La Conferencia Política del pasado mes de noviembre, que fue convocada bajo el sonoro lema  “Ganarse el futuro”, no hizo más que consolidar todas las posiciones que hoy, a la vista de los acontecimientos, llaman a escándalo de miles de militantes y votantes socialistas y confirman que sólo nos encontrábamos ante más de lo mismo.
Estos meses de “renovación” han dejado claro que la dirección del partido está firmemente decidida, en los momentos decisivos, a defender el orden establecido, en definitiva, a volcarse a favor de los intereses de los capitalistas. Eso es lo que significa realmente la rimbombante frase “tener sentido de Estado”, con la que en tantas ocasiones se llenan la boca los dirigentes del  PSOE.
Esto es lo que hemos podido comprobar, por enésima vez, en torno a la sucesión de Juan Carlos I por Felipe VI. Y aunque pretendan seguir embaucando a los trabajadores, como hemos visto con el patético intento de aparecer diferenciados del PP en el aforamiento exprés de Juan Carlos absteniéndose (eso sí, cuando esa abstención no tenía la más mínima repercusión y no ponía en peligro que se aprobara el aforamiento), es evidente que este tipo de maniobras hoy no tienen el más mínimo efecto. Es en el marco social y político que dimana de la mayor crisis del régimen capitalista desde los años 30, donde se encuentra la clave de la crisis general de los partidos socialdemócratas y del reformismo en general.

Transformaciones en la conciencia

El efecto que esta crisis ha tenido en la conciencia de millones en todo el mundo y la inestabilidad que ha provocado se están llevando por delante las certezas que aseguraban la estabilidad del sistema, entre ellas la preponderancia de los partidos socialdemócratas entre la clase obrera.
En este contexto político, el control asfixiante que ejerce la burguesía sobre la dirección socialdemócrata y el compromiso de ésta en la defensa del capitalismo y sus instituciones, es difícil de camuflar entre las masas y las maniobras, como la descrita más arriba, ya no surten el efecto deseado, más bien al contrario, aparecen como burdos trucos ante los ojos de cada vez más trabajadores. Es en esta base material y política donde hunde sus raíces la crisis histórica que vive el socialismo español.
Las direcciones socialdemócratas, políticas y sindicales, están bajo un shock del que no son capaces de salir y se aferran desesperadamente a seguir defendiendo las mismas políticas con las que se han desenvuelto en el pasado y que están a años luz de dar solución a los problemas que hay planteados.
La vía de escape para el Partido Socialista no radica en las buenas intenciones. Con palabras y poses no van a revertir el profundo desprestigio del partido ante las masas. No es un problema de Congreso o Primarias. Es un problema de credibilidad ante su base social. Años de colaboración con la derecha en los ataques sufridos por la clase obrera, de claudicación ante la burguesía, ha sido lo que ha cimentado un desastre que parece sólo tener parangón con el del PASOK griego.
Declaraciones de exdirigentes como Felipe González refrendan en todo caso cómo representantes cualificados de la socialdemocracia muestran sin complejos hasta dónde están dispuestos a llegar para ponerse al servicio de los grandes capitalistas. Si este rumbo que mantiene el partido lleva a la destrucción del PSOE, es un “sacrificio” que una mayoría de los dirigentes parece estar dispuesta a aceptar. Lo más importante para ellos es la defensa del orden establecido, de un sistema que les asegura sus ingresos y su estilo de vida.

Las medidas cosméticas no
frenarán la pérdida de base social

En este contexto, el “debate interno” de cara al congreso que el PSOE celebrará este mes de julio, está marcado por las más burdas maniobras de los sectores más a la derecha del partido por mantener el control del proceso y que todo quede atado y bien atado. El reglamento aprobado por la dirección no ha permitido que los afiliados puedan avalar a más de un candidato, con lo que se ha abierto la puerta a que las ejecutivas puedan maniobrar a su antojo. De hecho, el resultado obtenido por Pedro Sánchez es un indicativo de lo que quiere el aparato, y de cómo maneja los hilos para lograr sus objetivos.
De los tres candidatos que han pasado el filtro de los avales, al menos dos tienen en común que son caras conocidas de la vieja dirección, ya sea de Partido o Grupo Parlamentario: Eduardo Madina y Pedro Sánchez están nítidamente identificados con el aparato.
El trabajo que están realizando ejecutivas o cargos públicos en favor de alguno de los candidatos muestra, más allá de sus palabras en reuniones y mítines, quién es quién. De momento, parece que el grueso del aparato territorial andaluz se decanta por Pedro Sánchez así como un sector del PSC. Madina es el representante en buena medida de los intereses de los integrantes del grupo parlamentario. Pero ambos candidatos son más de lo mismo: ningún cuestionamiento de la política económica del partido en los últimos años, ninguna revisión crítica de lo hecho. Sólo humo y palabras huecas, aunque incluso en este panorama Pedro Sánchez aparece todavía más escorado hacia posiciones neoliberales.
Pérez Tapias, el candidato de Izquierda Socialista (IS), tiene como bagaje el haberse opuesto, cuando era diputados en Cortes, a los recortes en derechos laborales y a la reforma del artículo 135 de la Constitución que consagra que el dinero público disponible debe servir para reducir el déficit. El que haya pasado el listón de los avales, es un síntoma de que miles de militantes socialistas sí están por la labor de un cambio de rumbo en la política del partido.
El apoyo que recibe en los sondeos abiertos el candidato de IS —eldiario.es le daba favorito con el 43%; Público, en otro sondeo abierto daba un 19,2% a favor de Pedro Sánchez, un 33% a Madina y un 41,8% a Pérez Tapias— demuestra las posibilidades que tendría Izquierda Socialista para jugar un papel interno importante y constituirse en una corriente de izquierda que plantee la batalla por arrebatar el control del Partido a la socialdemocracia, convirtiéndose en un referente interno y externo. Para ello debería defender un programa auténticamente socialista, retomar la lucha de clases y buscar la unidad con las otras fuerzas de la izquierda que lucha y de los movimientos sociales, en un genuino Frente de Izquierdas.

Volver a las señas de identidad del socialismo marxista

En cualquier caso, los militantes de base del PSOE hemos acumulado experiencia suficiente para saber que la aceptación de las reglas del juego del capitalismo no nos conduce ni a mayor democracia ni a mayor justicia social. Pactos, consensos, reformas de instituciones desde dentro, construir un “capitalismo con rostro humano”, etc., etc., etc. En esta época estos planteamientos sólo son palabrería que encubre la defensa de los intereses del capital.
Todos sabemos cuál es el rostro del capitalismo hoy: hambre, paro, ataques a los niveles de vida de los trabajadores y sus familias, liquidación de los servicios públicos. Y lo más lamentable es que los cargos públicos del Partido, a todos los niveles, se brindan a estos ataques sin tapujos. Por eso es tan importante que sea la base militante la que tome en sus manos la revolución que necesita el PSOE. Hace falta un auténtico tsunami, cambiar de abajo arriba toda la política y todo el régimen interno. Hay que volver a las señas de identidad que dieron carta de naturaleza al PSOE, al socialismo marxista, a la lucha de clases, y romper con décadas de colaboración y sometimiento a la burguesía. La tarea no será fácil, pero los acontecimientos que estamos viviendo ayudan a todos los que estamos empeñados en dar esta batalla.


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