Faltan todavía cuatro meses para que finalice 2022, pero la crisis global del capitalismo se ha profundizado hasta tal punto que nunca antes, en sus cien años de vida, la vieja consigna de “socialismo o barbarie” había reflejado tan exactamente la disyuntiva ante la que nos encontramos.

La confrontación entre los dos grandes bloques imperialistas liderados por EEUU y China ha sobrepasado ya los límites del conflicto comercial y económico para entrar abiertamente en una guerra que, aunque de momento está localizada en territorio ucraniano, podría en cualquier instante extenderse a otras áreas geográficas o iniciar súbitamente una escalada que, con la central nuclear de Zaporozhie en plena línea de fuego, abriría las puertas a un desastre todavía mayor.

En las últimas tres décadas no han faltado injerencias, golpes de estado y guerras promovidas por el imperialismo occidental que han dejado un saldo de más de un millón de muertos, 40 millones de refugiados, colapsos económicos y un reguero de destrucción que redujo a ruinas a países enteros. Pero ahora se ha dado un paso más. El imperialismo estadounidense, en un intento desesperado de evitar su decadencia y de conservar la hegemonía mundial, busca un enfrentamiento frontal con China y Rusia. Por eso la escalada bélica se ha precipitado en Ucrania con visos de prolongarse más tiempo, y nuevas provocaciones estallan en otras áreas como en la isla de Taiwán y el sudeste asiático.

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La confrontación entre los dos grandes bloques imperialistas liderados por EEUU y China ha sobrepasado ya los límites del conflicto comercial y económico para entrar abiertamente en la guerra.

Inflación disparada y perspectiva de una nueva recesión

La escalada bélica y las sanciones contra Rusia han puesto en marcha una dinámica descontrolada de subida de precios y de empobrecimiento mundial. En América Latina esta dinámica se suma al largo periodo que tiene el imperialismo EEUU ejecutando políticas criminales como el bloqueo imperialista contra el pueblo cubano desde los años 60 del siglo XX o las sanciones y bloqueo a Venezuela, respaldadas por la Unión Europea y los gobiernos de derecha del continente – “El Grupo de Lima”- que contribuyeron al colapso de la industria petrolera. Sin embargo, el fracaso de la ofensiva golpista de Washington en Venezuela y Bolivia puso de manifiesto su decadencia frente a China y Rusia, que posteriormente la retirada de Afganistán hizo evidente ante todo el mundo. El apoyo chino y ruso fueron claves para que el gobierno de Nicolás Maduro mantuviese el apoyo de los militares y conservase el poder.

El precio ha sido acelerar el giro brutal a la derecha de los dirigentes del PSUV y su aceptación del capitalismo, liquidando el proceso revolucionario encabezado por Hugo Chávez e impulsando un régimen capitalista de estado que ya está sufriendo duramente las consecuencias de la crisis capitalista mundial y lo hará aún más durante los próximos años

La economía capitalista está muy lejos de haber superado la crisis de sobreproducción iniciada en los años 2007 y 2008. Igual que ocurrió después del crack en 1929, tras una fase de recesión aguda —entre 2008 y 2012— se abrió un período de crecimiento del comercio mundial y, con la imprescindible ayuda de las políticas de estímulo y expansión monetaria de los Bancos Centrales de todo el mundo, de una cierta recuperación de la actividad económica y el empleo. Esos años se caracterizaron por una especulación desbordada, especialmente en las materias primas, pero también expresada en burbujas financieras y bursátiles. Los beneficios empresariales crecieron vertiginosamente, hasta que, coincidiendo con la pandemia, el impulso de los estímulos económicos empezó a agotarse y las causas profundas de la crisis de 2008 volvieron a primer plano, colocándonos a las puertas de una nueva y, muy probablemente, más profunda recesión.

Pero las sombrías perspectivas de la economía no afectan a los beneficios de las grandes corporaciones capitalistas. Todo lo contrario. Trimestre tras trimestre, bancos, industrias, grandes empresas de la distribución y, sobre todo, del sector de los hidrocarburos y de la energía, anuncian nuevos récords en sus cuentas de resultados. ¿Cómo lo consiguen? Aumentando de forma salvaje la explotación de sus asalariados y aprovechando la ola de inflación, que ellos mismos alimentan al elevar los precios de sus productos y servicios mediante la especulación y el acaparamiento, para recortar los salarios reales de la clase trabajadora.

No solo la clase trabajadora sufre las consecuencias de la incesante búsqueda del lucro privado que es consustancial al capitalismo. También nuestro planeta sufre una devastación que, de seguir así, pondrá en peligro las vidas de millones de personas y nuestra propia supervivencia como especie.

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No solo la clase trabajadora sufre las consecuencias dell capitalismo. También nuestro planeta sufre una devastación que pone en peligro nuestra propia supervivencia como especie.

Las olas de calor son insoportables, los incendios forestales provocados, por ejemplo, en la Amazonía de Brasil, la contaminación histórica que sufren las aguas de América Latina, que está generando la pérdida humana de 1,5 millones de niños (Fuente: Humanium.org), los derrames de petróleo y vertidos de desechos industriales y metales pesados o la pérdida de cosechas se suman al desastre que los industriales están provocando en el mundo. Todo ellos son síntomas más evidentes de que el capitalismo mata la vida.

Y cuando mayor y más evidente es la destrucción de nuestro hábitat, los gobiernos y los grandes monopolios capitalistas, que ayer se llenaban la boca de discursos “ecologistas”, de “responsabilidad ambiental” y de otras frases vacías, ahora dan un paso atrás y aplazan cualquier medida contra el cambio climático. Los grandes fondos, como BlackRock, vuelven a invertir masivamente en minas de carbón y la UE declara que el gas y la nuclear son “energías verdes”. ¡Todo, incluso la vida en la Tierra, queda subordinado a los beneficios del capital!

Un horizonte de grandes conflictos y levantamientos sociales

La crisis de los métodos tradicionales de dominación capitalista, que se hizo evidente a raíz de la crisis de 2008, no ha dejado de agudizarse.

La descomposición del sistema parlamentario en Estados Unidos, con un presidente activo que intentó dar un golpe de estado, impune hasta el momento; el colapso de los gobiernos de derechas como en Chile, Ecuador entre otros o la perspectiva de la pérdida del poder del ultraderechista Bolsonaro en Brasil, son señales de las dificultades de la burguesía para mantener su dominación mediante los mecanismos parlamentarios.

Por otra parte, los gobiernos de izquierda reformista que intentan desmovilizar a las masas buscando pactos con la derecha y los capitalistas para gestionar el capitalismo están cosechando un creciente malestar social, como hemos visto con el gobierno de Pedro Castillo en Perú. O -como explica otro artículo en este mismo periódico- con Boric en Chile. Tras renunciar a aplicar políticas revolucionarias en favor de los pobres su popularidad ha caído del 60 al 37% y su rechazo escalado del 20 al 57% en seis meses.

Lo mismo vemos en Argentina con Alberto Fernández, cuyo sometimiento a las directrices del FMI está provocando la respuesta de las masas, desarrollando elementos para una situación revolucionaria o pre-revolucionaria si la izquierda anticapitalista consigue dotarse de un programa y métodos que le permitan aglutinar ese descontento social. O en Bolivia, donde crece el rechazo entre las masas que votaron por Arce para derrotar a los oligarcas golpistas impuestos por EEUU. Los dirigentes del MAS, como los del PSUV en Venezuela, persiguen estabilizar un capitalismo de estado, sacrificando las reivindicaciones y necesidades obreras y populares a las inversiones y exigencias de los imperialistas chinos.

Pero al mismo tiempo que los círculos del gran capital anhelan cada vez más soluciones autoritarias o en ultima instancias negociadas a su favor con gobiernos reformistas auto llamados de “izquierda”, el malestar social se extiende en todo el mundo. La revolución en Sri Lanka, donde los jóvenes, trabajadores y campesinos -superando la represión y todas las maniobras capitalistas- derribaron al gobierno títere del imperialismo muestra la fuerza de las y los oprimidos cuando nos ponemos en marcha y el camino que seguirán otros muchos países.

Revolución y contrarrevolución en América Latina

En Latinoamérica, el intento de desviar la revolución al terreno electoral y parlamentario mediante la Asamblea Constituyente o las promesas de gobiernos reformistas moderados se estrellan con este contexto de crisis mundial del sistema que impide cualquier avance dentro del sistema. la lucha entre revolución y contrarrevolución solo se puede resolver o con la toma del poder por la clase obrera para expropiar los bancos, la tierra y las grandes empresas bajo gestión directa de los trabajadores y resolver los problemas del conjunto de las y los oprimidos o con su aplastamiento por las oligarquías, imponiendo las políticas de saqueo de los recursos naturales, explotación y barbarie que imponen tanto el bloque imperialista de EEUU y sus aliados de la OTAN como el formado por China y Rusia.

Venezuela, a pesar de la situación de reflujo político y desmoralización de amplios sectores de las masas que ha producido la liquidación por parte del actual gobierno sobre los avances revolucionarios que lideró Hugo Chávez no es una excepción a este proceso.  La clase trabajadora comienza a sacar conclusiones y dar luchas defensivas por sus derechos, aumentando las protestas, huelgas y el reagrupamiento de sus fuerzas.  

Como ya vimos durante el proceso revolucionario venezolano, fuerzas no faltan a los pueblos para llevar adelante una verdadera transformación revolucionaria de la sociedad. Lo que ha quedado demostrado es la falta de un programa revolucionario y socialista que ofrezca una vanguardia alternativa forjada en las ideas y métodos marxistas frente a la crisis capitalista y a la catástrofe que nos amenaza

¡Hoy más que nunca, la revolución socialista es la única alternativa! Solo arrebatando los medios de producción de las manos del puñado de plutócratas que los poseen para su exclusivo beneficio, seremos capaces de organizar y planificar la producción de bienes y servicios de forma que, con pleno respeto al medio ambiente, las necesidades básicas de toda la Humanidad queden cubiertas. La tarea más urgente es organizarse ¡ya! para prepararla.

¡Únete a Izquierda Revolucionaria!


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