Mijail Gorbachov está de visita en el país. Ha venido financiado por uno de los grandes bancos privados a darnos a los venezolanos un “Mensaje de Paz”. Pero, ¿por qué la oposición se toma la molestia de traer justamente a este cadáver político de Gorbachov? La respuesta es en realidad muy sencilla. Desde el punto de vista mecanicista de la burguesía, Gorbachov es el hombre que mostró que el “socialismo real”, como les gusta etiquetar al régimen estalinista en que degeneró la Unión Soviética, ha fracasado de manera insalvable.

Su papel en la caída del bloque del Este es resaltado en esta ocasión como quien en primera línea fue testigo que el “socialismo” real es imposible de reformar sin que “evolucione” al capitalismo, con lo que estaría “demostrada” la superioridad del “libre mercado” a la economía planificada. Nada mencionan que la Perestroika significó el colapso total de la economía del bloque soviético, en una escala que deja atrás incluso el impacto de la Guerra Civil luego de la victoria de Octubre de 1917 o el estancamiento al que la llevó la burocracia soviética.

La burguesía no escatima esfuerzos para tratar de mostrar el “fracaso” y lo “anticuado” de las ideas del Marxismo. Ha impuesto con su enorme poder económico y mediático la igualdad “estalinismo = socialismo”, ensuciando de esta forma el nombre de Marx, Engels, Lenin, Trotsky, así como todas las verdaderas tradiciones heredadas de Octubre de 1917. Tradiciones éstas, por cierto, que ya habían sido ensuciadas por el estalinismo y, hay que reconocerlo, por ciertas tendencias “trotskistas”, de esas a las que Trotsky mismo habría dicho “¡Si eso es trotskismo, yo no soy trotskista!”.

Cuando el estalinismo colapsó, haciendo retroceder a los países de la Unión Soviética y Europa del Este al capitalismo, la burguesía internacional cantó victoria. Gorbachov hasta fue merecedor de un Premio Nobel de la Paz (“honor” que comparte, entre otros, con un asesino y consecuente violador de los DDHH como Henry Kissinger). Los estalinistas y hasta algunos sectores deformados del supuesto “trotskismo” quedaron desconcertados y huyeron en desbandada, muchos girando fuertemente a la derecha.

Pero los tiempos están cambiando y las masas de obreros y explotados están recuperando su conciencia de clase y han visto que el capitalismo no les tiene nada que ofrecer, salvo continuar la explotación y miseria que significa la esclavitud asalariada de nuestros tiempos. Y por ello están recuperando interés en las nociones del Marxismo genuino y revolucionario. Saben que esto también está sucediendo en Venezuela, donde la profundización y victoria del proceso revolucionario actual depende de que las masas abracen las ideas del marxismo revolucionario. Es por ello que necesitan afinar su artillería contra el “flagelo” comunista. Por eso ablandan su posición hacia los sectores conciliadores y reformistas que todavía existen dentro del “chavismo”, a la par que continúan su accionar contrarrevolucionario y su violencia dirigida.

Traer a Gorbachov en estos momentos no es más que tratar de empañar el nombre del Marxismo genuino y confundir a las masas, que todavía ven con buenos ojos a algunos sectores reformistas que aún pululan entre los partidos que apoyan el proceso revolucionario en Venezuela. Pero traer a Gorbachov también muestra el enorme temor que tiene la burguesía venezolana de que las ideas del Marxismo penetren en las masas y éstas presionen para hacer avanzar decididamente el proceso venezolano en la dirección de una revolución proletaria, de una revolución socialista.

A continuación publicamos unos extractos del Capítulo VII: El significado de la Perestroika del libro Rusia – de la Revolución a la Contrarrevolución: Un análisis marxista, cuya lectura recomendamos para aquellos interesados en comprender qué fue lo que verdaderamente sucedió en la URSS y por qué fracasó.


Rusia – de la Revolución a la Contrarrevolución: Un análisis marxista
Capítulo VII: El significado de la Perestroika

Gorbachov y Stalin

En general no se recuerda que el propio Stalin trató de apoyarse en las masas para asestar golpes a la burocracia. Durante el periodo de los dos primeros planes quinquenales, Stalin se vio obligado a recortar la codicia de la burocracia, que tendía a devorar una parte excesiva de la plusvalía producida por la clase obrera. Introduciendo el voto secreto, Stalin intentaba apoyarse en las masas para intimidar al funcionariado al que él representaba. Hubo un simulacro de parlamento burgués, pero con un solo partido era en realidad una farsa. Incluso si hubiera habido más de un candidato, sólo se hubiera permitido ganar a los candidatos supervisados y aceptados por el partido. Sin embargo, Stalin no se atrevió a introducir sus reformas en la práctica. La Revolución Española le hizo retroceder reformistas y lanzar las purgas, como hemos visto. La única vía que quedaba para mantener algún tipo de control sobre la avaricia de los funcionarios era la represión policial y el terror. Pero esto engendra una corrupción nueva e incluso más monstruosa, disloca y desorganiza la sociedad y representa un movimiento de alejamiento del socialismo, no de acercamiento a él.

Trotsky explicó cómo la constitución de Stalin, que en el papel parecía muy democrática, tenía como fin ser un látigo para la burocracia. El dominio bonapartista implica, entre otras cosas, balancearse entre diferentes grupos y clases —entre los obreros, los campesinos y los propios burócratas— enfrentando a unos sectores con otros. De la misma manera, Gorbachov se vio obligado a apoyarse en la clase obrera para asestar golpes contra el sector de la casta burocrática que se había enriquecido enormemente gracias a su control parasitario sobre la economía y el Estado. Gorbachov quería introducir reformas controladas desde arriba, pero eso, como predijimos en aquel momento, era imposible. Tan pronto como se aflojó el control de la burocracia, se desataron todo tipo de fuerzas encerradas.

Mientras que en los años 30 la clase obrera representaba un 20% de la sociedad rusa, a mediados de los 70 se acercaba al 70%. Rusia ya no era un país atrasado, sino una economía sofisticada con la mayor clase obrera del mundo. Estas reformas, a pesar del carácter limitado de los objetivos de Gorbachov, podían desencadenar una acción independiente por parte de las masas de la clase obrera rusa. En cuanto los trabajadores consiguieran un cierto control, inevitablemente se orientarían hacia la democracia obrera: ¿por qué los directores reciben más del salario que les corresponde? ¿Por qué la burocracia tiene que tener sus prebendas, casas de campo, coches especiales, tiendas de comida especiales, etc., que sólo pueden utilizar los burócratas del partido y el Estado?

Un hombre que monte a lomos de un tigre se dará cuenta que es difícil bajarse. Una vez embarcado en el camino de las llamadas reformas, Gorbachov se dio cuenta que era imposible darle la vuelta al proceso que él mismo había iniciado. Al igual que Stalin, Gorbachov tomó medidas contra los burócratas inferiores y medios, e incluso algunos de los burócratas superiores, como cabezas de turco de los pecados de todo el sistema. Así, en sus primeros once meses, Gorbachov purgó a 46 de los 156 miembros de la jerarquía regional del partido.

En el fondo, las reformas tenían como objetivo aumentar la productividad del trabajo a través de la eficacia de los costes. Con una mezcla de palo y zanahoria (disciplina e incentivos), el régimen esperaba conseguir que los obreros soviéticos produjeran más. Al mismo tiempo que trataba de apoyarse en la clase obrera, Gorbachov también trató de revivir el viejo método estalinista del estajanovismo, que recibió el nombre de un minero que supuestamente producía cien toneladas de carbón por turno (¡seis veces más de lo normal!). Esto era una versión extrema de lo que se había llamado taylorismo en los EEUU —salarios según resultados, lo que implicaba una explotación extrema. En la época de Stalin esto llevó a la formación de una élite especial de obreros de choque (udarniki), responsables de fijar las pautas de producción a niveles anormalmente altos.
Trotsky señaló en aquel entonces que era más fácil motivar a una minoría de obreros de choque que a las masas, pero también explicó la contradicción que suponía que una sociedad que supuestamente estaba "construyendo el socialismo" imitase los peores y más explotadores rasgos del capitalismo. En lugar de ir hacia una mayor igualdad, esto significaba una desigualdad mucho mayor y la formación de una capa privilegiada dentro de la clase obrera. Aunque algunos estajanovistas eran obreros honestos, la mayoría eran arribistas serviles, odiados por sus compañeros de trabajo, que les atacaban, golpeaban e incluso llegaban a matarles. Este era un paso atrás incluso en los años 30, pero en el contexto de una economía moderna y avanzada, que supuestamente estaba yendo hacia el "comunismo", la contradicción era todavía más flagrante. Trotsky explicó que "el trabajo asalariado no pierde en el régimen soviético su envilecedor carácter de esclavitud. El salario 'según el trabajo' está calculado, en realidad, en interés del trabajo 'intelectual', en detrimento del manual y, sobre todo, del trabajo no cualificado. Es una fuente de injusticia, opresión y coerción para la mayoría; y de privilegios y 'buena vida' para la minoría.

"En vez de reconocer francamente que estas normas burguesas del trabajo y del reparto predominan en la URSS", continúa Trotsky, "los autores de la Constitución, dividiendo en dos el principio comunista, dejan para un porvenir indeterminado la aplicación de la segunda proposición y declaran que la primera está realizada, añadiéndole mecánicamente la norma capitalista del trabajo a destajo y haciendo de todo el 'principio del socialismo'. ¡Y sobre esta falsificación erigen el edificio de la Constitución!". Trotsky siguió explicando: "Al mismo tiempo, —y esto no es un pequeño detalle— no podemos olvidar la ley que protege la cabaña, la vaca y el reducido mobiliario del campesino, del obrero, del empleado, y que legaliza la casa particular del burócrata, su villa, su coche y otros 'artículos de consumo personal o comodidades' que se ha apropiado gracias al principio socialista 'de cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo'. Y no hay que dudar que el coche del burócrata será mejor defendido por la ley fundamental que la carreta del campesino"(3).

En su desesperación por encontrar una salida al impás, Gorbachov intentó inyectar una chispa de vida en la economía haciendo un llamamiento a los obreros y escarmentando ejemplarmente los casos más escandalosos de control burocrático. Sin embargo, Gorbachov no representaba los intereses de los obreros. Sus reformas iban dirigidas contra los privilegios y prebendas "ilegales" de los funcionarios, incrementando sostenidamente los "legales". De hecho, bajo Gorbachov, los diferenciales de ingresos aumentaron de manera constante, justo lo contrario de la concepción de Lenin.

Las propuestas de Gorbachov no tenían nada en común con la democracia de Lenin ni el auténtico socialismo. La burocracia temía a la clase obrera. Había que recortar las prebendas legales e ilegales, los sobornos y el robo. Sin embargo, al hacerlo, Gorbachov no quería interferir de manera fundamental con los privilegios de la casta burocrática. Había que mantener, sino incrementar, los privilegios "legítimos". De hecho, Gorbachov fue muy cuidadoso a la hora de restaurar la definición errónea de Stalin: "Estamos restaurando completamente el principio del socialismo: 'De cada uno según su capacidad, a cada uno según su trabajo"(4). Esto era una distorsión deliberada de la formulación original de Marx, que explicó que bajo el comunismo no habría una obligación de trabajar, cada miembro de la sociedad contribuiría 'según su capacidad'. La superabundancia de esta sociedad sin clases permitiría que cada uno de sus miembros tomase 'según sus necesidades'. Este concepto no tenía nada que ver en absoluto con la situación bajo Gorbachov, y no era más que un disfraz para su política.

Ilusiones en Gorbachov

Era increíble ver cuánta gente de izquierda fue engañada por Gorbachov. No sólo reformistas de todos los pelajes, sino algunos supuestos "trotskystas" se apresuraron a rendir tributo a este "gran reformador y estadista". Esta gente es incapaz de diferenciar entre lo aparente y lo real. En realidad, Gorbachov defendía los intereses de la casta dominante. Es cierto que su imagen era diferente de la de los viejos dirigentes estalinistas, pero la diferencia era más de estilo que de contenido.

Gorbachov era un burócrata educado, que había viajado y tenía un discurso completo, a diferencia de los advenedizos estrechos y groseros de los días de Stalin. Se dio cuenta del callejón sin salida en el que se encontraba el régimen burocrático. Sin la participación y el entusiasmo de las masas, no se podía hacer nada. Esto es cierto incluso bajo el capitalismo. La mayor parte de las grandes fábricas acabarían por detenerse si los obreros no aplicasen su inteligencia y su iniciativa, a veces saltándose las normas para mantener la maquinaria en funcionamiento. En Gran Bretaña se consiguen cientos de millones de libras al año a través de los "buzones de sugerencias" en las fábricas. Eso demuestra el enorme potencial de un sistema basado en el control y la dirección de los obreros que diese rienda suelta a su creatividad, inteligencia e iniciativa.

Muchos albergaban ilusiones en que la burocracia rusa podría reformarse. Uno de ellos era Roy Medvedev, un historiador capaz que, a pesar de haber mostrado gran coraje personal al oponerse al régimen, no pudo desarrollar un análisis marxista consistente, y cayó en la trampa. Roy Medvedev representaba el ala "izquierda" de la burocracia. Quería que el régimen se reformase de manera estrictamente legal y constitucional. "En cuanto a las maneras y los métodos de la lucha política, tienen que ser absolutamente legales y constitucionales", dice Medvedev, "hay ciertos grupos extremistas que creen en la utilización de métodos ilegales, incluyendo por ejemplo la organización de imprentas clandestinas"(10).

A continuación cita a uno de sus oponentes, que obviamente hace una caracterización correcta de la burocracia: "Crees que la dirección apoyaría un cierto grado de democratización, pero esto equivaldría a que la dirección se liquidase a sí misma, y el conjunto de la historia política confirma la irrealidad de esta expectativa. Ningún gobierno se retira por propia voluntad. Tus ideas son dañinas, ya que crean ilusiones sobre la facilidad con la que se puede aplicar tu programa de reformas. Sugieres que, como resultado de un cambio en las condiciones sociales y políticas, fuerzas frescas pasarán a formar parte del 'aparato' y transformarán su estilo burocrático. Pero esto sólo potencia la idea falsa de un proceso automático y espontáneo; en realidad estas fuerzas frescas se encontrarán sin duda con una resistencia feroz"(11). De nuevo Medvedev insiste: "Las reformas demasiado apresuradas pueden provocar problemas en el bloque socialista (como ha demostrado la experiencia de Checoslovaquia)"(12). Claramente cualquier movimiento de la clase obrera para sacudirse el yugo de la burocracia "provocaría problemas". Pero imaginarse que la casta dominante se rendiría sin lucha es confundir los deseos con la realidad. Otro ejemplo era Isaac Deutscher. Su nombre se vincula frecuentemente al de Trotsky, ya que escribió una biografía en tres tomos del gran revolucionario. Pero políticamente, ambos no podrían estar más alejados. De hecho, en su biografía política de Stalin, Deutscher trata de glorificar a éste y, más que presentarlo como el dirigente de la burocracia contrarrevolucionaria, lo eleva a la categoría de gran revolucionario incomprendido:

"Stalin ha sido el dirigente y el explotador de una revolución trágica, autocontradictoria pero creativa. Al igual que Cromwell, personifica la continuidad de la revolución a través de todas sus fases y metamorfosis, aunque su papel fue menos prominente en la primera fase. Al igual que Robespierre, ha desangrado a su propio partido; y, al igual que Napoleón, ha construido su imperio medio conservador, medio revolucionario y llevado la revolución fuera de las fronteras de su país (...) Pero para salvarla [lo mejor de la obra de Stalin] para el futuro y darle su pleno valor, puede ser que la Historia todavía tenga que limpiar y remodelar la obra de Stalin tan severamente como una vez limpió y remodeló la obra de la revolución inglesa después de Cromwell y de la francesa después de Napoleón"(13).

Deutscher nunca entendió a Trotsky ni su gran aportación al marxismo: el análisis del estalinismo. Lo que tiene de correcto su trilogía sobre Trotsky es lo que tomó prestado del mismo Trotsky, pero sus intentos de teorizar no tienen ningún valor. Deutscher descarta "el fiasco de Trotsky con la Cuarta Internacional" y "sus titubeos sobre reforma y revolución en la URSS" como simples fantasías (14). En realidad, sin entender las ideas de Trotsky sobre el estalinismo, es imposible comprender qué está pasando en la Unión Soviética hoy en día. Lejos de ser "titubeos", sus ideas han sido totalmente confirmadas por los acontecimientos. No se puede decir lo mismo de las perspectivas del propio Deutscher.

Después de la muerte de Stalin, Deutscher saludó la llamada desestalinización de Kruschev como un gran paso adelante. He aquí la conclusión de Deutscher en el tercer volumen de su biografía de Trotsky: "Está claro que, incluso bajo el estalinismo, la sociedad soviética ha conseguido un progreso inmenso en muchos campos, y que el progreso, inseparable de su economía planificada y nacionalizada, estaba desorganizando y erosionando al estalinismo desde dentro. En la época de Trotsky era demasiado pronto para hacer un balance de este desarrollo —sus intentos de hacerlo tenían fallos—; y el balance todavía no está claro, ni siquiera un cuarto de siglo después. Pero es evidente que la sociedad soviética ha estado tratando, y no sin éxito, de librarse de la pesada deuda y desarrollar los enormes activos que ha heredado de la época de Stalin. Hay mucha menos pobreza en la Unión Soviética, mucha menos desigualdad y mucha menos opresión a principios de los años 60 que en los años 30 o a principios de los 50. El contraste es tan sorprendente que es un anacronismo hablar de una 'nueva esclavitud totalitaria establecida por el colectivismo burocrático' (...) Todavía es un tema de discusión si la burocracia soviética es una 'nueva clase' o si se necesita una reforma o una revolución para acabar con este dominio arbitrario. Lo que está fuera de toda duda es que las reformas de la primera era post-Stalin, aún siendo inadecuadas y contradictorias, han mitigado y limitado en gran medida el despotismo burocrático, y que las nuevas corrientes de aspiraciones populares están trabajando para transformar la sociedad soviética más y más radicalmente"(15).

Deutscher siempre había tenido la ilusión de que la burocracia podía 'desburocratizarse a sí misma' e introducir el socialismo, Lo que era esencialmente falso. Ninguna clase o casta dominante en la Historia ha entregado su poder y privilegios sin luchar. Trotsky tenía mil veces más razón cuando predijo que la burocracia se orientaría hacia el capitalismo para reforzar sus privilegios, antes que entregar el poder a la clase obrera. Esto era incluso más cierto en el contexto de boom económico temporal en Occidente coincidente con las reformas de Gorbachov. La tesis central de Deutscher tenía un carácter totalmente anti-marxista y formalista. Si la burocracia surgió del atraso ruso, razonaba, entonces en la medida en que la sociedad avance hacia un nivel cultural y económico superior tendría que desaparecer sin dolor por su propia inercia. Pero este análisis pasa por alto las contradicciones básicas en la sociedad. En cualquier sociedad de clases, una vez que surge el Estado, éste adquiere vida y movimiento propios. Toda la Historia demuestra precisamente lo contrario de la tesis de Deutscher. En el momento crítico, cuando las fuerzas productivas han ido más allá de las relaciones de propiedad existentes, la clase dominante y su Estado no se reconcilian en absoluto con la lógica del progreso histórico. Luchan por mantener sus privilegios y su poder, incluso cuando éstos están en contradicción flagrante con las exigencias del progreso. El sistema capitalista ha sido un freno al desarrollo de las fuerzas productivas desde hace tiempo, ¡lo que no significa en absoluto que la clase capitalista se vaya a rendir voluntariamente al proletariado!

El desarrollo de las fuerzas productivas no determina automáticamente el carácter del Estado. Si eso fuera así, la revolución sería innecesaria, y no sólo en Rusia. Toda la Historia de la humanidad sería una evolución suave y gradual en dirección al progreso, algo que cualquier estudiante de escuela primaria sabe que no es el caso. La inevitabilidad de la revolución surge precisamente del hecho de que ninguna clase o casta dominante se rinde nunca. La burocracia rusa no es una excepción, especialmente después de que Stalin exterminase a los representantes de Octubre. La manera en que la burocracia estableció su poder —vadeando el mar de sangre de las purgas— era un indicio de que esta casta dominante no se iba a detener ante nada para mantenerse en el poder. Como dijo Trotsky: "Nunca se ha visto que el diablo se corte de buen grado sus propias garras. La burocracia soviética no abandonará sus posiciones sin combate; el país se encamina evidentemente hacia una revolución"(16).

Toda la línea de argumentación de Deutscher estaba en la tradición del menchevismo. Refleja la misma lógica que el reformismo, que trata de demostrar que la revolución en general es una inconveniencia innecesaria. Su tipo de "realismo" es un crudo empirismo que carece de la menor comprensión de la Historia. Es el mismo tipo de mentalidad que lleva a los dirigentes socialdemócratas en Occidente a abandonar el socialismo y finalmente pasarse a la economía de mercado, es decir, de las reformas a las contrarreformas. Así, su supuesto realismo se convierte en el peor tipo de utopía.

La visión de Deutscher de una burocracia que se reforma a sí misma proporcionaba una esperanza confortante para los radicales "amigos" de la Unión Soviética, el sueño de una transición pacífica al socialismo. En realidad, esto era imposible sin un movimiento de masas de la clase obrera. El éxito o el fracaso dependía no de los deseos o de la buena voluntad de la burocracia, sino exclusivamente de la disposición de la clase obrera a luchar por su emancipación. La experiencia de Hungría demuestra cómo un movimiento revolucionario de la clase obrera podría escindir la burocracia y ganar a partes importantes para la revolución política. En contraste, las llamadas reformas de Gorbachov, que trataban de impedir una revolución desde abajo y mantener el dominio de la burocracia, prepararon el camino para que un sector importante de la burocracia se pasara al capitalismo, en lugar de aceptar la abolición de los privilegios. Hoy en día, las teorías de Deutscher no tienen siquiera un interés histórico. Para ser justos, es necesario añadir que la viuda de Deutscher, Támara Deutscher, en un programa de la BBC poco antes de su muerte, tuvo el coraje de admitir públicamente que Trotsky siempre había tenido razón en esta cuestión. Mirando hacia atrás, era increíble que cualquiera con el conocimiento más elemental de la historia rusa, por no hablar del marxismo, pudiera haber tenido la menor ilusión en Gorbachov y sus ideas. Y, sin embargo, tuvimos a supuestos marxistas alabando a Gorbachov, ¡e incluso viajando a Moscú para presenciar el extraño espectáculo de la burocracia "aboliéndose a sí misma"! Por supuesto, los defensores de la teoría del capitalismo de Estado no estaban impresionados, ya que, por lo que a ellos se refería, el capitalismo ya existía en Rusia. Así que, ¿a qué tanto ruido?

Cuando todas las demás tendencias estaban alabando a Gorbachov como el gran salvador, sólo nosotros señalamos que sus reformas estaban condenadas al fracaso y lo caracterizamos como una figura pequeñoburguesa accidental, condenada a ser barrida, aunque pensábamos que eso se daría como resultado de una revolución política, y no de un movimiento en dirección al capitalismo que, en aquel momento, erróneamente creímos que estaba descartado. La única manera de resolver el problema era reintroducir un régimen leninista de control y gestión obrera, lo cual hubiera sido posible fácilmente con una economía desarrollada como la que ya existía en Rusia. ¡Pero ésa era la última cosa que Gorbachov tenía en mente! En lugar de mejorar las cosas, las reformas de Gorbachov introdujeron un nuevo elemento de desestabilización, acelerando la disolución del régimen. Sólo había dos alternativas posibles. Ante la ausencia de un movimiento de la clase obrera hacia la revolución política, la balanza se inclinó rápidamente hacia el capitalismo.

3 Trotsky, La revolución traicionada, p. 225-26
4 Gorbachov, Perestroika. New Thinking for Our Country and the World, p. 31, énfasis del autor
10 Medvedev, On Socialist Democracy, p. 314
11 Ibid., p. 313
12 Ibid., p. 314
13 I. Deutscher, Stalin: a political biography, pp. 569-70
14 Ibid., p. 513
15 Deutscher, The Prophet Outcast, pp. 511-12
16 Trotsky, La revolución traicionada, p. 224

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