Sólo la administración directa de la industria petrolera por la clase obrera y el pueblo puede cambiar la situación

Durante los últimos años estamos viendo como la situación de colapso económico que sufre Venezuela se está complicando más aún con la  gravísima crisis de PDVSA. La empresa petrolera estatal aporta más del 90% de las divisas que genera el país por exportaciones y es clave para sostener la financiación de todos los gastos del estado venezolano. PDVSA siempre ha sufrido el saqueo y corrupción por parte de los capitalistas y la burocracia del estado.

La revolución bolivariana planteó como uno de sus objetivos acabar con esta situación. Durante varios años, bajo la dirección de Chávez, se destinó un porcentaje mayor de la renta petrolera que en ningún otro momento a gastos y reformas sociales y ello contribuyó a elevar temporalmente los niveles de vida de sectores amplios de la población. Sin embargo, la revolución nunca fue completada y se ha mantenido una economía y un estado que siguen siendo capitalistas. En el último periodo, bajo los gobiernos de Nicolás Maduro, este control del estado y la economía por los capitalistas y la burocracia incluso se ha visto reforzado.

El resultado es que el saqueo y la corrupción en PDVSA continúan e incluso se han visto agravados, al igual que problemas como el abandono de las inversiones en mantenimiento, la caída de la producción y otros, provocando la extensión del escepticismo y la desmoralización entre los trabajadores. Estos ven como, mientras los gerentes, burócratas corruptos y empresarios se llenan los bolsillos, todos sus intentos de participar en la gestión de la empresa e implementar medidas de control obrero han chocado con el sabotaje de la burocracia e incluso con amenazas y actuaciones represivas por parte del estado.

Durante los últimos tiempos se ha generado una masiva renuncia del personal especializado y técnico de PDVSA, después de contribuir durante años a levantar la producción en situaciones muy difíciles como el paro petrolero organizado por la derecha y el imperialismo en 2002, las guarimbas y distintas ofensivas de la derecha proimperialista. Muchos de estos trabajadores han decidido irse del país en virtud de las deplorables condiciones económicas  y sociales que se están viviendo en el marco de la actual crisis económica venezolana. A esto se une la ausencia de un programa y una alternativa revolucionaria por parte de los sectores críticos del chavismo y de las direcciones sindicales que permita organizar y agrupar a los trabajadores, para impulsar formas de lucha y una organización que permitan afrontar la actual crisis y desarrollar una política revolucionaria consecuente en el seno de la industria

Mientras PDVSA, la economía y el estado venezolano sigan en manos de los capitalistas y la burocracia el petróleo venezolano, como ha ocurrido siempre a lo largo de nuestra historia, será un botín en disputa entre distintas bandas de explotadores y especuladores, venezolanos y extranjeros.

La historia de PDVSA

El inicio de la industria petrolera en Venezuela y las concesiones otorgadas a partir de 1904, que fueron negociadas con grandes trasnacionales norteamericanas y europeas, generaron que los diferentes gobiernos  estuvieran inmersos en hechos de corrupción, promovieran el enriquecimiento de la burguesía local y extranjera a través de la captación de la gigantesca renta generada, sometiendo a la economía del país sobre la base de este recurso. Asumiendo de esta manera,  la asignación que impone el capitalismo mundial de la división internacional del trabajo.

La empresa petrolera, desde su comienzo ha vivido batallas internas entre las trasnacionales, reflejándose en la lucha política de la burguesía nacional por controlar el poder de tan importante y estratégico mineral para el mercado capitalista. En los periodos de subidas y bajadas de precios del barril de petróleo, y de manera más firme después de la Primera Guerra Mundial, le permitieron principalmente a las trasnacionales norteamericanas consolidarse y garantizarse casi el 100% del control de la industria, desde la exploración, producción, el suministro de insumos, materia prima, servicios, distribución y ventas. Imponiéndose políticas injerencistas ante todos los gobiernos de turno, incluso a pesar de las medidas clientelares de la nacionalización en 1975.

Con la llegada de Hugo Chavez Frias a la presidencia de la república y la reforma de la Constitución, se desarrollan nuevas medidas convenidas con las trasnacionales, se decide mejorar las regalías petroleras destinadas al Estado,  las cuales eran de 1%; elevándola a un 30%. También se obligó a las multinacionales,  que anteriormente no pagaban el Impuesto Sobre la Renta (ISLR), a tener que pagar el 50%.

Se desarrolla una política exterior, especialmente en la OPEP, sobre el “precio justo del petróleo”, que coincide también con un momento favorable en el que, por distintos factores, se da un alza en los precios petroleros que el gobierno de Chávez utiliza para intentar llevar a cabo una distribución más justa del ingreso petrolero. Rompiendo un poco con la política exclusiva de la cuarta república, que beneficiaba absolutamente a las trasnacionales y a la burguesía nacional, el gobierno venezolano se plantea integrar a PDVSA en un plan de desarrollo económico nacional.

En el año 2002,  esta política del gobierno de buscar beneficiar al pueblo directamente  por medio de los recursos obtenidos de las medidas tomadas en la industria petrolera, choca con el establishment de empresarios, trasnacionales, gerentes, dirigentes políticos y sindicales de entonces, quienes  habían creado en la industria un Estado dentro del Estado; donde manejaban a su antojo negocios turbios, enriqueciéndose una minoría – mientras la pobreza era superior al 60% de la población, lo que provocó el estallido insurreccional llamado “Caracazo” en 1989-. Esta élite petrolera,  se apoyó en el paro patronal después del fallido golpe de Estado a principios del año.

La confrontación permite el resurgir de ideas revolucionarias, y después de una audaz participación de la clase obrera en el combate y rescate de la industria, colocándola en funcionamiento inmediato bajo gestión y control directo de los trabajadores comprometidos con un cambio, se derrota definitivamente a toda esa cúpula gerencial que se formó sobre la base del liberalismo y la apertura petrolera, y que entregaba los recursos a las  grandes trasnacionales. Lamentablemente, la experiencia de gestión y control obrero en PDVSA duró poco.

El mantenimiento de una economía y un estado que siguen siendo capitalistas hizo que los diferentes intentos de los trabajadores de desarrollar el control obrero fueran saboteados e incluso reprimidos por una burocracia que se dice roja rojita pero en realidad sólo busca mantener el capitalismo y reforzar su control burocrático de PDVSA y del estado para desarrollar políticas clientelares que le permitan sostenerse en el poder. En el último periodo, bajo los gobiernos de Nicolás Maduro, este poder de los capitalistas y la burocracia incluso se ha visto reforzado

Burocratización de dirigentes obreros

La grave situación productiva y administrativa de corrupción vuelve a florecer en la industria, con hechos similares a lo que pasaba en la cuarta república: negocios y estafas multimillonarias, sobrefacturación, fugas de divisas, enriquecimientos ilícitos,  demostrados ahora por la Fiscalía General de la  República, donde están involucrados desde políticos (alcaldes, diputados, entre otros), gerentes y presidentes de PDVSA. Esto ratifica que la solución a la actual situación, es el ejemplo de la hazaña asumida por la clase obrera en el 2002; gestionando ahora la empresa bajo administración directa de los trabajadores y el pueblo y con una planificación socialista,  en conjunto con la socialización de la banca, la tierra y las grandes industrias,  también bajo la administración directa de los trabajadores. Esa es la única alternativa para comenzar a sanearla de la  corrupción, consolidarla y hacerla productiva, sería lo que permitiría derrotar en estos momentos las agresiones del imperialismo norteamericano y responder realmente a las necesidades del pueblo.

Las sanciones imperialistas buscan arrodillar al gobierno y afectar la operatividad de la industria petrolera

Actualmente,  Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima (PDVSA) posee importante capital en activos internacionalmente. Entre ellos la empresa Citgo en los Estados Unidos siendo propietaria en un 100%; la RUHR OEL GMBH en Alemania con un 50% de acciones y la empresa Nynäs Petroleum en Suecia, donde su participación es, a partes iguales con la empresa petrolera de Finlandia, Neste Oil Corporation. La estatal PDVSA posee además, a través de Citgo,  refinerías en EEUU (Corpus Christi en Texas, Lake Charles en Louisiana, Lemont en el estado de Illinois), incluyendo 6.000 estaciones de servicio que abarcan 27 estados, una corporación en Houston,  entre otras en Europa  y el Caribe. En las cuales mantiene una administración bajo un concepto capitalista y sometida al mercado neoliberal.

Los gobiernos de los Estados Unidos,  han manteniendo un asedio constante contra Venezuela desde el año 2005, agudizándose cuando el presidente Chávez planteó el socialismo como vía para la soberanía económica. Han sido muchos los funcionarios sancionados desde entonces, pero es el 24 de mayo del 2011, cuando la estatal PDVSA sufre las primeras sanciones, debido a las relaciones comerciales con Irán.

Las sanciones decretadas por el presidente Obama, incluyeron prohibiciones como que “cualquier institución financiera de Estados Unidos conceda préstamos o créditos” a PDVSA; a “transacciones en divisas que estén sujetas a la jurisdicción de Estados Unidos”; y a “transferencias de crédito y de pagos entre las instituciones financieras” donde participe Pdvsa.

“Estas sanciones no aplican a las filiales de PDVSA y no prohíben la exportación de crudo a Estados Unidos”. Esto último deja claro la importancia de mantener activas las industrias que funcionan dentro del país norteamericano, en particular  la operatividad de Citgo.

Incluso también demuestra que la burocracia y el gobierno utilizan  y manipula como excusa para justificar el deterioro de las condiciones de vida del pueblo la reducción del ingreso petrolero. Esta reducción podría tener un impacto mucho menor sobre las condiciones de vida e incluso ser revertido si tanto PDVSA como el estado y el conjunto de la economía estuviesen en manos de los trabajadores y el pueblo y no de los capitalistas y la burocracia, como ocurre en estos momentos. 

Durante los últimos meses los precios petroleros han repuntado (empujados por la guerra en Oriente Próximo y la guerra comercial entre las potencias imperialistas) aunque sin alcanzar ni de lejos los niveles previos a 2008-2009. Pero la realidad es que PDVSA ni siquiera está pudiendo aprovechar esta recuperación de los precios para aumentar su producción. La causa fundamental de ello es el deterioro de las infraestructuras, maquinaria, etc. y de las propias condiciones de vida y de trabajo a causa de la gestión antiobrera, capitalista y burocrática.

Al no desarrollar una política que acabara con el poder de los capitalistas y pasara todo el poder a manos de los trabajadores, el pueblos, los estudiantes, introduciendo innovación en la industria, con el desarrollo de tecnologías que fuera sustituyendo las impuestas por las trasnacionales norteamericanas, el resultado es que los imperialistas están hoy en mejor situación para seguir saboteando y organizar nuevas ofensivas y agresiones mientras entre el pueblo que ha sostenido durante años al chavismo crecen los síntomas de desencanto, escepticismo e incluso desmoralización.

Después de 10 años,  EEUU vuelve con las sanciones en el 2017; cuando se prohíben las negociaciones sobre nuevas emisiones de deuda, de bonos por parte del gobierno de Venezuela y de la petrolera estatal PDVSA. También se intenta imposibilitar la utilización de activos (CITGO) como garantía para nuevos préstamos, y la transferencia de dividendos y ganancias a la casa matriz. CITGO ha aportado casi 2.500 millones de dólares en dividendos a PDVSA desde el 2015, según Fitch Ratings. El gobierno de Trump, planteó sancionar a cualquier entidad estadounidense,  que participe en operaciones destinadas a proporcionar nuevos fondos.

El último golpe sufrido por PDVSA, ha sido la decisión de la Corte Penal Internacional, con un arbitraje a favor de la trasnacional Conocco Phillips por 2 millardos de dólares. De inmediato,  esta multinacional acciona contra los activos de refinanciación especialmente de las islas de Aruba y Curazao. La petrolera de Estados Unidos ha actuado con agresividad para tomar el control de los inventarios de petróleo, cargamentos e instalaciones de PDVSA, pero los tribunales de estas islas han levantado la medida, para garantizar el suministro de combustible y electricidad a la población. Quedando el dinero de la venta retenido por los tribunales locales. Toda esta trama ha creado una avalancha de otras trasnacionales como Rusoro, Crystallex que han demandado, así como tenedores de bonos a quienes se les adeuda, todos a la espera de ver cómo responde PDVSA.

Esta situación ha generado que tanqueros de trasporte de petróleo por aguas internacionales bajaran su fluidez, por el temor a ser embargados. Desde hace varios años,  se vienen presentando problemas de inversión en yacimientos petroleros, paralizaciones de un gran número de pozos;  provocando que de la cuota asignada por la OPEP de 1.927.000 barriles de petróleo por día, tras el anuncio de los recortes en año pasado, se estén produciendo apenas 1.400.000 barriles diarios, con un retroceso productivo de aproximadamente 30 años.

Entre los nuevos planes de la estatal petrolera,  está aumentar la producción de crudo a través de contratos de servicios,  para reactivar los pozos actualmente inactivos en sus divisiones Occidente y Oriente, tal como  reseña una nota de la agencia especializada en energía,  Argus Media.

Tanto el presidente de la república como el presidente de PDVSA,  plantean de una manera abstracta que los objetivos solo se pueden lograr si “se cuenta” con la clase obrera. Pero la realidad es que este discurso para la galería tiene poco o nada que ver con la realidad de las políticas que están aplicando. Cada vez que los trabajadores han intentado participar, y participar significa obligatoriamente que tengan el poder en sus manos y sean quienes decidan, se han encontrado con una resistencia con uñas y dientes de la burocracia, amenazas y ataques.

El único modo de acabar con la corrupción es  la elegibilidad y revocabilidad inmediata de todos los cargos gerenciales y de dirección de la industria por medios de asambleas generales de trabajadores. Mientras se mantenga la situación actual, con una burocracia que se dice socialista pero defiende el capitalismo, dirigiendo la industria, la corrupción de seguro el deterioro continuará y seguirá siendo promovida por las contratistas de servicios y trasnacionales, a quienes les interesa exprimir la riqueza petrolera y a PDVSA.  

¡Corrupción y como la clase trabajadora puede acabarla!

A las sanciones y  embargos que sufre PDVSA,  se suma la grave situación de corrupción que siguió prevaleciendo y se profundizó después de haber sacado la junta directiva liberal y corrupta en el año 2002. Se recuerdan graves casos como el de PDVAL y las compras de alimentos o las sobre facturaciones y usurpaciones de cargo para el desvió de dinero a paraísos fiscales. Siendo un  ejemplo la situación presentada con la filial de PDVSA Bariven y  empresas chinas. Tal como lo señala la siguiente fuente:

http://elestimulo.com/elinteres/estos-son-los-15-funcionarios-investigados-por-corrupcion-en-pdvsa/

http://www.pdvsa.com/index.php?option=com_content&view=article&id=6842:pdvsa-ejerce-nuevas-acciones-en-los-casos-judiciales-de-rincon-y-shiera&catid=10&Itemid=589&lang=es

PDVSA viene arrastrando por décadas la corrupción. Siendo la principal empresa generadora de divisas para el estado venezolano, el 31 de agosto 2017, el nuevo Fiscal General de la República Tarek William Saab, anuncia un gran desfalco a la nación y posteriormente se inician procedimientos de arresto, captura e incautación de bienes,  contra gerentes de la industria petrolera.  Incluso se fugan del país políticos del PSUV involucrados en los casos, estando actualmente procesados más de 80 funcionarios que trabajaban para la industria.

Desde el año 2003, los trabajadores de la estatal petrolera han estado discutiendo y presentando propuestas, planteándose desde la cogestión, comités de gestión obrera, comités guía, control obrero. El problema de todas estas medidas es que fueron descafeinadas en el propio debate por sectores reformistas y burocráticos de la dirigencia sindical y saboteadas por la burocracia porque se impone la política gubernamental de plantear que la empresa no podía estar dirigida por los trabajadores. Manipulando las ideas de los obreros,  hasta lograr derrotarlos, desmovilizarlos y desmoralizarlos.

Los obreros luchadores y combativos,  veían como se iba acabado con la brillante participación y victoriosa lucha del 2002. Comenzaron a recibir jubilaciones forzadas, transferencias injustificadas, despidos directos e indirectos, relegándolos a posiciones de “asesores” o por jubilación prematura, desconocimiento de la capacidad técnica y por otro lado el robo descarado de la industria.  Mientras que desde el gobierno central se defendía a la nueva cúpula burocrática corrupta y a la vez se imponía una dirigencia sindical a dedo, antiobrera, que se apoyaba en sus vicios y negaciones de las elecciones sindicales,  y que incluso negaban la participación de los trabajadores en la elaboración de los proyectos de convención colectiva.

Volver a recuperar los niveles productivos y profesionales de PDVSA, no dependerá de la burocracia, sino de que  los propios trabajadores que actualmente se encuentran laborando, decidan organizarse para administrar directamente la industria,  por medios de asambleas de trabajadores. Enfrentándose y deslastrándose de los factores políticos, sindicales, gerenciales corruptos.

Solo hay una alternativa para salvar a la estatal Petróleos de Venezuela, y es que el poder de dirigir la empresa pase a manos de los trabajadores, donde se apliquen medidas concretas y revolucionarias de empoderamiento obrero,  como las siguientes propuestas:

  1. 1. Gestión directa de las empresas por los trabajadores. Donde todos los funcionarios sean de elegibilidad y revocabilidad inmediata,  por medio de asamblea general de trabajadores. Devengando un salario igual al de un trabajador calificado y evitando privilegios, con la responsabilidad de presentar informes de gestión periódicamente (cada 6 meses y máximo 12 meses) o cuando la asamblea lo exija. Teniendo la disponibilidad de ser rotado, brindando formación y orientación a todos los trabajadores de manera planificada,  para acabar de esta manera con la corrupción y agresión a los trabajadores.
  2. 2. Todos los libros de contabilidad, licitaciones, contrataciones, correspondencia y documentos en general, sin excepción. Así como todos los almacenes y depósitos de materiales, herramientas y productos, sin excepción alguna, deben ser conocidos por los trabajadores. Desarrollando anualmente la elaboración de la estructura de costo, en jornadas de mesas de trabajo.  Con participación libre y democrática, organizada por el consejo de trabajadores, llevando a cabo la presentación definitivas de las propuestas,  en asambleas por departamentos y áreas de trabajo. Finalizando con una gran asamblea general de trabajadores.
  3. 3. Elaboración de un plan de producción de petrolero, debatido y aprobado por los trabajadores, dentro de un plan socialista nacional. Y donde la dirección de PDVSA esté en manos de un comité de trabajadores con voceros elegibles y revocables en cualquier momento, con salario igual al de un trabajador calificado. ¡¡Basta de gerencia elegida a dedo desde la burocracia!!