Después de toda la palabrería sobre la reanimación económica en EEUU, los titulares están ahora dominados por una epidemia de escándalos financieros, fuertes caídas en los mercados bursátiles, disminución de la confianza y aumento de la inseguridad.E“La gente del mismo oficio se junta, incluso para alegrarse o divertirse, pero la conversación termina en una conspiración contra el público, o en algún artilugio para aumentar los precios”.

(La Riqueza de las Naciones, Adam Smith).

Después de toda la palabrería sobre la reanimación económica en EEUU, los titulares están ahora dominados por una epidemia de escándalos financieros, fuertes caídas en los mercados bursátiles, disminución de la confianza y aumento de la inseguridad. El nerviosismo en los mercados bursátiles es sólo una manifestación superficial de una crisis mucho más profunda que significa, en el ámbito global, una extrema inestabilidad a todos los niveles, económico, social, político y militar.

El miércoles pasado se produjo una masiva caída en Wall Street de 282 puntos, que provocó caídas en picado en los mercados asiáticos y europeos, antes de continuar con nuevas descensos en Nueva York. El índice FTSE 100 de las principales acciones en Gran Bretaña cayó más de un 4% al día siguiente ¾ la peor caída desde el 6 por ciento que perdió después de los ataques terroristas en Nueva York y Washington ¾ . En un día, se evaporaron más de 45 mil millones de libras del valor de las acciones.

La causa inmediata del pánico fue que la ola de escándalos contables y deprimentes noticias corporativas, afectó gravemente a la confianza de los inversionistas en todo el mundo y, a finales de semana, el índice FTSE 100 permanecía en su nivel más bajo en cinco años.

Los inversionistas estadounidenses se deshacían de las acciones en medio de informes de una investigación federal sobre las prácticas contables del gigante farmacéutico Bristol-Myers Squibb y de una segunda baja de categoría en dos días de las acciones de General Motors. A la hora de almuerzo, el índice industrial Dow Jones había caído 200 puntos, lo que el Guardian describió como un “vertiginoso descenso en picado”. El pánico en el parquet de bolsa de valores fue evidente. “¿Cuándo va a terminar esto?” preguntó Brian Belski ¾ estratega de mercado del banco de negocios US Bancorp Piper Jaffray ¾ . “Vete a saber lo que va a pasar. Nadie tiene idea”.

Las autoridades financieras actuaron para calmar el mercado cuando los inversionistas mostraron signos de pánico. El Ministro de Finanzas francés, Francis Mer, describió las caída como “extremas e incluso excesivas,” comprometiéndose a reforzar la regulación de los mercados. En Londres, un portavoz del Tesoro dijo que Gran Bretaña estaba “mejor ubicada para resistir los altibajos de los mercados financieros” que en el pasado. Continuó repitiendo la trillada canción: “Los fundamentos de la economía permanecen sanos y seguimos siendo cautelosamente optimistas respecto a las perspectivas de la economía del Reino Unido, tanto en este año como en el próximo”.

El jueves las acciones de Bristol-Myers bajaron un 13,6 por ciento, 3,15 de 20 dólares, después que la Comisión de Control de Valores y Cambios (SEC) revelara que había iniciado una investigación sobre la compañía por haber inflado el año pasado sus ingresos por un valor de mil millones de dólares. Los esfuerzos del presidente George Bush por prometer nuevas y duras reformas que afectarían a los dirigentes empresariales no consiguieron mitigar los temores. El influyente mercado tecnológico Nasdaq terminó el miércoles en un nivel más bajo que desde mayo de 1997.

Fluctuaciones violentas

¿Cuál es el motivo de este repentino ataque de nervios? Wall Street se ha visto golpeado por continuas preocupaciones respecto al futuro de los beneficios. Pero la crisis subyacente es mucho más profunda. Las violentas fluctuaciones de los mercados bursátiles mundiales son una expresión gráfica de los violentos cambios de humor de la burguesía. Diez años después del derrumbe de la URSS, el pesimismo y el temor ante el futuro se han apoderado del humor del capitalismo. Se acabó el viejo alarde de confianza. Se acabaron los tiempos en los que la gran mayoría de los economistas expresaban una fe ciega en el llamado Nuevo Paradigma Económico. Hasta los más obtusos defensores de la “economía de mercado” han despertado a la realidad y comprenden que el barco está haciendo aguas, y que ha entrado sin timón en mares inexplorados y tormentosos .

La burguesía y sus estrategas, realmente, no tienen ninguna idea de adónde van. En lugar de una estrategia, han recurrido a una serie de recursos improvisados. Alan Greenspan aumentó once veces los tipos de interés en once meses. Esta conducta sin precedentes por parte de un banquero supuestamente conservador y responsable, es bastante representativa de la conducta general de la empresa estadounidense. Estaban borrachos con su éxito. Parecía que la fiesta no iba a tener fin. ¡Todo era posible!

Ahora se han despertado, a la mañana siguiente, con una resaca. Los beneficios de las grandes empresas se han derrumbado. Y como todos saben, los beneficios son el alma del sistema capitalista. Sin beneficios, no hay inversiones. Es una declaración tan elemental que hasta un niño debiera comprenderla. A menos y hasta que no haya una recuperación del nivel de beneficios, no se puede concebir una verdadera recuperación económica.

Sí, todo es muy obvio. Y sin embargo, y sin embargo... como dijera el poeta: “La esperanza nace eterna en el pecho humano”. La gente prefiere a menudo agarrarse a una ilusión obsoleta a tener que afrontar los hechos. Esto vale especialmente para los inversionistas, que son una especie muy supersticiosa. ¡Miren! ¡Terminó la recesión! ¡La economía de EEUU vuelve a recuperarse! ¿Para qué tanto lío?

El viejo Heráclito, un filósofo profundamente maravillosamente profundo, escribió en su época: “Los ojos y los oídos son malos testigos para aquellos que no comprenden su lenguaje”. Sobre la base de las estadísticas de uno o dos meses, las personas que deberían conocerlo mejor, llegaron a la conclusión de que la recesión en EEUU había terminado. Esta clase de empirismo superficial es bastante incapaz de ver el bosque a causa de los árboles.

La presunta recuperación de EEUU se basaba enteramente en dos factores: la continuación del crecimiento del consumo y la continúa afluencia de capital extranjero. Pero esto no es una base estable para una recuperación. ¿Es realmente necesario que recordemos que la economía se basa en última instancia no en el consumo sino en la producción? El boom del consumo en EEUU se basaba en el crédito, que extiende el mercado más allá de sus límites naturales. El resultado es una insostenible y extraordinaria expansión de la deuda.

Toda la estructura es fundamentalmente enfermiza. EEUU actualmente está desafiando las leyes de la gravedad económica. Por encima de su déficit en la balanza de pagos y de sus colosales niveles de endeudamiento privado y corporativo, hay ahora un inmenso y creciente déficit presupuestario. Es un recuerdo concreto de lo seria que es la crisis. Es básicamente el resultado de la caída de los ingresos tributarios en una recesión, pero está siendo exacerbado por la decisión de George W. Bush de reducir los impuestos al mismo tiempo que aumenta los gastos públicos en áreas como el gasto militar y los subsidios a los agricultores estadounidenses.

Si alguna otra economía en el mundo se comportara de la misma manera, estaría bajo el severo escrutinio del FMI, el dinero escaparía por miles de millones y su moneda sería inmediatamente el objetivo de la especulación depredadora. Sólo la situación especial de EEUU como la mayor economía del mundo, y la única superpotencia, les permite salirse con la suya de esta manera. Pero esta situación es completamente artificial y no puede durar. La economía de EEUU se está balanceando precariamente sobre una montaña de deudas. Tarde o temprano, las montañas sufren avalanchas. Las recientes caídas de los mercados bursátiles son reminiscentes de las pequeñas avalanchas que son el preludio de las grandes.

Una crisis de sobreproducción

Las caídas en los mercados bursátiles son acontecimientos espectaculares que aparecen en los titulares. Algunos observadores superficiales incluso se imaginan que la causa de la crisis se halla en los mercados de valores. Esto, sin embargo, no pasa de ser una ilusión óptica. El pánico en los mercados bursátiles es sólo un síntoma de la crisis subyacente, no la causa. El hecho de que los actuales valores de las acciones no tienen absolutamente ninguna relación ni con los beneficios de las compañías ni con sus perspectivas futuras, ha quedado claro desde hace tiempo. Lo aclaramos cuando el boom estaba en su cenit y no hay necesidad de repetirlo.

Marx explicó que la causa final de todas las crisis capitalistas reales es la sobreproducción. El sistema capitalista es un sistema anárquico en el que los individuos capitalistas, motivados por su codicia de plusvalía, producen para el mercado sin tener en consideración si el mercado puede o no absorber sus productos. En un período de boom todos acumulan en el mercado, las ventas y los beneficios suben vertiginosamente, la demanda aumenta constantemente, impulsando la inversión y la producción, hasta que llega el punto en el que el mercado queda saturado. En ese momento toda la espiral se invierte, con caídas de las ventas, los precios y los beneficios. Los capitalistas ya no pueden obtener plusvalía y dejan de invertir, provocando una crisis. Es precisamente lo que ha ocurrido durante los últimos dos años.

Marx describe el fenómeno de la siguiente forma: “El mercado puede absorber una cantidad de productos a precios a la baja, precios que han caído por debajo de sus precios de producción, que no pudieron absorberse a sus antiguos precios de mercado. El exceso de productos es siempre relativo, es decir, es un exceso a ciertos precios. Los precios a los que los productos son entonces absorbidos son ruinosos para el productor o el comerciante.” (Teorías de Plusvalía, C, ii, 4d. En la edición inglesa)

Esto es precisamente lo que ha ocurrido. Demos sólo un ejemplo, que es enteramente típico. En enero, Global Crossing ¾ hasta entonces era considerada una de las compañías de telecomunicaciones más interesantes ¾ presentó una solicitud de declaración en quiebra después de haberse desplomado debido a un gran juego estratégico que fracasó. La compañía pensó que podía ganar una fortuna pidiendo prestados miles de millones de dólares para instalar cables de fibra óptica y vendiendo su capacidad de transmisión de señales a las empresas. Por desgracia, muchos otros fabricantes tuvieron exactamente la misma idea. El resultado: el mercado de cables de fibra óptica está saturado. Hay una inmensa sobreproducción y los precios se han hundido.

Durante los boom, el crédito es abundante y barato y los inversores están dispuestos a correr los riesgos más absurdos. El último boom no fue una excepción. El dinero no era un problema. Con una bolsa de valores en expansión, el sistema estaba repleto de capital sobrante. Cualquier proyecto descabellado que incluyera la palabra puntocom podía reunir de la noche a la mañana millones sin que nadie hiciera pregunta alguna. Bancos y empresas de inversión aparentemente reputados salieron a gastar dinero desenfrenadamente, y no hicieron pregunta alguna.

Ahora todo ha cambiado. El sector de la nueva tecnología fue el primero en caer. De repente los inversores se dieron cuenta que era improbable que recuperaran su dinero, por no hablar de los beneficios. La estampida para librarse de las acciones es una expresión de esta comprensión tardía. En tales circunstancias, se necesitaba un poco de contabilidad creativa para demostrar a los accionistas que no había motivo para pánico, que su dinero continuaba en el banco, y que todo marchaba a las mil maravillas...

No hace mucho, cuando ocurrió el colapso asiático, los comentaristas estadounidenses escribieron presumidos artículos sobre los males del “capitalismo compinche” en Asia. Ahora, todos tienen claro que la misma enfermedad afecta a EEUU ¾ y a todos los demás estados capitalistas ¾ . Mientras continuaba el boom, con su “exuberancia irracional” y su alegre carnaval lucrativo, nadie se sentía inclinado a investigar a fondo cómo funcionaban los consejos administrativos. Pero ahora, cuando comienzan a soplar los gélidos vientos de la recesión, las cosas se ven muy distintas. Ahora ya es oficial: la corrupción, la codicia y la criminalidad están profundamente incrustadas en el corazón de la empresa estadounidense.

Durante los años del boom, los potentados ejecutivos de las gigantes empresas amañaron tranquilamente los libros de contabilidad y se recompensaron generosamente con las ganancias. Se trata de los mismos dictadores empresariales que estrujan despiadadamente a la fuerza laboral, exigiendo ¾ y obteniendo ¾ cada vez más productividad, despidos, reducción de tamaño, intimidación, ejerciendo una permanente presión sobre los nervios y los músculos de sus empleados para extraer hasta el último gramo de plusvalía. Se hicieron fabulosamente ricos a costa de sus trabajadores. Pero ahora han quedado expuestos como corruptos criminales que llevaron a sus compañías al borde de la quiebra. Ése es el carácter de los “capitanes de la industria” en el EEUU moderno. ¡Lo irónico es que sean los mismos que solían hacer pontificado sobre la corrupción y la ineficiencia de los burócratas en la Unión Soviética!

Las actuales revelaciones son dañinas en más de un sentido. Desde un punto de vista económico, el que la gente sepa ahora que algunas de las compañías más grandes y celebradas han falsificado sus balances para exagerar los beneficios disminuirá aún más la confianza. Si los inversores sienten que les están engañando, y que puede suceder que pierdan su dinero, les será más difícil a las empresas conseguir el dinero necesario para las inversiones. El nerviosismo de los inversores creará aún más inestabilidad, preparando el camino para nuevos desplomes.

Una epidemia de corrupción

La funesta letanía de corrupción corporativa continúa sin descanso. Qwest Communications, la mayor compañía telefónica local en 14 estados de EEUU, se ha agregado a la creciente lista de firmas cuyos asuntos están siendo investigados, junto con los de esas empresas auditoras tan altamente respetables que fueron sus cómplices. Prestigiosas firmas de contabilidad no advirtieron de los problemas financieros de cerca de la mitad de las compañías que presentaron solicitudes de protección de quiebra durante los últimos 18 meses, según un estudio de Weiss Ratings, una empresa de procesamiento de datos de Florida.

Enron, el gigantesco grupo energético, presentó una solicitud de quiebra en diciembre pasado después de admitir que sus beneficios durante los últimos años habían sido aproximadamente 600 millones de dólares más bajos de lo que se había pretendido. Fue el desplome corporativo de mayor envergadura en EEUU Se reveló que la compañía había utilizado “vehículos especiales” o entidades fuera de balance, para mejorar sus beneficios y reducir su deuda. Peor todavía, se reveló que Andrew Fastow había jugado un papel en el manejo de una de las sociedades fuera de balance, en conflicto con su papel de tesorero de Enron. Ganó la insignificante suma de 30 millones de dólares con esa sociedad. En escenas que recuerdan a las antiguas películas sobre la mafia, tanto Mr. Fastow como Kenneth Lay, el Presidente de Enron, recurrieron a la Quinta Enmienda para evitar la auto-incriminación cuando se les exigió que testimoniaran ante un comité del Senado. Un comité del senado en julio decidió que los directores habían “pasado por alto varios signos premonitorios” de que algo iba mal en las cuentas.

Después de Enron, fue el turno de Andersen ¾ los auditores de Enron ¾ . Fue su destrucción como empresas, incluso antes de ser declarados culpables de obstrucción de la justicia en junio. El Presidente de Andersen, Joe Berardino, admitió inicialmente sólo algunos desaciertos, pero la compañía se desplomó cuando admitió que habían realizado una destrucción “acelerada” de documentos relacionados con Enron en su oficina de Houston, después de que la SEC iniciara la investigación de la contabilidad de esa compañía. El socio que dirigía la cuenta de Enron, David Duncan, ha admitido que es culpable de obstrucción de la justicia, pero se espera que sea “tratado con indulgencia” (¡claro!) después de aceptar convertirse en un testigo del estado.

Tyco, un conglomerado que va desde la asistencia médica a las telecomunicaciones, creado por Dennis Kozlowski a partir de un pequeño fabricante de electrónica de Nueva Inglaterra, fue un ejemplo brillante durante los años del boom de los años noventa. En junio, Kozlowski fue acusado de haber evadido un millón de dólares del impuesto sobre tráfico de empresas de Nueva York por compras de arte.

El próximo en la lista fue Global Crossing, la mencionada compañía estrella de la fibra óptica. Sólo con cinco años de existencia, se la está investigando por intercambiar capacidades con otros operadores en un intento de exagerar los ingresos.

En julio, otra compañía de telecomunicaciones, Qwest Communications, anunció que se enfrentaba a una investigación penal. En junio, el Presidente de Qwest, Joe Nacchio, tuvo que dimitir del consejo por haber vendido más de 300 millones de dólares en acciones durante su período. La compañía está tratando desesperadamente de vender activos antes de fin de año para evitar la suspensión de pagos de sus 26.600 millones de dólares de deuda.

WorldCom, sobre la que Michael Roberts escribió la semana pasada, es otro inmenso grupo de telecomunicaciones. Admitió en junio que había contabilizado “erróneamente” 3.800 millones de dólares de costes como gastos de inversión de capital, y que los beneficios que había registrado durante cinco trimestres desde principios de 2001 deberían haber sido declarados como pérdidas. ¡Qué error tan insignificante!

Xerox, la compañía de fama mundial que se hizo un nombre en el campo de los equipos de oficina, revisó sus cuentas en junio porque la compañía productora de equipos de oficina dijo que la llamada “aplicación errónea del GAAP” (niveles contables generalmente aceptados) había exagerado durante cinco años sus beneficios por un total de 1.400 millones de dólares. Xerox ya se había enfrentado a otras acusaciones de la SEC, por las que tuvo que pagar una multa de 10 millones de dólares, varios altos ejecutivos han tenido que abandonar la compañía. A pesar de todo, los inversores siguen nerviosos y sus acciones han bajado.

Merck, la gigantesca compañía farmacéutica, admitió a principios de julio que había exagerado sus ingresos ¾ y sus costos ¾ en unos 14.000 millones de dólares durante tres años. Y que había contabilizado como ingresos dinero que fue pagado a las farmacias minoristas, y que nunca fue utilizado.

Estos problemas tampoco se limitan al otro lado del Atlántico. El conglomerado francés Vivendi despidió en julio a su presidente, Jean-Marie Messier, después de que sus dos principales bancos se negaran a suministrarle más dinero. La compañía francesa debe sobrellevar ahora una deuda de unos 33.000 millones de dólares resultantes de la compra de Universal Music, Universal Studios y USA Networks. Ha negado las acusaciones de que había intentado exagerar sus cuentas.

Elan, una compañía farmacéutica irlandesa, también tiene problemas. El precio de sus acciones también se vieron afectados en enero después de la especulación en la prensa sobre su política contable. La compañía ha admitido que ha utilizado vehículos fuera de balance, y está siendo investigada.

Un régimen en crisis

El significado de la crisis actual va más allá de la economía. Tiene profundas implicaciones políticas y psicológicas. Incluso antes de la actual oleada de escándalos, mucha gente en EEUU estaba empezando a poner en duda la validez del actual sistema. El nivel sin precedentes de abstención en las últimas elecciones presidenciales demostró hasta qué punto los estadounidenses corrientes se sienten alejados del establishment político. En septiembre pasado tuvimos el espectáculo de un presidente “elegido” por fraude, declarando la guerra en todas direcciones. Los acontecimientos del 11 de septiembre tuvieron el efecto de reforzar temporalmente a Bush, pero este proceso, como ya dijimos, se iba a convertir en su contrario. Y puede ser que esto ya haya comenzado.

En el pasado, los estadounidenses consideraban el mundo de la “empresa privada” de la misma forma que los judíos del Antiguo Testamento consideraban las Sagradas Escrituras. Pero ahora todo el ambiente en la sociedad está cambiando. Ha aumentado la sospecha, incluso hay una hostilidad abierta hacia las grandes empresas. Ahora esto se está ampliando a la clase política y a la propia presidencia. Ese es el motivo de los duros ataques, sin precedentes, lanzados por los políticos, tanto republicanos como demócratas, contra la empresa estadounidense. Han comprendido que si no hacen algo (o por lo menos dan la impresión de que no se va a hacer algo) los actuales escándalos podrían llevar a una crisis del propio sistema.

Como resultado de estos escándalos se están formulando preguntas serias: “EEUU recompensaba al trabajo duro y a las personas inteligentes. Pero ahora los estadounidenses están preguntando cuánto del gran boom del país ha sido real, o ha sido el resultado de ejecutivos corruptos que se estaban enriqueciendo a costa de los accionistas, con la ayuda de contables cómplices y banqueros codiciosos.” (The Economist, 11 de julio de 2002)

Todo esto representa más que una simple molestia. Es peligroso, porque las dudas y el cuestionamiento en EEUU no se limitan al sector empresarial. La gente no cree que sea asunto de unos pocos casos aislados. Podrían haberlo creído después del escándalo de Enron, pero no ahora. Hay demasiados escándalos que implican a demasiadas compañías para que sea así.

La crisis en EEUU ya se ha extendido más allá de los consejos de administración de Wall Street. Como una enfermedad vergonzosa y altamente contagiosa se ha propagado a través del cuerpo político, alcanzando los máximos niveles del estado. Debido a las elecciones al Congreso en noviembre, los políticos en Washington DC están extremando sus esfuerzos por tratar de ver quién puede hablar más fuerte contra las fechorías empresariales.

En un discurso a Wall Street el 9 de julio, Bush propuso la creación de un nuevo “equipo SWAT” para los crímenes financieros, para capturar y procesar a los malhechores corporativos. Pero esto no es más que un engaño. Varios de los planes propuestos por Bush necesitarían el autocontrol por parte de las compañías y de los contables. Sobra decir que ninguno de ellos aborda los problemas subyacentes.

Para no ser menos, exactamente al día siguiente, el Senado de EEUU propuso penas más duras. ¿El resultado? El pánico en los mercados bursátiles provocó de inmediato unas caídas más pronunciadas. El miércoles 10 de julio, el índice S&P de las principales acciones de EEUU cayó a su nivel más bajo en cuatro años. El desplome fue contagioso y el jueves 11 de julio las acciones bajaron fuertemente en Asia y Europa.

Los demócratas, con un ojo puesto en las elecciones, apuntan a los estrechos lazos de la administración Bush con el capital. Tanto Bush como su vicepresidente Dick Cheney, tienen que defenderse contra acusaciones de manejos irregulares durante su período empresarial. El agua sucia está salpicando los muros de la propia Casa Blanca. Halliburton es una compañía petrolera que estuvo presidida por Dick Cheney. La SEC está investigando la forma en la que esta compañía manejó los costos adicionales en los trabajos de construcción. Judicial Watch, un grupo conservador, ha demandado tanto a Halliburton como a Cheney por supuesto engaño a los inversores.

Aún más perjudicial es el tema de Harken Energy, una compañía de la que George W. Bush fue director. En 1990 vendió acciones de la firma texana sólo ocho días antes de que se publicara un considerable aumento de las pérdidas. Como poseedor de información confidencial, debería haber informado inmediatamente a la SEC, pero sólo suministró la información de sus ventas nueve meses más tarde. Bush ha echado la culpa a una “confusión” de sus abogados. La SEC investigó en su época pero ¾ naturalmente ¾ nunca tomó medida alguna.

Bush mismo está, por lo tanto, en una posición altamente vulnerable. Se ha visto obligado a defenderse por sus lazos con el gran capital y por acusaciones de prácticas incorrectas. En el actual clima, los estrechos lazos con el gran capital equivalen a un golpe de gracia, como señala The Economist.

“Como primer presidente estadounidense con un grado de maestría en la administración de empresas, siempre se esperó de Bush que fuera más de un poco amistoso hacia la empresa estadounidense y Wall Street. Por desgracia para él y para otros miembros de su administración, la amistad con los consejos de administración y los financieros se ha convertido en algo de desventaja política después de la oleada de escándalos contables. Bush está apoyando al presidente de la SEC, Harvey Pitt, que es atacado por políticos de ambos lados del Congreso. Varios importantes senadores han pedido la renuncia de Mr. Pitt como principal regulador de los mercados de EEUU. Diez meses después de haber sido nombrado para el puesto por Bush, es atacado por dar largas al asunto. Pitt, un antiguo abogado bursátil, es acusado por sus críticos de conflictos de interés que lo han llevado a poner a sus antiguos clientes privados ¾ especialmente a las grandes empresas de contabilidad ¾ por encima del interés público.” (The Economist, 11 de julio de 2002)

En la actualidad, puede ser tan difícil procesar los crímenes financieros que podría ocurrir que nunca se presentasen acusaciones penales. Los adinerados empresarios tienen abogados de mucha labia que pueden sacarles normalmente de situaciones difíciles. Patrick Leahy, un dirigente demócrata y presidente del Comité Judicial del Senado, señaló que: “Si alguien roba un televisor de 500 dólares puede ir preso. Pero parece que si alguien roba 500 millones de dólares de su empresa, sus pensionistas y de todos los demás, no le pasa nada”.

Esto es sólo decir lo que todo el mundo sabe. Hace tiempo Anatole France escribió sobre “el majestuoso igualitarismo de la ley, que prohíbe a ricos y pobres por igual dormir bajo los puentes, mendigar en las calles y robar pan.” Todo el mundo sabe que hay una ley para los ricos y otra ley para los pobres. Sin embargo, la naturaleza espectacular de las recientes revelaciones han permitido a millones de estadounidenses normales darse cuenta de los estrechos lazos entre el gran capital y el establishment político y legal

Un golpe tras otro

A escala mundial, el capitalismo está siendo sacudido por un golpe tras otro. Nuevas crisis y convulsiones estallan incluso antes que las anteriores hayan sido resueltas. Lentamente, un número creciente de personas está comenzando a comprender que algo está fundamentalmente mal. Se están comenzando a poner en duda las viejas creencias. Credos antiguos y profundamente arraigados están siendo socavados. Antiguos dirigentes están siendo puestos en la balanza y se descubren sus deficiencias.

Los que llegan a la conclusión de que la presente crisis es simplemente de naturaleza transitoria están equivocados. No han comprendido la verdadera naturaleza de la época actual. Hay quienes afirman (incluso gente que ha leído un poco a Marx) que la crisis que tenemos ante nosotros sólo tiene un carácter cíclico, y más aún, que tiene un carácter superficial.

Lo que es superficial es un análisis incapaz de distinguir entre una crisis económica cíclica del capitalismo y la enfermedad orgánica de un sistema que ha entrado en una decadencia a largo plazo. En sí, es cierto, la actual crisis de la economía mundial tiene un carácter cíclico. Pero decir sólo esto no nos lleva muy lejos. Es necesario situar la crisis en su contexto histórico.

La naturaleza de la crisis capitalista, su profundidad, duración y sobre todo los efectos que produce en la sicología de las diferentes clases, son todas variables que difieren según el contexto histórico en el que se desarrollan. Las crisis cíclicas del período de auge del capitalismo, desde 1948 a 1974, fueron tan poco profundas que apenas se notaron. Pero la actual situación es muy diferente.

La actual crisis, que está lejos de haber terminado, no se ha expresado todavía en desempleo de masas. Las medidas adoptadas por Greenspan, que equivalían a un aumento del crédito, y otras medidas (descuentos en las ventas, liquidación de existencias, etc.) más la inevitable recuperación de la economía después de la aguda caída que siguió al 11 de septiembre, tuvieron el efecto de reflotar la demanda en EEUU Esto reafirmó temporalmente los mercados bursátiles. Pero todo eso no es lo mismo que una recuperación seria. Ésta no sucederá a menos, y hasta que, se restaure la rentabilidad empresarial, y eso es algo que no se vislumbra por ninguna parte.

Muchos economistas burgueses han señalado que las recesiones receintes han seguido normalmente el modelo de una “doble caída”, en la que una recuperación temporal es seguida después de un cierto retraso por una caída aún más aguda de la producción, el empleo y el precio de las acciones. Es con gran probabilidad un escenario presumible en la actualidad.

Sin embargo, no es ésta la cuestión. El tema es que incluso en estos días, la recesión ha sido la señal de una crisis de confianza sin precedentes, de dudas, cuestionamiento e inestabilidad global, que, como hemos señalado, no se limita de manera alguna a la economía.

La política militar de Bush es una expresión de que EEUU ha tenido la desgracia de haber heredado el papel de la hegemonía en una época de crisis general del capitalismo. A escala mundial, hay claros síntomas de que el sistema capitalista está sufriendo una enfermedad incurable. Las vidas de millones de personas se han convertido en un infierno. Comenzando con las economías más débiles, a las solía llamarse “países emergentes,” hay signos de desintegración, de colapso social y económico. ¡Esto no tiene nada que ver con el ciclo económico!

La llamada Guerra contra el Terror es un manto que pretende disfrazar las ambiciones de EEUU de aumentar su control sobre todos los continentes. Pero, a pesar de todo el poder de EEUU, no ha conseguido ningún resultado positivo. La victoria en Afganistán sigue siendo tan difícil como siempre. En lugar de pacificar Afganistán EEUU ha alborotado el avispero por todas partes. En lugar de erradicar el terrorismo, está creando las condiciones para nuevas y aún peores monstruosidades que las del 11 de septiembre. Son inevitables nuevas conmociones. La crisis mundial tendrá importantes repercusiones en EEUU. Lo mismo que ayudó a Bush a ganar un aura de credibilidad tendrá el efecto contrario.

Por dondequiera que miramos vemos sólo inestabilidad, crisis y convulsiones. Sólo la ausencia del factor subjetivo está frenando el movimiento en dirección a una confrontación decisiva entre las clases. La dirección actual en todas partes está actuando como un gigantesco freno. Pero esto no podrá continuar indefinidamente. La clase obrera volverá a luchar una y otra vez, en busca de una salida a un callejón sin salida que se ha hecho intolerable.

En América Latina hay una profunda crisis desde la Tierra del Fuego al Río Grande. La poderosa economía brasileña se encamina a seguir a Argentina hacia el abismo. A los acontecimientos revolucionarios en Argentina le ha seguido la turbulencia social y política en Venezuela, Perú y en otros países latinoamericanos, en los que la clase trabajadora se está haciendo notar.

En Europa, después de un período de inactividad, los trabajadores se movilizan en España, Francia, Alemania, Portugal, Grecia e Italia. Una vez que éstos entren a la lucha, la nueva generación aprenderá rápidamente. Lenin dijo que para las masas un gramo de práctica tiene el mismo valor que una tonelada de teoría. Las nuevas capas de trabajadores y jóvenes se liberarán del escepticismo y de la rutina de la vieja generación. Estarán abiertos a las ideas del marxismo revolucionario. Los agrandes acontecimientos para ellos serán una escuela dura pero efectiva. Nuestra tarea es ayudarles a sacar las conclusiones necesarias.

Hace una década, la clase gobernante y sus ideólogos estaban henchidos de confianza. Ahora miran con temor el futuro. La actual crisis es sólo una pequeña advertencia de lo que traerá el futuro. Para aquellos en el movimiento sindical, que, bajo la presión de la ideología burguesa, sacaron conclusiones pesimistas ha quedado en evidencia su equivocación. Lejos del cuadro halagüeño de paz y abundancia prometido hace diez años, hemos entrado ahora al período más turbulento de la historia humana.

Lo único que ha salvado al capitalismo, y que sigue salvándolo, es la extrema debilidad del factor subjetivo. Como señaló León Trotsky en vísperas de la Segunda Guerra Mundial: “La situación política mundial en su conjunto se caracteriza sobre todo por una crisis histórica de la dirección proletaria”. Por toda una serie de razones, las fuerzas del genuino marxismo han retrocedido considerablemente. Éste es el elemento decisivo en la ecuación a escala mundial.

La contradicción entre la madurez de la situación objetiva y el retraso de la conciencia, ha tomado un carácter extremo. Es la razón principal por la cual la crisis del capitalismo está tomando un carácter prolongado. Pero esta prolongación de la crisis no significa que tendrá un carácter menos violento, sino todo lo contrario. Cuando un sistema gastado y senil se agarra a la vida, representa una amenaza mortal para la cultura y la civilización humanas.

A pesar de todo, la nueva generación aprenderá. La juventud ya está comenzando a sacar conclusiones revolucionarias y anticapitalistas. Si existiera un auténtico partido y una dirección leninista el proceso sería mucho más rápido. La prioridad absoluta, por lo tanto, es construir una tendencia marxista fuerte que sea capaz de dar una expresión consciente a los esfuerzos inconscientes o semi-conscientes de los trabajadores y la juventud.

Durante todo un período histórico las fuerzas del marxismo fueron pequeñas y estuvieron aisladas, luchando contra la corriente. Pero ahora la marea de la historia ha comenzado a cambiar. En el período venidero nadaremos a favor de la corriente de la historia, no en su contra. Es necesario redoblar nuestros esfuerzos por construir una tendencia marxista, educar a los cuadros y construir puentes en todas partes hacia la clase obrera y sus organizaciones.

En el próximo período, las organizaciones de masas de la clase trabajadora se verán sacudidas de arriba abajo. Ideas que son actualmente sólo son escuchadas por un ínfimo puñado serán buscadas ansiosamente por miles y millones. El escenario se está preparando para las batallas de clase más grandes de la historia. El destino de la humanidad depende del resultado de este conflicto.

Londres, 13 de julio de 2002