Las elecciones municipales celebradas el pasado mes de mayo reflejaron un claro vuelco electoral a la izquierda, castigando duramente la política de Berlusconi y sus aliados. Y aunque el resultado habrá sido una sorpresa para más de un sesudo analista, convencido de la derechización de los italianos, y para el propio protagonista, que cegado de ego las había convertido en un plebiscito sobre su persona; lo cierto es que el descontento profundo y el ambiente de contestación social que se vive en la sociedad italiana, alimentado no sólo por los efectos de la crisis sino por el carácter particularmente reaccionario y corrupto del gobierno Berlusconi y la dura ofensiva de la patronal contra el movimiento obrero, lleva ya meses, si no años, protagonizando la vida política italiana. Ahora este malestar ha tenido una expresión electoral.

Ya las elecciones regionales de marzo de 2010 le dieron un toque de atención al Pueblo por la Libertad (PdL) de Berlusconi, perdiendo más de 9 puntos porcentuales en relación a las generales de 2008. Una tendencia que ahora se ha consolidado.

Tras 18 años en la alcaldía de Milán la derecha –la alianza del PdL con la Liga Norte de Bossi— era derrotada (41% del voto) en la primera vuelta por el candidato del Partido Democrático (PD), que logró el 48%. La candidata del PdL perdía la mitad de los votos obtenidos en las municipales de hace 5 años. Milán, centro financiero e industrial del país y ciudad natal de Il Cavaliere, se ha convertido en el símbolo de su caída.

“Los milaneses que recen y los napolitanos se arrepentirán"

La reacción ante la debacle fue una diatriba amenazante sobre las consecuencias para la ciudad que, según el primer ministro italiano se convertirá en “una gitanápolis árabe gobernada por la hoz y el martillo”. Para seguir caldeando el ambiente, dos días antes de celebrarse la segunda vuelta electoral, durante la cumbre del G8, Berlusconi le espetó a Obama que el problema de Italia es la “dictadura de los jueces comunistas". Unas declaraciones que reflejan su odio de clase y que azuzan aún más la polarización política en el país. Efectivamente, Berlusconi sabe muy bien quién es su enemigo: la clase obrera y la juventud italiana, que ha votado para echarle y que buscan un cambio radical.

En estas municipales la izquierda ha conseguido la victoria, en los municipios de más 15.000 habitantes, en 63 alcaldías frente a 18 de la derecha. Además de mantener las de Bolonia y Turín, en la segunda vuelta, celebrada los días 29 y 30 de mayo, remató la faena haciéndose definitivamente con Milán, donde con una participación que roza el 70% amplía su diferencia con la derecha y gana por más de 10 puntos (55,1% contra 44,9%) y en los nueve distritos de la ciudad. Es muy significativo ver cómo miles de personas, especialmente jóvenes y mujeres, salieron inmediatamente a la calle a celebrarlo. Emanuele Vitali, de 20 años, según recoge el diario El País (31/5/2011), daba saltos de alegría: "Es un viento nuevo para la ciudad y para el país", decía. “Aquí nació el berlusconismo y aquí tenía que morir. Pasó con Mussolini y ha pasado con él también". No menos significativo es que, las palabras del alcalde electo, Giulia Pisapia, hemos “liberado” Milán, en referencia a los partisanos, fueran seguidas por el canto de la gente de Bella Ciao.

Pero es que además la derecha pierde Nápoles (Berlusconi fue abucheado y silbado durante el cierre de campaña) por más 30 puntos (65,4% para Luigi de Magistris, Italia de los Valores, frente a 34,6% del candidato del PdL que se dice cuenta con el favor de La Camorra); Trieste, una de las ciudades más conservadoras del país, donde el PD ha ganado el 57,11% de los votos frente al 42,89%; Cagliari, capital de Cerdeña, donde el PD le saca casi 20 puntos al candidato del PdL; Novara, un feudo tradicional de la Liga Norte, que retrocede en todo el norte del país…

La única conclusión a la que ha sido capaz de llegar Berlusconi ya no sorprende a nadie: “Los milaneses que recen y los napolitanos se arrepentirán".

Más inestabilidad y lecciones para la izquierda

Estos resultados ahondarán la inestabilidad del gobierno que –tras la escisión el verano pasado de Fini— depende del apoyo parlamentario de la Liga Norte y que tiene, entre otras patatas calientes, que llevar adelante antes del verano un nuevo recorte de 40.000 millones de euros para los  próximos tres años. Bossi no ha tardado en echarle la culpa de los malos resultados a los escándalos de  Berlusconi y ha dejado la decisión de si seguirá apoyándolo para el 19 de junio. Por supuesto, las tensiones también se incrementan en el seno del PdL, por primera vez se han oído voces reclamando unas primarias y ya se habla del peligro de "balcanización" del partido (existen cinco corrientes). Y es que el pastel empieza hacerse pequeño para tantos comensales.

Pero más importante desde el punto de vista de los intereses de la clase trabajadora son las conclusiones que se pueden sacar de estas elecciones para la izquierda. No es ninguna casualidad que los candidatos que han protagonizado el vuelco electoral en las ciudades más importante hayan ganado en las primarias (algunos sorpresivamente) a los candidatos oficiales del PD. Es el caso de G. Pisapia (Milán), ex diputado de Refundación Comunista y abogado de profesión, defendió a la familia de Carlo Giuliani (asesinado por la policía en las protestas contra la cumbre del G8 de Génova en 2001), presentó su candidatura a las primarias del PD con el apoyo de Izquierda Ecología y Libertad y el Frente de Izquierdas. Sin duda ha sido visto como un candidato más a la izquierda., él mismo señala cómo la clave ha sido su campaña a pie de calle: “Hablando con la gente en los barrios (…) ví que eran muy escépticos hacia la política, pero que había miles de personas deseando trabajar por la ciudad. Era sólo eso, cuestión de organizar los comités de distrito y coordinarlos”. En Nápoles el candidato oficial del PD fue superado en la primera vuelta por el candidato de Italia de los Valores, de Magistris, que se negó a concurrir con el PD por su implicación en una supuesta compra de voto y que en segunda ronda aglutinó el voto de la izquierda.

El mensaje de las urnas (y hace ya tiempo el de la calle) no refuerza en absoluto las posiciones derechistas de la dirección actual del PD, con Bersani al frente, que sigue empeñado en apoyar todas las medidas económicas de ataque a la clase trabajadora, que rehuye el terreno de la lucha y que busca desesperadamente un pacto con los sectores desgajados del berlusconismo (como Fini) y la vieja democracia cristiana (Casini), sino que clama por un verdadero y profundo giro a la izquierda.