Los capitalistas lo tienen claro. Ellos, donde atisben posibilidades de negocio, van a tratar de meter sus zarpas y arañar hasta el más mínimo euro que puedan, aunque ello implique que la vida en la Tierra tenga cada día menos futuro. La cita inicial está tomada de la presentación de un folleto de la Fundación Entorno, en la que participan empresas como Acciona, Repsol, ACS, Endesa, etc., empresas que son las más contaminantes del Estado español, pero que también quieren beneficiarse del problema creado por el rápido calentamiento de la atmósfera en las últimas décadas.

El cambio climático es una realidad. Está afectando ya a nuestras vidas y a los lugares en que vivimos y tendrá un fuerte impacto potencial en la vida de las generaciones futuras. De la misma forma que empiezan a hacerse visibles sus efectos físicos, empiezan también a ser evidentes sus efectos económicos. (...)
Siendo lo anterior cierto, también lo es que el cambio climático será -ya lo está siendo- portador de oportunidades económicas. Estas oportunidades vendrán sobre todo de la mano de todas aquellas acciones encaminadas a la reducción de gases de efecto invernadero y a una gestión económica adaptada a los nuevos mercados creados por el calentamiento global.
Cristina García-Orcoyen, directora gerente de Fundación Entorno-BCSD España

Los capitalistas lo tienen claro. Ellos, donde atisben posibilidades de negocio, van a tratar de meter sus zarpas y arañar hasta el más mínimo euro que puedan, aunque ello implique que la vida en la Tierra tenga cada día menos futuro. La cita inicial está tomada de la presentación de un folleto de la Fundación Entorno, en la que participan empresas como Acciona, Repsol, ACS, Endesa, etc., empresas que son las más contaminantes del Estado español, pero que también quieren beneficiarse del problema creado por el rápido calentamiento de la atmósfera en las últimas décadas.

Un problema real

En 2007 fue presentado un informe en la ONU sobre el cambio climático, elaborado por 2.500 científicos de 130 países. Los resultados son contundentes: para el 2030 la temperatura aumentará entre 1,8º y 4º, con lo que desaparecerán los glaciares árticos y disminuirán fuertemente los antárticos, elevándose el nivel del mar entre 28 y 43 centímetros. Habrá muchas más inundaciones y vastas zonas se volverán inhabitables; habrá olas de calor mayores que la del 2003 que dejó centenares, si no miles, de muertos y proliferarán las tormentas tropicales. El agua se evaporará mucho más rápido, con lo que bajará el caudal de los ríos, y eso significa que la energía hidráulica será bastante menor, problema que se sumará a la crisis energética que se vive actualmente.

Debido a los efectos potenciales en la salud humana y en la economía, debido a su impacto en el ambiente, el calentamiento global es motivo de gran preocupación. Algunas especies pueden ser forzadas a emigrar de su hábitat para evitar su extinción debido a las condiciones cambiantes. Conforme el clima se haga más cálido la evaporación se incrementará. Esto causaría un aumento de las precipitaciones lluviosas y más erosión.
De manera clara y tajante los científicos atribuyen el calentamiento global a lo que ellos denominan "la acción del hombre", pero que realmente es causado por la emisión de gases de las fábricas, industrias, automóviles, medios de transporte en general, sistemas de refrigeración, etc., es decir, causado por la dinámica impuesta a la sociedad por parte de un puñado de monopolios internacionales. Aun reduciendo inmediatamente la emisión de gases, el efecto acumulativo de las últimas décadas es tan grande que apenas se producirá un alivio en la situación.

La atmósfera que nos rodea es una fina capa de apenas 100 kilómetros de espesor compuesta de nitrógeno (78%), oxígeno (20,9%) y argón (0,9%). Estos tres gases forman casi todo el aire que respiramos, más del 99,95%. El 0,05% de gases restantes son de gran importancia para la vida en la tierra y entre ellos están los gases de efecto invernadero. La Tierra acumula vida en una estrecha capa de tierra, agua y aire y de ello depende la existencia de todos los organismos vivos. Controla la cantidad de O2 y CO2 en la atmósfera, su temperatura, la cantidad de agua y su ciclo, etc. Si se produce un desequilibrio en estas cantidades, toda la vida podría desaparecer.
El Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) de la ONU advirtió que nos enfrentamos en el siglo XXI a los mayores desafíos de toda la historia. Si no se adoptan medidas urgentes, se producirá un incremento tal de las temperaturas, que dejarán a millones de personas en la hambruna y desaparecerán más del 30% de las especies. El informe final indica que los efectos del calentamiento de la Tierra serán abruptos o irreversibles y lo que hagamos en los próximos dos o tres años determinará nuestro futuro.

El nivel de CO2 actual en la atmósfera es ya de 380 partes por millón, principalmente por quema de hidrocarburos. Se sospecha que existe un umbral (de temperatura, o de contenido de CO2 en la atmósfera) más allá del cual nada de lo que hagamos podrá evitar que la Tierra llegue irreversiblemente a un nuevo estado de calentamiento. Aunque dejáramos de inmediato de agredir a la Tierra, tardaría más de mil años en recuperarse. Extraemos energía cientos de veces más rápido de lo que la Tierra puede reponerla en forma natural. En su búsqueda de rentabilidad a corto plazo, los capitalistas han sacrificado la estabilidad a largo plazo.

Los capitalistas sólo buscan enriquecerse

Como hemos visto al inicio del artículo las multinacionales están preocupadas, pero no por el calentamiento global, sino por sus posibilidades de negocio. A finales de 2007 tuvimos dos acontecimientos relevantes: la concesión del Premio Nobel para Al Gore y los científicos del IPCC, y la Cumbre de Bali para ver si actualizaban los acuerdos de Kioto.

Al Gore, actual adalid de la lucha contra el cambio climático, tiene el dudoso honor de haber sido el que forzase en Kioto a rebajar la reducción de emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) a la atmósfera. La UE pedía el 15%, pero EEUU la bajó hasta el 5,2%.

Después hicieron algo peor: destruyeron el acuerdo. La mayoría insistió en que se hiciese en sus respectivos países. EEUU, con Gore a la cabeza, planteó que los países ricos pudiesen comprar las reducciones a otras naciones. Cuando este acuerdo se aprobó, se creó un enorme mercado, el mercado de los bonos de carbono (ETS), que en realidad es un mercado de reducciones falsas. El ETS funciona sobre la base de asignar cuotas a las empresas. Si una empresa no gasta su cuota, puede vender ese sobrante a las empresas que sí rebasaron el cupo que les fue asignado. Por su dinamismo, el mercado de bonos de carbono se está convirtiendo en uno de los espacios de especulación más grandes del mundo. Por eso no sorprende que la Asociación Internacional de Transacciones de Emisiones, el lobby principal de los especuladores en el mercado mundial de bonos de carbono, haya sido uno de los organismos con mayor presencia en la Cumbre de Bali.

Este año se intercambiaron bonos de carbono por 30.000 millones de dólares en el ETS. Pero el sistema de mercado de bonos de carbono ha sido un fracaso para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero: entre 2001 y 2004 las emisiones de GEI en Europa crecieron un 3% y en 2006 el aumento fue de 1,5%.

Por otro lado, aprovechando el miedo que se está empezando a generar entre la población, surgen proyectos como el de echar partículas de hierro en las Islas Canarias para disparar el florecimiento del fitoplancton y de ese modo absorber más CO2 de la atmósfera y otras similares. Es decir empresas dedicadas a proyectos de geoingeniería tratan de sacar tajada de la situación . Cualquier experimento para alterar la estructura de los océanos o de la atmósfera puede provocar algo peor de lo que se trata de corregir.

El último informe del IPCC representa un avance respecto de la indefinición anterior, pero parte de una premisa falsa. En él se responsabiliza a la emisión de gases producida por la infraestructura técnica que hay en el planeta y acusa a la actividad humana en general de todos los males, sin atacar el fondo del problema: el sistema capitalista.

El capitalismo, con tal de producir ganancias para una minoría de parásitos, no tiene problema en contaminar lo que sea. El efecto lógico de la explotación de los trabajadores por los capitalistas es la destrucción del medio ambiente. El sistema capitalista tiene su lógica en producir al costo que sea y destruyendo lo que sea, seres humanos o el mismo planeta. Por lo tanto, es imposible que las multinacionales capitalistas, que disfrutan de los beneficios de esta expoliación, se decidan a cambiar drásticamente la situación.

Marx y la naturaleza

La humanidad necesita y depende del desarrollo tecnológico; los marxistas no somos tecnófobos, no tenemos una visión romántica de una naturaleza idílica intocable. No, al contrario; la emancipación del hombre significa pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad, como dijo Marx, y esto se logra inventando nuevos recursos técnicos que reemplacen cada vez más tiempo de trabajo humano. Pero el desarrollo técnico debe ser planificado y conducido de manera armónica y amigable con la naturaleza.

Esto lo entendieron perfectamente Marx y Engels, que desarrollaron el materialismo dialéctico cuando las ciencias estaban dando sus primeros pasos, pero que ya intuyeron los problemas a los que la humanidad se tenía que enfrentar. Marx, a quien todos asociamos con la economía, estaba también preocupado por el desarrollo de la agricultura. En El Capital, tomo I, denuncia cómo el ciego afán de beneficio había agotado el suelo de Inglaterra lo que provocaba tener que abonar los campos con guano importado de Perú. Por otro lado, el concepto que usaba para definir la relación del hombre con la naturaleza a través del trabajo, era el del metabolismo:
"El trabajo es, antes que nada, un proceso que tiene lugar entre el hombre y la naturaleza, un proceso por el que el hombre, por medio de sus propias acciones, media, regula y controla el metabolismo que se produce entre él y la naturaleza. Se enfrenta a los materiales de la naturaleza como una fuerza de la naturaleza. (...) A través de este movimiento actúa sobre la naturaleza exterior y la cambia, y de este modo cambia simultáneamente su propia naturaleza...".

Pero también Marx nos advierte en otra parte: "Pero no nos alabemos en exceso por nuestras humanas victorias sobre la naturaleza. Por cada una de ellas se toma la naturaleza su revancha contra nosotros. (...) Se nos recuerda así a cada paso que en modo alguno dominamos la naturaleza como domina un conquistador un pueblo extraño, como alguien que estuviese fuera de la naturaleza; sino que con nuestra carne, sangre y cerebro pertenecemos a la naturaleza, existimos en medio de ella, y toda nuestra supremacía consiste en el hecho de que tenemos la ventaja, respecto a todas las demás criaturas, de ser capaces de aprender sus leyes y aplicarlas correctamente".
Hay una única forma de empezar a resolver el drama del calentamiento global. Y es cambiando la forma de organización social y económica. Como explica Alan Woods en Razón y Revolución: "La solución a los acuciantes problemas del mundo sólo se puede lograr con un sistema socioeconómico que esté bajo el control consciente de la gente. El problema no es que haya un límite inherente al desarrollo, sino un sistema de producción caduco y anárquico que despilfarra vidas y recursos, que destruye el medio ambiente y que impide el pleno desarrollo del potencial que existe en la ciencia y la tecnología".