¡Desde septiembre sólo 159 personas han sido reubicadas!

La respuesta de la Unión Europea a la llegada masiva de refugiados ha sido de un cinismo y una hipocresía sin parangón. Después de llorar lágrimas de cocodrilo y “lamentar” esta “tragedia humanitaria”, los líderes de todos los gobiernos se han apresurado a responder como sólo ellos saben: en lugar de hospitalidad y medidas solidarias de acogida, se levantan campos de internamiento, se colocan vallas llenas de cuchillas, se rodean a miles de personas aterrorizadas por cordones policiales que ejercen la violencia más arbitraria, y se aprueban a todo correr leyes para aceleren la expulsión masiva de las víctimas de una barbarie que Europa ha fomentado.

La financiación de Turquía y su régimen despótico para que blinden sus fronteras y eviten la llegada de más refugiados, es una prueba más del “humanitarismo” que domina la acción de los gobiernos. Hombres, mujeres y niños que sólo buscan un lugar en el que vivir lejos de la barbarie, ya saben como actúa la elevada “civilización europea”. De manera rotunda y transparente, El régimen capitalista vuelve a mostrar su podredumbre.

El rostro “humanitario” de la UE

La Unión Europea planteó hace tres meses un programa que permitiría reubicar, en principio, hasta 160.000 refugiados dentro de sus fronteras que además recibirían el rango de refugiados políticos. Una cifra a todas luces ridícula si tenemos en cuenta las más de 700.000 personas que han llegado a Europa, fundamentalmente a través de las costas de Italia y Grecia, y que sólo son la punta del iceberg de los más de veinte millones de refugiados y 60 millones de desplazados que actualmente vagan por el mundo. Pero la realidad ha dejado pequeña hasta la peor de las expectativas al conocerse, a principios de diciembre, que tan sólo 159 personas han sido reubicadas, en un proceso que de continuar a este ritmo necesitaría de ¡159 años para completarse y dar acogida a las 160.000 previstas en principio!

Después de escuchar semana tras semana la verborrea sobre la “solidaridad” y los “derechos humanos” de boca de los grandes líderes europeos como Angela Merkel y Hollande, Alemania ha dado asilo a 11 refugiados, Francia a 19, España a 12, Suecia a 39 y Finlandia a 48 (todos ellos provenientes de los campos de internamiento de Italia), en tanto que Luxemburgo acogió a 30 (procedentes de Grecia). Incluso han tenido la desfachatez de celebrar estas cifras insultantes con pomposas despedidas, como ocurrió en Atenas con una ceremonia festiva en el aeropuerto a la que asistieron el primer ministro griego, Alexis Tsipras, junto al presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz y el titular de Exteriores luxemburgués, Jean Asselborn.

Pero por si acaso lo anterior pudiera parecer poco vergonzoso y esperpéntico, los estados de la Unión han expulsado entre septiembre y noviembre a 762 personas a sus países de origen (Kosovo, Albania, Georgia o Nigeria). La cifra sería todavía mayor si Pakistán no hubiera roto el acuerdo de devolución que tenía con la UE y obligado a un avión que procedía de Atenas con 30 pakistaníes a dar la vuelta en pleno trayecto hacia Islamabad.

Criminalización y represión

Esta es la demostración de la auténtica cara de unos dirigentes europeos que quieren evitar a toda costa la llegada de refugiados y están dispuestos a utilizar para ello todos los medios que sean necesarios. El mismo día que estos datos eran conocidos, el premier británico David Cameron no dudaba en felicitar a su homólogo búlgaro por el muro de 33 kilómetros recientemente construido para separar Bulgaria de Turquía y que próximamente se ampliará hasta 120 kilómetros. Cameron señalaba que “lo que han hecho es una lección real de lo que se puede conseguir cuando se da prioridad a este asunto. Por eso seguirán contando con nuestro total apoyo”. Entre las hazañas del gobierno Búlgaro está también el asesinato de un emigrante afgano por el impacto de una bala de fogueo y las constantes denuncias que su policía está recibiendo por el excesivo uso de la fuerza contra aquellos refugiados que tratan de cruzar su frontera.

Los recientes y brutales atentados de París están sirviendo también para impulsar, aún más si cabe, la política de criminalización que pretende difundir la falsa idea de identificar a refugiados y terroristas, a pesar de que justamente los refugiados huyen de los mismos grupos que causaron la masacre de París y de que no hay ninguna evidencia objetiva que demuestre que algún terrorista haya entrado en Europa como refugiado o desplazado. El propio primer ministro francés declaraba recientemente que “no podemos aceptar más refugiados en Europa, eso no es posible” y demandaba un “control férreo de las fronteras exteriores de Europa”. Una intención que es plenamente apoyada por el gobierno alemán así como por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, que ya ha anunciado que la Comisión propondrá el próximo 15 de diciembre la creación de un Cuerpo de Fronteras y Gurdacostas Europeo, que sustituirá al actual FRONTEX ( Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembros de la Unión ). Este nuevo cuerpo tendrá la potestad de desplegarse en un país cuando se constate “una deficiencia grave y persistente” en el control de las fronteras externas de la Unión, así como de vigilar las rutas marítimas por donde pudieran tratar de acceder nuevos emigrados. Toda una declaración de guerra a los miles de refugiados que llaman a las puertas de Europa, y el fin de la “libertad de movimientos” dentro de la propia Unión.

En este mismo sentido está el acuerdo gestionado con Turquía, y del que Ángela Merkel es la principal promotora. Para que el régimen de Erdogan evite —con sus métodos “democráticos” habituales— que más refugiados puedan salir del país e intenten alcanzar territorio europeo, se le premia con ayudas por valor de 3.000 millones de euros y se agiliza el proceso de adhesión de Turquía a la UE. Este apoyo a un gobierno criminal se hace todavía más obsceno y repugnante cuando se sabe que el presidente turco Erdogán es uno de los principales apoyos del Estado Islámico y de otros grupos yihadistas en Siria e Iraq, a los que financia y permite usar su territorio como base operativa para sus actividades.

Los dirigentes europeos y del resto de las potencias imperialistas demuestran una y otra vez que son los enemigos declarados de los cientos de miles de refugiados que buscan en Europa una vida mejor que les aleje de la guerra y la miseria. Y son sus enemigos por una razón sencilla: estos mismos gobiernos promueven la ruina y la destrucción de sus países, y son los responsables de las agresiones imperialistas que arrasan desde hace décadas en Oriente Medio y África. Su única alternativa es seguir como hasta ahora, promoviendo nuevas guerras y conflictos en los que los capitalistas son los grandes beneficiarios. Nosotros, los trabajadores, la juventud, el pueblo de Siria, Iraq, Afganistán, pero también de París y Madrid ponemos los muertos y pagamos las consecuencias. Por estas razones, los refugiados y los trabajadores europeos estamos en la misma lucha contra la misma barbarie: el capitalismo, el imperialismo y los terroristas que ellos han contribuido a crear.