Entrevistamos a Constantino Alonso, miembro del comité de empresa, secretario general de la sección sindical de CCOO y coordinador de la Comarca Oeste de la Federación de Industria de CCOO de la Comunidad de Madrid. El Militante.— ¿En qué consiste el conflicto?
Constantino Alonso.—
Los problemas en Class Manufacturing, antigua Canon, vienen de lejos. En 2004 la multinacional holandesa decide vender su filial, sin consultar ni informar en ningún momento a los representantes de los trabajadores. La empresa es comprada por los propios gerentes de Canon, que pasan a ser los propietarios de Class Manufacturing. Desde el comité negociamos en ese momento con los nuevos patronos un acuerdo propio de empresa (con validez para cinco años), que recoge todos los avances laborales, salariales y sociales logrados por la plantilla desde 1985, aunque la empresa no quiso aceptarlo como convenio colectivo porque tendría que registrarlo y no estaba por la labor. En este acuerdo figura un complemento salarial (que se suma al salario marcado por el convenio de referencia) y que recoge los incrementos experimentados en los últimos veinte años, además de otros conceptos. En 2009 venció el acuerdo y fue prorrogado por un año más.
En enero de 2009 la empresa presenta un ERE temporal para toda la plantilla alegando una supuesta disminución de pedidos; algo injustificable ya que la empresa cerró el 2008 con amplios beneficios. Finalmente se llegó a un acuerdo con un ERE hasta julio de ese mismo año, por el que trabajaríamos una semana sí y otra no, presentando la empresa un plan de viabilidad y aceptando ésta un paquete de medidas económicas para mantener el poder adquisitivo de los trabajadores (se cobraría el 93% del sueldo en lugar del 70% que marca la ley).
Pero al concluir este expediente, la empresa plantea un nuevo ERE mucho más duro, con 45 despidos y ERE temporal para el resto de la plantilla hasta octubre de 2011 (finalmente logramos que se quedara en 11 despidos, 3 prejubilaciones y el temporal para el resto). Estuvimos con el ERE hasta marzo de 2010, ya que la empresa sacó a trabajadores del ERE y amplió la jornada para poder hacer frente a la carga de trabajo que tenía acumulada. Todo esto demuestra que el ERE no respondía a una situación de crisis de la empresa, sino que ha sido utilizado para abaratar costes y aumentar sus beneficios a costa de los trabajadores. En febrero de este año la empresa ha vuelto a mandar a compañeros al ERE, sacándoles de la producción con el mismo objetivo.
Aquí no acaban los ataques. Además de los EREs, a finales del año pasado, dos meses antes de su vencimiento, la empresa denunció el acuerdo propio que teníamos desde 2004 y han aplicado unilateralmente cambios sustanciales en las condiciones de trabajo. Desde el 1 de enero, amparándose en la reforma laboral (argumentando la posibilidad de tener pérdidas en el futuro, por lo que supuestamente necesitan “sanear” las cuentas), la empresa ha dejado de pagar el complemento salarial en un 90%, imponiendo así una rebaja salarial media de 9.000 euros al año. A lo que hay que sumar la pérdida de los derechos sociales y sindicales que hemos ido logrando durante décadas, ya que ahora mismo sólo estamos sujetos al Convenio de Industria de la Comunidad de Madrid.
EM.— Ante estos ataques, ¿qué medidas habéis adoptado?
CA.—
Los tres sindicatos representados en el comité de empresa (CCOO, UGT y CSIF) hemos firmado la denuncia del conflicto colectivo presentada en los tribunales, y la plantilla se está concentrando diariamente durante la hora del bocadillo para mostrar su rechazo a los ataques que estamos sufriendo. También hemos realizado varias concentraciones en la puerta de la fábrica, dando a conocer el conflicto al conjunto de los trabajadores del polígono.
EM.— Desde El Militante consideramos que, si bien la labor del equipo jurídico es fundamental, sacar el conflicto a la calle es la mejor manera de parar estas agresiones…
CA.—
De hecho, desde la Federación de Industria de CCOO hemos mandado varias notas de prensa, organizamos a mediados de febrero una concentración frente al Ayuntamiento y estamos preparando un calendario de movilizaciones de cara a cuando se acerque la fecha del juicio, para que los jueces sepan la realidad de lo que está pasando y los vecinos de Móstoles se enteren de la difícil situación que estamos sufriendo los trabajadores de Class Manufacturing, una empresa viable que lleva más de 35 años en la localidad. Porque esto es la antesala de lo que puede ocurrir en otras empresas.