Las masas sirias han resistido heroicamente todas las ofensivas lanzadas por el gobierno de Al-Assad. Cuando las tropas leales al dictador “pacifican” a sangre y fuego un barrio o una ciudad causando cientos de muertos, inmediatamente la rebelión prende en otros lugares. Así, a mediados de julio se iniciaron las insurrecciones de Damasco y Alepo, las dos principales ciudades del país y que, hasta entonces, parecían mantenerse al margen del conflicto. Aunque tanto los medios afines al Al-Assad como la prensa del imperialismo han tratando de presentar los acontecimientos de Damasco y Alepo como meras ofensivas militares del Ejército Sirio Libre (ESL), lo cierto es que el papel de las masas en ambas ciudades ha sido muy importante, tanto para iniciar la insurrección como para resistir a las embestidas del ejército gubernamental. Han sido los barrios obreros los que han protagonizado las insurrecciones en estas dos ciudades. Además, hay vídeos que muestran cómo las masas salieron a las calles durante los primeros días de la insurrección.* En el caso de Damasco, a las manifestaciones se sumaron, de manera masiva, refugiados palestinos del campo de Yarmuk. Para poder garantizar el control de estas ciudades, el ESL tuvo que apoyarse, sobre todo en Alepo, en los comités locales y conformar patrullas vecinales para numerosas tareas de limpieza, abastecimiento, control de precios… Durante varios días, el gobierno perdió por completo el control de las dos ciudades demostrando una vez más la fuerza de la revolución y de las masas sirias.
Si en esas jornadas Al-Assad no cayó es debido fundamentalmente a los límites que tienen los métodos y el programa del ESL. El Ejérciro Sirio Libre quería formar una zona liberada que uniera sus bases de Turquía con Alepo y los territorios que controla en el sur. Incluso pensaron en que podrían conquistar Damasco y terminar con el régimen. En lugar de hacer un llamamiento a la clase obrera para organizar una huelga general insurreccional en todo el país y organizar y movilizar a los trabajadores para derribar al gobierno con un programa laico y revolucionario, los mandos del ESL, careciendo del mismo, confiaban únicamente en la vía armada. En todo caso, que los enfrentamientos hayan llegado (y aún se mantengan) a las dos principales ciudades de Siria demuestran el callejón sin salida en el que se encuentra el régimen sirio.

El Ejército Sirio Libre

Los mandos instalados en Turquía apuestan por la colaboración con el imperialismo y con los fundamentalistas sunitas pero no son capaces de centralizar y disciplinar los distintos grupos que conforman el ESL en el interior. En todo caso, también las fuerzas del interior están dominadas por elementos reaccionarios. “La mayoría del dinero que recibimos viene de los salafistas. El problema es que pidan algo a cambio, ahí sí vamos a tener dificultades”, confesaba en El País el líder del Comité Local de Al Qusair. La imposición de la sharía, ley islámica, en los territorios controlados por el ESL, la marginación de las mujeres, la mayor confrontación sectaria entre la mayoría sunita y las minorías religiosas y un paulatino abandono de las movilizaciones de masas como método de lucha por la acción militar directa y ajena a las masas son las consecuencias de la nefasta influencia del imperialismo y la reacción y de la ausencia de una alternativa marxista con autoridad ante las masas en el seno de la rebelión.

No hay salida bajo el capitalismo

Pese a la debilidad del ESL, lo más probable es que el gobierno de Al-Assad termine por caer. Las crecientes deserciones en el régimen (hasta el verano eran muy marginales) se han intensificado, demostrando claros síntomas de desintegración en el núcleo dirigente. La más sonada fue la del primer ministro que reveló que Al-Assad sólo controlaba el 30% del territorio sirio.
Qué duda cabe que la probable caída de Al-Asssad será parte del proceso general que ha afectado a todos los países de la región y que ha tenido como motor principal la iniciativa de las masas. Sin embargo, ante la ausencia de una alternativa revolucionaria estos procesos sufren bastantes distorsiones, muy agudizadas en el caso de Siria. En ese sentido no es un factor nada secundario cómo se produzca la caída del dictador. Si el factor predominante en el desenlace es la intervención del imperialismo y/o en un escenario de enfrentamiento sectario y ascenso de los integristas, como todo parece indicar, la caída de Al-Assad, lejos de suponer paz y estabilidad sería una nueva fuente de conflicto, más enfrentamientos sectarios y guerra civil y frustración de las aspiraciones más profundas de las masas, lo que no quiere decir en absoluto que la perspectiva de la revolución quede definitivamente cortada. 
Todos los escenarios posibles bajo el capitalismo llevan en Siria a más muertes y a más miseria. Pero la revolución no está sentenciada si su vanguardia saca las conclusiones adecuadas. Por eso, la principal tarea hoy en día es agrupar a las fuerzas revolucionarias sirias bajo la bandera de un programa de independencia de clase, que, basándose en el marxismo, rompa por completo con el imperialismo y las fuerzas fundamentalistas y que confíe en la capacidad de la clase obrera y de la juventud para transformar la sociedad. La construcción de una organización marxista que defienda estas ideas es crucial para derrotar a todas las fuerzas que, dentro y fuera de Siria, tratan de que la revolución fracase.

* Damasco: www.youtube.com/watch?v=VAm1beqf-KTw&feature=youtu.be&a y www.youtube.com/-watch?v=xezUEzpF-1g
Alepo: www.youtube.com/watch?v=Xnnr9TzMc-Vk&feature=youtu.be