Durante meses, ningún sondeo daba ganadora a la opción pro independencia, pero el desencanto y la oposición del movimiento obrero y la juventud escocesa a la política de recortes del Gobierno derechista de Londres, ha ido aumentando el apoyo al SÍ.El domingo 7 de septiembre, una encuesta publicada por The Sunday Times otorgaba al SÍ el 51% de los votos, lo que supone de hecho un empate técnico entre las dos opciones.

El referéndum ha sido saludado por muchos, incluyendo a los dirigentes del PNV o CiU, como un acto de salud democrática del Reino Unido que marca la  diferencia  con  la actitud amenazadora e intransigente del Gobierno español en relación a las nacionalidades que reclaman en la actualidad su derecho a decidir. Pero la decisión de celebrar esta consulta no responde a una cuestión de madurez democrática. En realidad es un reflejo de que la burguesía inglesa es débil y está más dividida.

Que en las elecciones europeas del pasado 25M el partido mayoritario haya sido el UKIP, favorable a la separación del Reino Unido de la Unión Europea, refleja la profundidad de estas divisiones y la inevitabilidad de la aparición de tendencias centrífugas entre la clase dominante de las Islas. Liberales, Conservadores y dirigentes laboristas pensaban que debido a que las encuestas daban una clara victoria del NO en caso de convocarse un Referéndum sobre la independencia, apoyarlo serviría para minar las bases del Partido Nacionalista Escocés que hoy cuenta con la mayoría absoluta en Escocia. Pero este cálculo ha resultado erróneo.

El resurgir de la cuestión nacional en Gran Bretaña, en el Estado español, en Europa y en todo el mundo, es la expresión de la crisis orgánica del capitalismo y de su incapacidad de garantizar el progreso a la mayoría de la sociedad, que alimenta un escenario de creciente balcanización. En el caso europeo, estas tendencias centrífugas se ven reorzadas por las políticas de recortes sociales y destrucción del estado del bienestar que están llevando a cabo los gobiernos tanto conservadores como socialdemócratas.

La cuestión social y de clase recorre el debate sobre la independencia

cameron_escociaDavid Cameron aceptó en 2013 que se celebrase el referéndum en Escocia en un contexto de grandes movilizaciones obreras contra los recortes. La burguesía inglesa intentaba desviar así la atención de las protestas sociales dándose un barniz democrático y poner en un segundo plano los mayores ajustes después de la Segunda Guerra Mundial. Una política en sintonía con la llevada a cabo en la mayoría de Europa, que ha supuesto un tijeretazo de más de 75.000 millones de euros al gasto social británico, que ha rescatado bancos inyectando cientos de miles de millones de euros del presupuesto público, que ha abierto la puerta a la privatización del Servicio Nacional de Salud,  y al llamado “impuesto sobre dormitorio vacío”, una medida que supone que las 660.000 familias que viven en casas sociales tendrán que pagar 17 libras semanales por habitación vacía, y que empujará a 50.000 de ellas a abandonarlas porque no podrán hacer frente al pago de dicho impuesto. Un ataque que agravará aún más la situación de los “sin techo”, que en los últimos dos años han aumentado un 23%.

Los dirigentes del Partido Laborista, y su líder Ed Miliband, han hecho un frente común con conservadores y liberales en contra de la independencia de Escocia, pero la cuestión de fondo es que esta coalición también se extiende a los asuntos fundamentales. Los laboristas se han prestado a dar cobertura a la política antiobrera de Cameron, siguiendo el camino de Tony Blair.

Por parte de la derecha y del laborismo, el voto NO se ha defendido desde el ángulo del catastrofismo y la falta de viabilidad de Escocia como Estado independiente. La campaña “mejor juntos” refleja la actitud hostil hacia la independencia por parte del sector financiero y las grandes empresas británicas y escocesas, que quieren mantener la integridad del mercado británico tal como está ahora, aunque aumentando las competencias políticas y económicas del gobierno escocés, con el fin de implicarles más abiertamente en las políticas de recortes y austeridad.

Por su parte Alex Salmon dirigente del SNP, Partido Nacionalista Escocés, la formación nacionalista burguesa y principal contendiente en la campaña por el SÍ, no ha dejado de asegurar que una Escocia independiente seguirá siendo capitalista, permanecerá en la OTAN y mantendrá la monarquía, y que no se saldrá del guión de la austeridad. Por supuesto, para animar a los partidarios del SÍ también ha hecho guiños demagógicos a que la independencia “respetará” los derechos sociales, que usará parte de los fondos obtenidos de los pozos de petróleo del Mar del Norte para mejorar las pensiones, y que se opondrá al aumento de impuestos.

swp_escociaMientras los laboristas se han alineado junto al nacionalismo dominante inglés, sectores de la izquierda militante, destacando el Socialist Workers Party (SWP) y el Socialist Party (SP), han realizado una campaña activa por la independencia, según ellos “con un contenido socialista”. Argumentan que  la independencia de Escocia respecto al Reino Unido supondría un duro golpe al Estado capitalista británico, debilitaría su posición imperialista por la pérdida de territorios, incluso amenazaría su situación como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Estas formaciones han vinculado la campaña pro independencia a la lucha contra los recortes sociales, como una vía para agrupar fuerzas hacia una Escocia socialista. Sin duda, entre una parte considerable de la clase obrera y la juventud escocesa la idea de la independencia se está identificando como una manera de golpear al gobierno derechista de Cameron y de romper con la lógica de la austeridad.

La campaña del referéndum para la independencia de Escocia ha demostrado como la cuestión nacional y las cuestiones de clase van de la mano. Lo que más ha interesado a la hora de decidir qué posición adoptar ha sido qué pasará con los ingresos del petróleo, con las pensiones, con la salud pública, la privatización de Correos, los salarios, etc. Como decía Lenin la cuestión nacional en última instancia es una cuestión de pan.

 

Derecho a la autodeterminación sí, socialismo también

Pero una cosa es ese sentimiento y la aspiración de las masas de acabar con la pesadilla de un capitalismo en crisis, y otra que la independencia de Escocia sea un paso decidido hacia el socialismo. De ganar el SÍ en el referéndum, a pesar de las buenas intenciones de muchos militantes que se han dejado el pellejo por el SÍ en esta campaña, Escocia seguiría siendo un Estado capitalista, dominado por una elite financiera y empresarial vinculada por miles de intereses con la clase dominante británica. El ejemplo histórico de Irlanda es bastante elocuente para dejar claro que la independencia formal no significa una modificación de las relaciones de opresión económica, social y política respecto al imperialismo británico.

En muchísimas ocasiones a lo largo de la historia, gobiernos y regímenes reaccionarios han utilizado de manera demagógica el derecho a la autodeterminación de las naciones oprimidas en sus luchas de poder contra otras potencias, y por supuesto en su combate contra la revolución socialista, convirtiendo a los pueblos más pequeños en carne de cañón de guerras y conflictos que, además de provocar terribles sufrimientos a la población, los han apartado por todo un período histórico de la lucha por el socialismo.

referendum_escocia1La experiencia de la división de la ex URSS, tras la restauración capitalista, y la guerra criminal que dividió la Federación Yugoslava, que había logrado unir a una parte considerable de los pueblos de la península balcánica tras la revolución social que se dio durante la lucha contra la ocupación nazi, son significativas. La independencia de Croacia, de Eslovenia, de Kosovo… ha convertido a estas pequeñas naciones en baluartes del imperialismo occidental, en colonias económicas y militares de Alemania y EEUU; pero no ha traído más libertad ni más prosperidad a sus pueblos. Recientemente durante el golpe fascista en Kiev y la consiguiente subordinación de Ucrania a la OTAN, Washington, Londres y Berlín, los nacionalistas ucranios han esgrimido la defensa de “la soberanía nacional”.

El imperialismo británico dividió la India, África, Asia, e Irlanda,  ha apoyado la destrucción de Irak, Libia, Siria, Ucrania, la invasión en Afganistán.... provocando  tremendas carnicerías.  Por ello, hablar de la salud democrática del imperialismo inglés por aceptar la celebración del referéndum en Escocia es grotesco.

El movimiento obrero británico está en un proceso de auge, que viene desarrollándose desde el año 2011 como consecuencia de las políticas de recortes sociales del Gobierno Tory. Gran Bretaña, como el resto de los países de Europa sumidos en una crisis endémica, se prepara para escenarios de lucha de clases que dejarán pequeños los años 70 y la huelga general de 1926. Nos enfrentamos a una época de tremendas convulsiones revolucionarias de la que solo la clase trabajadora unida por encima de fronteras nacionales puede ofrecer una salida. La independencia formal de Escocia no acabaría con el poder de la City y las multinacionales. Eso solo es posible mediante la lucha unida de la clase trabajadora por el socialismo. El internacionalismo, la defensa de un programa socialista que una a los trabajadores británicos, escoceses y galeses que tienen vínculos de lucha históricos, es la única forma de desbaratar los planes de la clase dominante, tanto inglesa, escocesa o galesa que, como la experiencia demuestra, actúan de una manera unificada para aplastar las condiciones de vida, los derechos sociales y el futuro de la mayoría de la población oprimida.


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