios de las maquinas, quienes sólo llegaban a su puesto de trabajo, presionaban algunos botones y ponían en marcha la máquina y su producción. Luego de ponerlas en marcha se sentaban a leer condorito o las historietas de los periódicos, a realizar los crucigramas y ver las noticias de los crímenes del día. En ocasiones se sentaban a hablar entre ellos y a reír mientras nosotros los TB temporales hacíamos el resto del trabajo, el más pesado, el de empacar 8 horas en pie, o el de paletizar los sacos que se podían sacar en la jornada, o el obrero que tenía que sacar los pesados palos con un gato casi inservible al área de bodega.

Me di cuenta que algunos CP eran de algo llamado SINDICATO un día viernes que se reunieron y yo inocentemente me ubiqué al lado de ellos, y unos de ellos con voz regañona me dijo: <>. Me fui inmediatamente, escuchando pequeñas burlas a mis espaldas. Mas tarde hubo otra reunión y esta sí fue para todos, y fue mi sorpresa que comenzó el supervisor a calificar a cada obrero, su comportamiento casi igualado al de un padre cuando te regaña por perder un examen de colegio. Siempre decía: <>

----un compañero replico

El supervisor contestó: <>

Hubiese sido mejor no haber dicho tal comentario, puesto que este humilde compañero el jueves siguiente no apareció en la lista de programados.

Y así aprendí en mi dura vivencia varias cosas: que a la empresa sólo le importa explotar al obrero para ganar dinero a sus expensas, no la salud física o mental de nosotros; que los obreros solos no les podemos oponer resistencia, sino que tenemos que unirnos para poder defender nuestros derechos; que los supervisores nos tratan mal para quedar ellos bien con la empresa, y terminan defendiendo los intereses de esta, no los de su clase. Y si bien por lo que viví comencé a pensar mal de los sindicatos, porque el supervisor y la cooperativa nos hablaban mal de ellos, nos decían que ellos eran los que tenían la culpa de nuestra explotación, ahora entiendo realmente lo que pasa. No son los sindicatos, sino una burocracia dentro de ellos la que se junta con la empresa en nuestra contra. La empresa tiene unos trabajadores propios para quedar bien hacia afuera, mostrándolos como unos obreros felices, mientras ocultan la condición de esclavos de quienes trabajamos en cooperativas, que somos la inmensa mayoría. Nos separan entre obreros esclavos y obreros bien pagados, y así divididos nos explotan mejor, poniéndonos en contra entre nosotros. Nosotros los obreros de cooperativas debemos organizarnos para luchar juntos, pues somos la inmensa mayoría de las fábricas y podemos pararla cuando somos conscientes de nuestra fuerza y nos unimos, cuando nos organizamos como un solo hombre, defendiendo los derechos de todos nosotros…

También me di cuenta que para poner a funcionar la fábrica no eran necesarios ni los gerentes, ni los supervisores, ni nadie más que nosotros los obreros. Nosotros sabemos cómo funciona cada máquina, que se necesita para mejorar la calidad y la producción de los productos, sin necesidad de que nos sacrifiquen como esclavos. En realidad, nosotros los obreros no necesitamos de los patronos para poner a funcionar una industria, tan sólo necesitamos de nosotros mismos.

 

---ya pues entendía que se volvió  temeroso quejarse de algo. Tal vez por esta razón uno de los compañeros que entró conmigo a trabajar nunca dijo que una de sus manos le dolía mucho y se atrevió a quedarse callado por el miedo a quejarse y a que lo sacaran de la lista, pues él pensaba mucho en su hijo, y solo se quejaba delante de un compañero de confianza. Finalmente no lo volví a ver… poco tiempo después me di cuenta que tenía ´´el túnel del carpiano``, y que llego a la puerta de la empresa a decir la causa de su ausencia -tal vez no le respondieron porque no avisó con tiempo por su miedo a la famosa lista de programados-.

En una ocasión en una semana de trasnocho, llegué a la empresa con un fuerte dolor en las amígdalas y fiebre, pero esta vez yo le hable al supervisor de turno y él con mala gana dijo: <>. Fui a la enfermería y el médico me devolvió por qué no llevé un permiso del supervisor. De un lado al otro corría por el permiso para que aquel famoso medico me examinara. Finalmente llegue con el permiso del supervisor y me examino el médico y luego de escribir muchas cosas en una hoja me dijo: <>. Yo le conteste…. Aquel medico de alguna malagana accedió a darme una incapacidad y una pasta para la fiebre.

 

***esa noche no dormí bien pensando en la lista de la semana siguiente***

 

A la noche siguiente escuché algunos rumores de un obrero que se había accidentado en la torre. Éste se había destrozado el dedo al tratar de acomodar apuradamente un buggie cargado de detergente. Él chocó su dedo entre dos buggies cargados y pesados.

Una vez mientras cenábamos y discutíamos sobre el trabajo me di cuenta que esta compañía estaba intervenida porque registraba un alto nivel de accidentes. Habían pasado ya 20 minutos y rápidamente salimos de nuevo a laborar con los estómagos llenos y sin dar algún reposo.  Cuando estaba entretenido en mi monótono quehacer de empacar escuché unos fuertes regaños que le hacia el supervisor a uno de los obreros, pues este había llegado algo tarde. ¡Por dos minutos lo suspendieron dos días!

 

El viernes nuevamente la reunión y el supervisor con los mismos discursos de que cada minuto perdido era un montón de dinero que perdía la empresa y lo explicó con una calculadora que tenía en su bolsillo. De la sensación de malestar que produce el comer en 20 minutos y volver al trabajo sin descansar un poco no dijo nada.

 

Siendo las 5:50 am la hora de salida y de marcar la tarjeta, caían como gallinazos al tarjetero los obreros, se les notaba un semblante de alegría, al contrario del personal que ingresaba a laborar. Ya en los calurosos vistieres quitándome el mojado uniforme por el sudor de la jornada, y colocándome mi ropa escuché a lo lejos una discusión entre obreros. Uno decía: <>. Y el otro obrero respondió: <>

IBA ENTENDIENO POCO A POCO QUE LOS OBREROS ESTABAN SIEMPRE INCONFORMES, INCLUSO YO. Pues después de reclamar en el cajero los 110.000 de la semana, por que los otros 5.000 restantes no se pueden sacar, fui a mercar y casi me quedo empeñado en el almacén, y solo pensaba ya en el pago de la semana siguiente. Además de esto me daba cuenta en los baños de la empresa los innumerables grafitis en contra de los CP de llenado y otras plantas. Uno de los grafitis se dirigía a un CP de llenado, ´´la rana nieves´´. Este obrero era uno de los integrantes del sindicato, su apodo de rana se lo había ganado por ser ´´sapo y lambón´´ con los supervisores, aventando a los obreros que no daban al máximo su trabajo, los que se quedaban quietos por allí esperando a que la línea arrancara y no cogían una escoba para barrer o un trapo para ir a limpiar la mesa del operario de maquina etc.

 

Cosas como esta yo iba recordando, como la vez que cerraron el baño de llenado para evitar que los obreros fueran y perdieran tiempo de producción; o la vez que quitaron la greca para que nosotros los de la cooperativa no pudiéramos tomar tinto, mientras los de CP tenían llaves de la oficina donde estaba la máquina; o la vez que sorprendieron a un CP durmiendo en el segundo piso y tan solo le llamaron la atención mientras a un compañero temporal lo suspendieron dos días solo por llegar dos minutos tarde; o las veces que iban los supuestos interventores para ver la seguridad que tenía la empresa y para ver sus fallas y las causas de los accidentes, pero nunca se ponían a ver cuál era la velocidad de las feroces maquinas que hacían que los obreros se mataran empacando y dañaran sus manos, y no miraban la calidad de las herramientas dadas a los obreros como los gatos, los palos para paletizar, los cuales estaban tan dañados que en ocasiones una tabla se salía y te golpeaba la cara al levantarlos; o las neveras de agua que casi siempre estaban vacías, o el sofocante calor del área al cual solo le asignaron dos ruidosos e inservibles ventiladores.

 

Finalmente y luego de muchas semanas de trabajo habría de cumplir mi contrato. Exhausto, adolorido y flaco vi cómo se repetía cada vez la misma historia, cuando a remplazo mío llegaron unas grandes maquinas empacadoras y algunos jóvenes obreros a los cuales les estaban mostrando la estupenda compañía Colgate Palmolive.


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