¡Solo el pueblo salva al pueblo! ¡Solo los trabajadores salvan a los trabajadores!

En el último cuatrimestre del 2019 estallaron conflictos laborales todavía muy dispersos. Los trabajadores petroleros han sido atacados en el Oriente del país con amenazas y acoso, igual lo han vivido los trabajadores del Canal de Televisión Venevisión, así mismo sucedió directamente por un militar hacia los trabajadores en la empresa Pepsi-Cola de Maracay, que posteriormente sufrieron un intento de asesinato. Está, además, el caso de los delegados de prevención del Hotel Pipo Internacional que bajo hostigamiento del organismo de inteligencia CICPC, fueron obligados a renunciar o la detención de los cuatro obreros de la empresa Alimex, que recibieron casa por cárcel.

Estas represiones hacia los trabajadores organizados el año pasado fue un abreboca de lo que se arrecia este 2020. En enero dos dirigentes petroleros han sido apresados en la refinería de petróleo El Palito (Edo. Carabobo), así como un directivo sindical y dos trabajadores del sector público en el Edo. Sucre, todos por intentar reclamar los derechos de la clase obrera. No se pueden olvidar los 8 años de prisión que lleva Ronny Álvarez y la detención de otros dirigentes sindicales de Ferrominera el Orinoco. A pesar de tener diferencias políticas con estos compañeros, las medidas anti obreras que ha utilizado la burocracia del gobierno para tener en prisión a estos dirigentes sindicales son totalmente inaceptables, deben ser denunciadas y combatidas por todos los sindicatos clasistas y militantes de izquierda.

Todos estos ataques se producen en un contexto político y económico muy difícil para los trabajadores.

Contra las políticas anti-obreras de la derecha golpista pro-imperialista y de la burocracia del estado

El golpe de estado organizado por la derecha y ultraderecha venezolana con apoyo de Donald Trump intentaban aprovechar el descontento social con las políticas capitalistas y antiobreras del Gobierno de Nicolás Maduro para poner a su marioneta en Miraflores. Pero no ha logrado ninguno de sus objetivos porque el pueblo ha ido viendo que Guaidó no tiene nada en común con sus intereses y su llegada al poder significaría ataques y represión como las que están aplicando sus amigos los golpistas bolivianos, Duque en Colombia, Piñera en Chile o Bolsonaro contra el pueblo y los trabajadores brasileños.

Al mismo tiempo, Nicolás Maduro y los dirigentes del PSUV- aunque se llenen la boca hablando de “socialismo” y “revolución”- aplican políticas capitalistas que están suponiendo desmantelar todos los avances y conquistas sociales alcanzadas por la lucha de los trabajadores y el pueblo durante los gobiernos de Chávez. Su objetivo es un modelo de capitalismo de estado que convenza a los capitalistas nacionales y extranjeros de que pueden garantizar sus beneficios mejor que la derecha. Junto a ello, han aumentado cada vez más el poder económico y político de los militares y el sometimiento a los imperialistas chinos y rusos. Todo esto está significando un incremento de medidas antiobreras y de la represión contra la organización y movilización de la clase obrera.

El trato a los trabajadores desde el aparato estatal venezolano es diferente a lo aplicado hacia la derecha tradicional que representa el sector de la burguesía que está sentada en la “mesa de diálogo”, sirva de ejemplo la libertad plena de la que disfruta uno de los dirigentes opositores involucrado en el golpe de estado de abril 2018.

Incluso vemos como, mientras muchos golpistas, empezando por el propio Guaidó, se mueven libremente dentro y fuera del país. Se encarcela abiertamente a más dirigentes sindicales, sacándolos detenidos de las asambleas de trabajadores, de sus puestos de trabajo o sedes sindicales, por solo dirigir un discurso o simplemente entregar y colgar un volante de protesta, en defensa de sus derechos laborales y denunciar las políticas anti obreras de la burocracia del gobierno: Desmejoras, suspensiones y eliminación de los contratos colectivos, denuncias sobre la manipulación del “medio salario en petro”, ( que es el pago del salario por la vía de dinero virtual sobre la base de una criptomoneda ), las violaciones de derechos democráticos sindicales...

La agresión que lleva adelante la burocracia contra los trabajadores luchadores es para frenar cualquier levantamiento obrero y mantener al movimiento disperso, luchando por sobrevivir, confrontando la miserable, estar el día a día con la mente ocupada en buscar el resuelve, teniendo que recurrir al empleo informal y hasta caer en el lumpen.

El colapso económico y las políticas de la burocracia dispersa y atomiza al movimiento obrero

Mientras que sectores de la burguesía tradicional se unen a la política consciente por parte del Gobierno de Maduro en favorecer el desarrollo de una nueva burguesía surgida de las propias filas de la burocracia, que se está beneficiando de todo tipo de concesiones gubernamentales y ayudas públicas. También se han flexibilizado las medidas de importación, generando incluso que a finales de año surgieran declaraciones medianamente serviciales de los sectores empresariales como fedecamara y concecomercio.

Estos parásitos burgueses se siguen aprovechando a pesar del caos económico que de la misma manera que lo viene haciendo desde 2008 obteniendo la mayor asignación de recursos desde los años 70. Los inversionistas privados extranjeros se han llevado del país 275.000 millones de dólares, 4,8 veces más de lo que invirtieron entre 1976 y 2018. Ahora con los supuestos resultados “favorables” de fin de año (2019) en la economía se pretende decir que esta comienza a dinamizarse. Pero la realidad es que los leves resultados no son un signo de poder salir de la inflación que se vive.

El sector comercio que no transforma materia prima, ni desarrolla las fuerzas productivas, ni genera amplia fuente de trabajo, son quienes sean beneficiado de estos lineamientos económicos de flexibilización, exoneración de impuesto, libres aranceles entre otras medidas acordadas tras vestidores. La burguesía comercial es el sector más parasitario y controla el 99,87% (243.444 Unidades Económicas) de los establecimientos, mientras que los datos señalan que el sector manufacturero e industria se encuentra paralizado en un 74% y el resto trabaja aun 25% de su capacidad instalada.

La dinámica política económica impuesta a los venezolanos ha sido, mayor importación, mínima productividad nacional solo para exportar, por ejemplo; la apertura de bodegones que importan productos desde Florida, California o cualquier otro país por la vía de la triangulación comercial, justificando cualquier sobre facturación ante los créditos que sigue otorgando el gobierno y para colmo todos los productos se venden con el marcaje de precios en dólares. Así mismo avanzan los acuerdos y convenios con países del sudoeste asiático (ASEAN) en pretender consolidar las seis (6) Zonas Económicas Especiales, donde el objetivo es brindar libre explotación laboral de los trabajadores venezolanos a los capitalistas nacionales y extranjeros, lo cual se evidencia en las industrias básicas y la exportación sin control.

Reorganizar un movimiento sindical clasista, de lucha, democrático y asambleario

La burocracia pretende someter al movimiento obrero para que paguemos la crisis del capitalismo, pero no parece ser nada fácil, a que dado demostrado con las protestas y asambleas masivas que se han presentado por los petroleros en el estado Zulia, incluso toda la dinámica que se dio en la refinería de Puerto la Cruz, en SIDOR, también el levantamiento de los maestros, dejando en shock por momentos a los burócratas sindicalistas tanto opositores como oficialistas. Los capitalistas y la burocracia se aprovechan de la traición de dirigentes reformistas que se han pasado a las filas de la burocracia estatal y la “boliburguesía”, a las de la burguesía de toda la vida y la derecha golpista.

En la búsqueda de la unidad del movimiento obrero es fundamental levantar una alternativa que parta de la defensa irrenunciable de los intereses y derechos de la clase trabajadora. Un sector minoritario de dirigentes sindicales ha aceptado confiar en las promesas de Guaidó. Pero como demuestra el ejemplo de Bolivia, Chile, Brasil o Colombia de la derecha sólo podemos esperar despidos, privatización, ataques y represión salvaje cuando gobiernan. Otro sector denuncia a Guaidó y al gobierno pero dan la espalda o desprecian a los obreros que se declaran chavistas, metiéndolos en el mismo saco que la burocracia que se disfraza de rojo y se dice revolucionaria para ocultar su carácter capitalista. Por otra parte hay, quienes, para supuestamente no separarse de esos obreros chavistas, abandonaron cualquier crítica y se disolvieron dentro de la CBST y del PSUV, renunciando a defender un programa verdaderamente socialista que plantease acabar con el dominio de los capitalistas y la burocracia. Incluso hay quienes han utilizado las luchas de los trabajadores para negociar puestos de elección popular (Diputados, concejales, Gobernadores y Alcaldes) a cambio de bajar la presión y justificarlo como parte de una estrategia o poder conseguir una mesa de dialogo en el ministerio del Trabajo.

El único camino para las organizaciones obreras y populares de Venezuela es romper con cualquier política que signifique supeditarse a cualquier partido capitalista o a la burocracia y construir un frente único que levante un programa de clase, verdaderamente socialista e internacionalista, que se proponga derrotar al imperialismo estadounidense, la ultraderecha y explique al mismo tiempo que para acabar con ellos definitivamente hay que luchar contra las políticas capitalistas y burocráticas que está aplicando el Gobierno.

Es un momento propicio para aprovechar la derrota política que está sufriendo la derecha, Guaidó y el imperialismo EEUU, para colocar en primer plano los conflictos laborales. Esta realidad plantea a los trabajadores la necesidad de organizarse con nuevas formas de lucha, que les permita superar los obstáculos colocados por la burocracia sindical corrupta.

Es necesario reconstruir la organización de los trabajadores desde la base, sumando la mayor fuerza posible, construyendo sindicatos, asambleas de trabajadores y comités en defensa de nuestros derechos dentro y fuera de las empresas o instituciones, basados en la participación democrática, la toma de decisiones de los obreros y la lucha por desarrollar la solidaridad de clase frente a la dispersión, división y desánimo que intentan imponer los empresarios y la burocracia del estado. Cada trabajador debe estar involucrado asumiendo tareas organizadas y planificadas colectivamente considerando las limitaciones del momento que vivimos.
Este debe ser el primer paso para reconstruir un movimiento sindical y organizaciones con un programa de clase que puedan dar respuesta a todos los problemas que tenemos, convertir el malestar que existe en acciones masivas y pacificas en defensa de nuestros derecho y los del conjunto del pueblo, uniendo la lucha de los trabajadores a la de las comunidades vecinas, campesinos y del resto de sectores populares que sufren las consecuencias del actual colapso económico y las políticas de cierre de empresas, despidos, recortes de los capitalistas y burócratas. Es la única vía de conseguir nuestras reivindicaciones laborales y sociales y obtener la victoria.

Un programa de derechos laborales y sociales para luchar, debe contener:

  • Exigir salarios equiparables al incremento constante de la cesta básica.

  • Combatir el deterioro de los servicios y empresas públicas, el desempleo, las concesiones a los capitalistas.

  • Acabar con el asesinato de líderes obreros y campesinos y el encarcelamiento de dirigentes luchadores.

  • No permitir más discriminación de la mujer, racismo y la destrucción ambiental.

  • Recuperar la democracia obrera y el derecho sindical.

Solo así será posible reconstruir el movimiento obrero organizado y la izquierda, dotándolo de una dirección revolucionaria y militante, vinculando la lucha de los oprimidos en Venezuela a las revoluciones en marcha, movimientos de masas y levantamientos que en este momento protagonizan los jóvenes, trabajadores y campesinos de otros países del continente como Chile, Colombia, Ecuador…


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