Las manifestaciones contra la guerra celebradas en todo el mundo el día 15 de febrero fueron históricas por su masividad. Nunca ha habido un movimiento tan fuerte contra una intervención imperialista desde la guerra del Vietnam. Por primera vez ha haLas manifestaciones contra la guerra celebradas en todo el mundo el día 15 de febrero fueron históricas por su masividad. Nunca ha habido un movimiento tan fuerte contra una intervención imperialista desde la guerra del Vietnam. Por primera vez ha habido una movilización simultánea a escala internacional con una extensión tan amplia, afectando a todos los rincones del planeta. El hecho de que en un sólo día se hayan celebrado miles de manifestaciones en multitud de países, desde EEUU hasta los más pobres pasando por Europa, es un enorme paso adelante en la lucha contra la guerra, que tiene que tener un carácter internacional.

En el caso del Estado español las manifestaciones tuvieron un nivel de participación sin precedentes. Los medios de comunicación no han podido evitar hacerse eco de su enorme masividad pero se cuidaron mucho de dar una cifra realista del total de manifestantes del día 15, que superó los siete millones.

El Gobierno, sintiéndose acorralado por la creciente movilización social (huelga general del 20-J, movilizaciones en Galicia por su actitud manipuladora, irresponsable y represiva en relación a la marea negra provocada por el Prestige, movilizaciones estudiantiles y un largo etcétera) y previendo el carácter masivo que iban a tener las manifestaciones del día 15, hizo todo lo que estuvo en sus manos para sabotearlas. Intentó prohibir el recorrido solicitado por los organizadores en Madrid. Prohibió la manifestación en Ceuta, que pese a todo también se celebró. Utilizó a fondo los medios de comunicación públicos. Distribuyó un folleto en todos los periódicos días antes de la manifestación defendiendo su postura con la guerra. Intentó contraponer el movimiento contra la guerra con la cuestión del terrorismo, revelando claramente la demagogia de la derecha cuando trata este tema. Los trabajadores estamos en contra del terrorismo por motivos totalmente distintos a la derecha que, como se ve, se preocupa muy poco de que centenares de miles de iraquíes mueran en pocos días bajo una lluvia de bombas de su amigo Bush.

Después de las manifestaciones y ante la evidencia del fracaso de todas esas maniobras, el gobierno se llena la boca de la palabra paz, pero no ha variado un ápice su posición respecto a la guerra. Como no podía ser de otra manera, han calcado la consigna del gobierno de Bush que, hablando de paz, no tiene la más mínima intención de detener sus planes de destrucción, muerte y saqueo.

Las manifestaciones del día 15 han expresado de forma gráfica, a los ojos de todo el mundo, el total aislamiento del PP. Con su actitud cada vez más manipuladora y represiva el gobierno no demuestra otra cosa que su debilidad.

Una guerra por el petróleo

Para el imperialismo norteamericano esta guerra es un tema muy serio. Su objetivo es hacerse con el control directo de un país, Iraq, que posee las segundas reservas de petróleo más importantes del mundo. Todo lo demás son excusas para intentar confundir a la opinión pública. La decisión de bombardear, invadir y ocupar Iraq está tomada desde hace tiempo. Además la profunda crisis económica, social y política que hay en Arabia Saudí (país que tiene las reservas de petróleo más importantes del mundo), que pone en peligro el futuro de la sanguinaria dictadura de la monarquía saudí aliada de EEUU, es otra razón de peso para lanzarse a por todas y tener una posición militar estratégica en la zona que permita al imperialismo norteamericano abordar cualquier acontecimiento que ponga en cuestión sus intereses en la zona. Tienen más de 200.000 soldados en la región y el inicio de la guerra es cuestión de días.

La única manera de parar los planes del imperialismo es aprovechar la enorme voluntad de lucha expresada el día 15 y continuarla a escala mundial con los métodos de la clase trabajadora. La lucha contra la guerra sólo puede ser parte de la lucha de clases para tener éxito.

¿Movimiento de clase o alianza con la burguesía?

En ese sentido, la cuestión fundamental es tener muy claro que no podemos tener ninguna expectativa en la ONU ni en las discrepancias entre el imperialismo norteamericano y el imperialismo alemán y francés, para poner fin a esta guerra.

La ONU no es ninguna entidad imparcial, que esté por encima de los poderosos intereses que mueven a los países imperialistas a un asunto tan serio como la guerra. Es una institución totalmente controlada por las grandes potencias y que ha servido para dar un barniz legal y humanitario a muchas guerras imperialistas. Pero, como el propio Bush se ha encargado de recordar por activa y por pasiva, si por discrepancias entre las diferentes potencias la ONU no da el visto bueno a esta guerra, eso no variará en absoluto los planes del imperialismo norteamericano.

Los dirigentes del PSOE e IU deben abandonar de una vez cualquier expectativa en que la guerra se pueda parar vetando los planes de EEUU en la ONU. Esa posición política es peor que inútil. Inútil porque ningún veto detendrá la guerra, y peor porque desvía la atención del movimiento contra la guerra, que se tiene que basar en un movimiento totalmente independiente de la clase trabajadora a escala internacional.

En vez de explicar que la guerra imperialista es parte de la naturaleza del propio sistema capitalista, los dirigentes de los partidos de la izquierda están alimentando ilusiones en que para frenar la guerra es necesaria una alianza con el imperialismo francés y alemán, que han expresado su oposición a esa guerra. Es lo que podría llamarse una “posición europeísta” contra la guerra. Lo que tenemos que dejar muy claro es que la postura del imperialismo francés y alemán está determinada por sus propios intereses económicos, políticos y geoestratégicos. A Francia, particularmente, no le hace ninguna gracia esta guerra porque echa por tierra todos los contratos petroleros que tenía con el régimen iraquí y que se iban a materializar en cuantiosos beneficios tras el esperado fin del embargo a Iraq. Por tanto, la posición de Francia y otras potencias de oponerse a la guerra, por el momento, no es por su apego a la democracia y a la libertad de los pueblos. No está claro que mantengan su posición hasta el final. Teniendo en cuenta que, hagan lo que hagan, EEUU no va a detener sus planes de guerra, pueden acabar apoyando, más o menos discretamente, la intervención norteamericana a cambio de una renegociación más favorable del reparto del botín. En todo caso, aunque mantengan su oposición, ésta no tendrá ningún efecto, y se limitará a una cuestión formal. Ni en sus sueños más delirantes se le ocurrirá a la burguesía francesa o alemana oponerse militarmente a EEUU.

Resulta tremendamente negativo que desde los dirigentes de la izquierda se presente a estos buitres menores, en relación al imperialismo de EEUU, como los “aliados tácticos” de la clase trabajadora y de la juventud en su lucha contra la guerra. Mantener esa posición en relación a la guerra sólo introduce confusión y se convierte en un obstáculo para que las organizaciones de clase profundicen en la lucha contra la guerra con los métodos propios de la clase trabajadora.

Continuar la lucha

En el caso de los trabajadores y jóvenes de aquí la lucha tiene el objetivo de cortar cualquier implicación del Estado español en esta guerra. Después de las multitudinarias manifestaciones del día 15 hay que dar continuidad a la lucha de forma contundente. Los estudiantes participaron el 13 de febrero en una jornada de lucha en los institutos y en encierros en universidades; el Sindicato de Estudiantes movilizará otra vez el día 5 de marzo —respondiendo al llamamiento internacional de los estudiantes norteamericanos—, convocando huelga general en todos los centros de estudio, y el día que empiece la guerra convoca concentraciones en todas las ciudades. Pero el punto fundamental está en el movimiento obrero. La mejor manera de continuar la magnífica movilización del día 15, dando un paso adelante en la lucha, es con la convocatoria de una huelga general de 24 horas. Una huelga general, con el ambiente social que hay —masiva oposición a la guerra y enorme crispación hacia el gobierno PP por su actitud belicista y antiobrera—, tendría un éxito garantizado y sometería a la derecha a una tensión muy seria. Además, la huelga general tendría que estar ligada a la consigna ¡Abajo el gobierno del PP!

Como se ve con el desastre del Prestige, no hay una muralla china que separe la política interior de la exterior. De la misma manera que con la marea negra la derecha ha defendido los intereses de los capitalistas, de las petroleras y de las empresas fletadoras frente a los intereses del pueblo gallego, en el caso de la guerra defienden esos mismos sectores privilegiados de la sociedad aunque sea a costa de la masacre de todo un pueblo.

Los dirigentes de CCOO y UGT deberían dar ya el paso de convocar una huelga general y paralelamente impulsar la formación de comités contra la guerra en todas las fábricas y tajos (como está impulsando ya el Sindicato de Estudiantes en institutos y facultades), cuyo objetivo sería mantener vivo el movimiento, organizarlo y combatir todas las mentiras y manipulaciones que, a una escala mucho mayor que hasta ahora, van a verter los medios de comunicación cuando finalmente se desate la guerra.

La lucha contra la guerra imperialista es también la lucha contra el capitalismo y por la transformación socialista de la sociedad. Éste es el camino para frenar la barbarie a la que una minoría ínfima de la sociedad quiere arrastrar al conjunto de la humanidad.

¡Únete a los marxistas de El Militante!

¡No más sangre por petróleo!

¡Si quieres la paz, lucha por el socialismo!


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