Cuatro meses después de la derrota del paro golpista la situación nacional sigue marcada por una correlación de fuerzas favorable a los sectores populares que a pesar de todas las maniobras de la oposición sigue firme en su apoyo al proceso revolucionario. Sin embargo, las fuerzas de la contrarrevolución siguen activas y utilizan todas las armas a su alcance para intentar tumbar este proceso.

Firman el Acuerdo para ganar tiempo y mientras mienten sobre su contenido, diciendo que el revocatorio es ya cuando no han cumplido ni uno sólo de los trámites necesarios recogidos en la Constitución y presentando las cosas como si fuese el presidente quien no quiere convocarlo. Boicotean la acción del gobierno (sentencias del TSJ, bloqueo de la Asamblea Nacional, intentos constantes por presionar o comprar a nuevos parlamentarios para controlar esta). Mantienen la tensión organizando provocaciones como las de Catia y Petare y la campaña mediática contra Chávez con el objetivo de recuperar a su por el momento desmoralizada base social al tiempo que, con la ayuda del imperialismo, siguen preparando el terreno, tanto en el interior del país como a nivel internacional (tensiones fronterizas con Colombia, declaraciones de Powell, etc), para lanzar una nueva embestida en cuanto sea posible contra la revolución.

Transformar la economía

Pero actualmente el mayor peligro viene de la economía. Los sectores decisivos de la oposición, dirigidos cada vez más claramente por el imperialismo yanqui, personificado en la siniestra figura de Shapiro, comprenden que la mejor manera de debilitar a la revolución –como hicieran en Chile o Nicaragua- es colapsando la economía y utilizan su dominio de esta para sembrar el caos y culpar al gobierno. Su pretensión es que esto genere desesperación y desánimo entre algunos sectores, mine la base social de la revolución y les permita cambiar la correlación de fuerzas a su favor.

El desabastecimiento de toda una serie de productos alimenticios o de medicamentos, los cierres de empresa y los recortes en la producción están agravando una situación económica que ,además de sufrir las consecuencias de la crisis internacional del sistema capitalista, aún no se ha recuperado totalmente de las heridas del paro golpista.

Hasta ahora la voluntad de lucha y el instinto revolucionario de este pueblo valeroso, su patriotismo y confianza en la necesidad de seguir defendiendo el proceso revolucionario, ha impedido estos planes pero para evitar que puedan lograrlos en el futuro es necesario aplicar medidas económicas urgentes que mejoren las condiciones de vida de los trabajadores y los sectores populares.
El Presidente Chávez planteaba recientemente en una entrevista en la revista América XXI que ha llegado el momento de la transformación económica. Esto es tan cierto como urgente.

En nuestra opinión dicha transformación debe empezar por elevar generalizadamente los salarios, crear empleo y repartir el existente reduciendo la jornada laboral sin reducir salarios, aumentar decisivamente la inversión educativa y en salud, luchar contra el desabastecimiento… Pero todo esto sólo se puede hacer hoy en Venezuela –dado el boicot de la burguesía y el imperialismo- desde el Estado, y no atacando cada problema por separado sino mediante un Plan Nacional que garantice definitivamente el inicio de esa transformación económica.

Control obrero de PDVSA y nacionalización bajo control obrero de las empresas en crisis

La primera medida a tomar ha surgido de manera espontánea de los propios trabajadores: cualquier fábrica cerrada debe ser ocupada por los trabajadores y puesta de nuevo a funcionar bajo su control. Los trabajadores de Fénix en San Juan de los Morros y en otras empresas lo han hecho así. Pero estos trabajadores se encuentran con que no pueden poner la fábrica a producir porque carecen de materia prima y financiación. Es necesario que el gobierno impulse y favorezca este proceso poniendo los recursos necesarios en sus manos para poner en marcha la producción y llevando a cabo la nacionalización de las empresas que amenacen con el cierre o se declaren en crisis bajo control obrero. También es necesario nacionalizar y poner bajo control obrero los principales monopolios alimentarios o farmacéuticos para que la producción y distribución de estos bienes de primera necesidad esté garantizada y controlada.

Los recursos para financiar las empresas nacionalizadas, aumentar la financiación de las cooperativas o conceder créditos económicos y a largo plazo a los pequeños productores y propietarios existen. En primer lugar, PDVSA aporta grandes recursos al estado que durante años han sido esquilmados por una burguesía parásita y una burocracia corrupta, uno de los objetivos de un Plan nacional para transformar la economía y la sociedad debe ser racionalizar los recursos de PDVSA, incrementarlos (recortando los gastos innecesarios y burocráticos y acabando definitivamente con la corrupción) y destinar los mismos a planificar la industrialización y el desarrollo del país. En nuestra opinión, la forma de hacer esto realidad es mediante el control obrero de PDVSA.

El control democrático de los trabajadores y las comunidades fue una realidad en varios centros petroleros durante el paro golpista y fue el principal factor que permitió poner de nuevo en funcionamiento esas instalaciones, recuperar la producción y aumentar los ingresos. El único modo de luchar contra la quinta columna, la corrupción y el retorno de golpistas a puestos dirigentes y que PDVSA sea verdaderamente del pueblo es con la participación de los trabajadores y de los sectores populares en la dirección de nuestra principal empresa mediante representantes elegidos en asambleas en cada centro de producción y revocables sometidos en todo momento al control desde abajo.

Coordinar y unificar a las organizaciones populares

La participación popular y organización para hacer realidad esto también existe, sólo hace falta incrementarla y darle coordinación y unificación. El pueblo venezolano está organizado en miles de círculos bolivarianos que agrupan a más de un millón de compatriotas, organizaciones populares en los barrios, comités de tierras urbanas, sindicatos clasistas y democráticos que agrupan a otros tantos camaradas. Si todos estas organizaciones populares que ya existen, y sin las cuales habría sido imposible hacer avanzar hasta aquí el proceso y resistir los ataques de la reacción, se agrupan en asambleas y organismos de coordinación en los barrios, a nivel local, estadual y nacional mediante delegados elegidos y revocables en cualquier momento tendremos las condiciones para fortalecer el proceso revolucionario y dotarlo de una dirección que garantice el control democrático de todo el proceso y ayude a generalizar las experiencias y avanzar en sus conclusiones políticas.

Esto permitiría elaborar un plan económico y social nacional en las líneas antes descritas. A nuestro modo de ver, este plan, además del control y planificación de los ingresos que genera PDVSA, debería buscar incrementar aún más los recursos en manos del estado, depender lo menos posible de las oscilaciones de los precios del petróleo y de otros factores de difícil control desde el gobierno.

Avanzar hacia el socialismo para defender la revolución

Una medida hacia la que hay que avanzar es la nacionalización de los grandes bancos también bajo control obrero. Hoy los bancos se encuentran en manos de grupos oligárquicos o de transnacionales extranjeras que los utilizan para boicotear la economía. Para preparar el camino hacia esta medida es necesario explicar a los pequeños productores y propietarios que ellos se verían enormemente favorecidos ya que una banca nacionalizada les suministraría créditos baratos y a largo plazo y mejoraría enormemente su situación económica. También hay que hacer una campaña entre los trabajadores de la banca explicando tanto las ventajas sociales y económicas como las mejoras en su situación laboral que supondría. Las cooperativas también encontrarían de este modo financiación suficiente y en buenas condiciones para sus proyectos.

Otro modo de incrementar los recursos nacionales es negarse a seguir pagando una deuda externa que no es responsabilidad de este gobierno y del pueblo venezolano sino de los corruptos de la IV República y de los grandes capitalistas.

Un aumento de los recursos en manos del estado como el que proponemos permitiría implementar las transformaciones económicas y sociales que mostrarían sin ningún genero de dudas a millones de venezolanos, incluso a sectores que hoy son víctimas de la manipulación de los medios golpistas de desinformación, que la revolución significa una mejora sin precedentes en sus vidas. Este es el camino más rápido y seguro para mantener y ampliar la base social del proceso.

Bajo el capitalismo esta transformación económica es imposible, cualquier intento de construir un capitalismo nacional, humano y con justicia social está condenado al boicot por parte de las transnacionales imperialistas e inclusive de las parásitas burguesías nacionales, como está demostrando el propio caso venezolano. La economía mundial está repartida entre un puñado de grandes potencias imperialistas y las burguesías latinoamericanas son aún más dependientes de ellas que en el pasado. Por si fuera poco, el conjunto del sistema a nivel internacional se encuentra en decadencia. Los capitalistas, en todos los países, incluso en las grandes potencias, para seguir acumulando beneficios están atacando a los trabajadores y sectores populares hasta extraernos la última gota de sudor, privatizando las empresas estatales, desmantelando la educación y salud públicas, condenando a jóvenes y trabajadores a más desempleo, precariedad y salarios más bajos…

El único modo de hacer realidad en este contexto nacional e internacional el ideal bolivariano de democracia, soberanía nacional y justicia social es tomando las medidas que antes enumeramos y eso significa avanzar hacia el socialismo.

Una revolución socialista en Venezuela, además, provocaría una oleada de entusiasmo en todo el continente y sería un punto de referencia para todos los trabajadores del mundo, que no sólo defenderían esa revolución de cualquier intento de atacarla por parte del imperialismo sino que se verían animados a luchar en sus propios países por el socialismo.

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