En 1871 los trabajadores y los jóvenes de París asumieron la tarea de transformar la sociedad con un extraordinario nivel de coraje, iniciativa y creatividad. Marx saludó el heroísmo de los comuneros, “que toman el cielo por asalto”, al tiempo que no dudó en criticar sus errores.

Errores de la Comuna

En particular les criticó el no haber nacionalizado el Banco de Francia, del que Thiers obtenía el dinero para armar a la contrarrevolución. El segundo error fue la excesiva indulgencia del proletariado para con sus enemigos. En esos días Marx escribía: ”Si son derrotados sólo habrá que culpar a su buen natural. Deberían haber marchado enseguida sobre Versalles después de que Vinoy primero, y luego la parte reaccionaria de la Guardia Nacional de París se hubieran retirado. Se perdió el momento oportuno por escrúpulos de conciencia. No quisieron desatar la guerra civil, como si ese torcido aborto de Thiers no hubiera desencadenado ya la guerra civil con su intento de desarmar París”. (De una carta de Marx a Kugelman. Londres. 12 de abril de 1871)

Lenin criticó igualmente esta actitud de los obreros de París, pero hay que decir que los bolcheviques fueron también benévolos con sus enemigos en los primeros días de la revolución. Años mas tarde Trotsky diría: “Si la revolución hubiera manifestado desde el principio menos inútil generosidad, centenares de miles de vidas se habrían ahorrado en lo que siguió.” (Trotsky, Su moral y la nuestra).

Otra de las razones de la derrota de la Comuna fue su incapacidad para extenderse al resto de Francia. La mayoría de la población francesa estaba compuesta por campesinos, siendo la clase obrera una minoría.

A principios del siglo XX la sociedad rusa era también mayoritariamente campesina, pero donde la inversión de capitales extranjeros había creado industrias modernas en varías ciudades, desarrollando un proletariado, que aunque minoritario, estaba muy concentrado en grandes fábricas.

En 1905 Trotsky valoraba que si la clase obrera francesa pudo tomar el poder en 1871, estando agrupada en pequeños talleres de 40 a 50 operarios, sería más fácil en Rusia con establecimientos industriales más grandes.

Trotsky veía en el campesinado a una masa heterogénea, dispersa y con enormes prejuicios chovinistas y religiosos, pero de cuya alianza necesitaba el proletariado urbano (al menos con sus sectores más pobres) para llevar a cabo la revolución socialista. El atraso del campo ruso, el enorme peso social de la pequeña burguesía en el mismo, eran un peligro potencial para la revolución socialista. Lenin y Trotsky confiaban en la extensión de la revolución a otros países, para que la combinación de la técnica avanzada de estos y los recursos humanos y naturales rusos impulsaran la economía socialista y la revolución pudiera salvarse.

Todas las revoluciones comienzan con un movimiento espontáneo de las masas. Pero el espontaneísmo tiene sus límites. Durante meses los obreros de París, sin otra fuente de conocimientos que su propia experiencia, ensayaron soluciones a los nuevos problemas que afrontaban: la creación de un estado obrero, la supresión del capitalismo, y que exigían una respuesta apremiante. La falta de tiempo impidió a la Comuna comprender la situación en que se hallaba y la puesta en práctica del programa socialista a que se orientaba.

Los errores de la Comuna pueden concentrarse en los errores de dirección. Un partido obrero armado con la teoría revolucionaría del marxismo, ligado por múltiples vínculos a la clase obrera a través de años de lucha hubiera ayudado al proletariado a liberarse de errores, dudas e indecisiones fatales y a encontrar el camino de la victoria.

La Revolución Rusa y la Comuna de París

La Comuna dejó su huella en los procesos revolucionarios que le siguieron. La generación de 1917 fue educada sobre su experiencia y Lenin, tras el triunfo de Octubre, diría que “la Revolución Rusa se había llevado a cabo sobre los hombros de la Comuna de París”.

Existen sin duda grandes paralelismos entre la Revolución de Octubre y los episodios de la Comuna de París de 1871. Guerra, hambre, autocracia, injusticia y escasez, fueron las condiciones bajo las que se produjeron los levantamientos espontáneos de masas que iniciaron ambas revoluciones.

“La antítesis del Imperio era la Comuna”, escribía Marx a propósito del París revolucionario, en el que frente a la camarilla de Thiers, representante de toda la burguesía francesa, se alzó el poder de los obreros armados de la Guardia Nacional. En febrero de 1917, en Rusia comenzó también a erigirse desde abajo un nuevo gobierno: el Soviet de Diputados Obreros y Soldados (con estructuras organizativas básicamente iguales a las de la Guardia Nacional). En contraposición al Gobierno Provisional, defensor del orden capitalista. Esta situación inestable, reflejo de los intereses contrapuestos de clases en lucha, sería caracterizada por Lenin como de “doble poder”.

Pero este estado de cosas no podía durar eternamente. O bien los soviets se encaminaban a la revolución proletaria ó Rusia retrocedería de nuevo a la autocracia.

Conforme iban madurando las condiciones para la toma del poder, surgió una diferencia entre Lenin y Trotsky sobre el momento de llevar a cabo la insurrección.

Lenin insistía en que fuera cuanto antes. Trotsky en cambio defendía que el levantamiento armado tenía que contar con la legitimación del II Congreso de los Soviéts de toda Rusia que se iba a celebrar el 24 de octubre. Lo que redujo la importancia de este enfrentamiento fue que en la primera semana de ese mes, Kerensky dio la orden de trasladar dos tercios de la guarnición de Petrogrado al frente. El hecho de la negativa de los regimientos a obedecer la orden, el 16 de octubre ¾ episodio similar al fracasado intento de arrebatar los cañones de Montmartre a los comuneros por las fuerzas de Thiers ¾ era para Trotsky tres cuartas partes de la insurrección, por lo que tenía de desafío directo al gobierno. “Desde que, por orden del Comité Militar Revolucionario, los batallones se negaron a abandonar la ciudad, teníamos en la capital una insurrección victoriosa, apenas velada por los últimos jirones del Estado democrático burgués. La insurrección del 25 de octubre revistió un simple carácter complementario” (Trotsky. Lecciones de Octubre).

El marxismo y la experiencia de la Comuna

A lo largo del siglo XIX, al tiempo que la burguesía establecía relaciones capitalistas en el campo, desarrollaba la industria mediante la introducción de innovaciones tecnológicas, y de todo ello obtenía enormes beneficios, daba lugar a la creación de una clase social cada vez mas numerosa: el proletariado, cuyo papel en la producción y sus infames condiciones de vida y trabajo le conducían a un enfrentamiento directo con la burguesía.

En 1848, cuando estalla la revolución en Europa, la clase trabajadora va atener una intervención importante, mientras que la burguesía de la mayoría de los países europeos se revela ya como una clase contrarrevolucionaria , incapaz de llevar hasta el fin las transformaciones democrático-burguesas y sobre todo con intereses (defensa de la propiedad privada) antagónicos a los del proletariado que demanda transformaciones sociales.

Al analizar las causas de la derrota de los trabajadores en la revolución francesa de 1848, Marx llegó a una la conclusión que aún no figuraba en el Manifiesto Comunista: la clase obrera no puede tomar simplemente posesión de la máquina estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines; esta maquinaría burocrático-militar ha de ser destruida.

Marx en 1847, en el Manifiesto Comunista, daba a esta pregunta una respuesta “que señalaba las tareas, pero no los medios para resolverlas”, en palabras de Lenin. “Organización del proletariado como clase dominante”, “por la conquista de la democracia”, eran los términos abstractos con los que Marx respondía a esta cuestión.

Marx y Engels siguieron con atención los acontecimientos de la primavera de París de 1871 y en la forma en que se organizó la Comuna, las medidas que se tomaron y las instituciones que el pueblo se dio encontraron la respuesta concreta tanto a la forma que habría de revestir la organización del proletariado como clase dominante, así como a la conquista de una democracia incomparablemente superior a la existente en cualquier estado burgués.

La supresión del ejército permanente por el pueblo en armas para impedir la vuelta al poder de la burguesía ; la completa elegibilidad y movilidad de todos los funcionar os, con retribuciones no superiores al salario medio de un obrero ; la abolición del parlamentarismo, es decir, la Comuna convertida en una corporación de trabajo en vez de “un lugar de charlatanería”, con poder legislativo y ejecutivo al mismo tiempo y responsable ante los ciudadanos, eran las medidas que adoptaba el primer gobierno obrero de la historia y que llevaban implícita la disolución del propio Estado.”¡Y ,desde el momento en que es la mayoría del pueblo la que reprime por sí misma a sus opresores, no es ya necesaria una “fuerza especial de represión”! En este sentido el Estado comienza a extinguirse. En vez de instituciones especiales de una minoría privilegiada(la burocracia privilegiada, los jefes del ejército permanente), puede llevar a efecto esto directamente la mayoría, y cuanto más intervenga todo el pueblo en la ejecución de las funciones propias del poder del Estado tanto menor es la necesidad de dicho poder” (Lenin. El Estado y la Revolución)

Este “semiestado” obrero fue caracterizado por Marx y Engels como dictadura del proletariado.

Así la Comuna se revelaba como “...la forma política por fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo” (K.Marx. La Guerra Civil en Francia)

En el prólogo a la edición alemana de 1872 de El Manifiesto Comunista, Marx y Engels decían que su programa “había quedado anticuado en algunos puntos”. La Comuna de París demostró prácticamente que la clase obrera no se debe limitar a adueñarse de la maquinaría del estado burgués, sino que debe destruirla para poder construir un estado nuevo socialista.


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