El 23 de agosto los trabajadores venezolanos volvimos a salir a la calle en apoyo a la revolución. Una marea roja procedente de todo el país se adueñó de las calles de Caracas y gritó bien alto y claro a la oposición golpista y contrarrevolucionaria: “Acá tienen su referendo”. La comparación entre esta multitudinaria marcha y el nuevo fracaso de la oposición tres días antes no ofrece dudas: el apoyo popular al proceso sigue firme. La correlación de fuerzas, en nuestra opinión, es actualmente favorable para profundizar la revolución abordando transformaciones políticas, económicas y sociales profundas demasiado tiempo aplazadas

Una reciente encuesta de la UCV nada sospechosa de ser prochavista evidencia que si hoy hubiese referendo el 51% de la población de Caracas apoyaría a Chávez y sólo un 31% , según sus propios datos, querría revocarle.
El gobierno ha tomado varias medidas que han significado un paso adelante en las condiciones de vida de las masas y que sirven para fortalecen el proceso revolucionario. Los planes Barrio Adentro, Misión Robinson y Misión Sucre suponen que por primera vez un gobierno venezolano se preocupa porque haya médicos en los barrios, por luchar seriamente contra el analfabetismo o por terminar con los sin cupo en la universidad. Ahora hay que continuar con esa orientación e intensificarla, estos planes deben tener continuidad y en el caso de la Misión Sucre culminar en el más breve plazo posible para que efectivamente no haya más sin cupo en las universidades y las expectativas levantadas se vean satisfechas. Es necesario que medidas sociales progresistas como estas se extiendan cuanto antes a otros terrenos como el del empleo, los salarios y en general las condiciones de vida de la población.

No a la impunidad
También nos parece un paso adelante la mayor contundencia mostrada por el gobierno frente a los continuos chantajes de los dirigentes opositores y del imperialismo al dejar claro que el “Firmazo” era en realidad un “chimbazo” y que no se podía aceptar el chantaje del revocatorio. El gobierno ha prometido también luchar contra la impunidad. Esta es una reivindicación muy sentida por el pueblo y tiene que concretarse ya en medidas prácticas para investigar y castigar a los responsables de las muertes de los de luchadores populares - más de 75 activistas, fundamentalmente campesinos, pertenecientes a organizaciones que apoyan el proceso - asesinados en los últimos años.
Además, hay que investigar todos los crímenes y desapariciones ocurridos bajo la IV República y castigar a los culpables, así como actuar de una vez contra los dirigentes de la oposición participantes en el golpe. No puede haber referéndum mientras haya impunidad, criminales como Mendoza, Peña y tantos otros que han atentado y siguen atentando contra la Constitución y contra el pueblo deben pagar ya por ello.

Una oposición contra las cuerdas, pero no K.O.
Los recientes atentados o los planes reiterados para un magnicidio demuestran que los contrarrevolucionarios, aunque debilitados por la movilización y participación popular, siguen activos y son extremadamente peligrosos, un sector parece optar por medidas desesperadas, otro –el decisivo- les deja hacer y se prepara para mediante la desestabilización, la manipulación mediática y el saboteo pasar al ataque en cuanto pueda. Como decía Marx, “ninguna clase dominante renuncia a sus privilegios sin lucha”.
Hoy intentan mantener agrupadas sus diezmadas y desanimadas fuerzas a la espera de un escenario más favorable. Anuncian un nuevo “firmazo” (¿un nuevo “fracazo”?), organizan algaradas basándose en engañar a su base social y manipularla con calumnias –como intentaron al denunciar histéricamente el inexistente cierre de “Golpevisión” – pero de momento “pelan bola”. Entre su propia base social de clase media hay escepticismo y desconfianza en unos dirigentes que los engañan y manipulan (demostrando así su desprecio hacia ellos) una y otra vez. A la concentración ante Globovisión no asistieron más que unas pocas decenas de histéricos e histéricas.
Por eso es más importante, si cabe, aprovechar este momento favorable para pasar a la ofensiva, profundizar el proceso revolucionario y consolidarlo definitivamente resolviendo los problemas que padece la población. Con una orientación decidida y un programa claro una parte de esa clase media a la que utilizan los dirigentes opositores podría ser arrastrada de este lado o al menos neutralizada definitivamente para la contrarrevolución. Pero el camino para hacerlo no es negociar con los dirigentes contrarrevolucionarios de la oposición o moderar la marcha de la revolución. Todo lo contrario, estos sectores intermedios y confusos suelen apoyar al bando que se muestra más fuerte, firme y que demuestra en la práctica que está decidido realmente a vencer y tiene un programa para ello.
La revolución sólo se consolidará definitivamente cuando los sectores populares, los trabajadores e incluso amplios sectores de la clase media vean que mejoran sus condiciones de vida y se sientan dueños efectivos del poder, participando en el control sobre los representantes y la toma de las decisiones en todos los ámbitos. Eso significa en primer lugar avanzar en las realizaciones prácticas de la revolución: resolver problemas como el desempleo, la salud, la mejora del poder adquisitivo de la población, etc. Y ello, en un contexto de crisis del capitalismo en todo el mundo (con cifras récord de desempleo y pobreza en todos los países) significa superar este sistema y luchar por una transformación socioeconómica profunda.
Esto sólo puede significar poner las principales fuentes de creación de riqueza que deberían ser de todos (los bancos, los grandes monopolios, PDVSA), pero que la oligarquía despilfarra o utiliza sólo en su propio beneficio, bajo el control democrático de los trabajadores y el pueblo, de la inmensa mayoría de la sociedad, y eso se llama socialismo.
Los camaradas que estàn con el proceso pero defienden que es imposible avanzar hacia otro sistema económico, que el objetivo debe ser desarrollar una burguesía nacional, que el imperialismo intervendría se olvidan de varias cosas. La primera y màs importante es que en esta època del capitalismo
Hoy es más posible esta transformación que en cualquier otro momento de la historia venezolana ya que hay millones de personas dispuestas a luchar y participar, como demuestra el desarrollo de Círculos Bolivarianos, sindicatos clasistas, organizaciones populares o la propia experiencia de las intentonas golpistas derrotadas.
Por otra parte, el imperialismo está interviniendo ya contra la revolución y va a intentar tumbarla tanto si toma medidas màs radicales como sino (como también demuestra la experiencia del golpe de abril). Las multinacionales yanquis –en plena lucha por el control de los mercados mundiales con sus competidores europeos y japoneses- no pueden tolerar ningún gobierno independiente que no se someta a sus intereses. La cuestión es cómo defendemos mejor la revolución de esa intervención: nosotros creemos que la mejor forma de hacerlo es fortaleciendo su base social, demostrando a través de una transformación social y económica profunda que mejore las condiciones de vida y distribuya justamente la riqueza al pueblo venezolano y especialmente a los sectores más confusos y menos concienciados que el socialismo no es otra cosa que la máxima democracia y la mayor mejora de sus condiones de vida que pueden experimentar.
Porque, de no hacerlo, el imperialismo y la burguesía van a acusar igualmente a la revolución bolivariana de tener por objetivo el “castrocomunismo” y otras estupideces por el estilo pero la diferencia será que al mismo tiempo utilizarán el saboteo económico para hacer creer a esos sectores que efectivamente los culpables de los problemas que genera la crisis mundial del capitalismo –agravada por el propio boicot de los capitalistas- son el gobierno y la revolución.
Por otra parte, el imperialismo no es omnipotente, de hecho cada vez se encuentra con más dificultades y contradicciones para ejecutar sus planes. Empantanado en Irak y Afganistán con un auge de la lucha popular y antiimperialista en toda América Latina no tendría nada fácil intervenir contra nuestra revolución. Una profundización de esta hacia el socialismo despertaría además un entusiasmo enorme en todo el continente y serviría de estímulo a otros países. Cualquier intento de intervenir contra el pueblo venezolano no sólo chocaría con la resistencia masiva de este sino de toda la clase obrera latinoamericana y mundial, incluida la de los propios EE.UU.donde el descontento social también crece y los latinos representan un porcentaje cada vez mayor de la población.
El nombramiento como candidatos que representen a los que apoyamos el proceso de algunos dirigentes muy cuestionados entre amplios sectores de la base social de la revolución, así como el propio método de elección de estos -sin casi debate y con este reducido a un pequeño grupo de dirigentes- ha creado malestar y críticas entre muchos revolucionarios honestos comprometidos con este proceso. Al mismo hemos asistido en las últimas semanas a polémicas en torno a la organización y gestión de algunos organismos públicos (FUS –con incluso graves denuncias de irregularidades, como se informa en este mismo periódico- y otros)
Estas polémicas son en una última instancia expresión de un debate de fondo que se da en el seno de la revolución y no pueden zanjarse descalificando a quienes las formulan, especialmente cuando se trata de revolucionarios probados, sino investigando seriamente las denuncias de corrupción cuando se produzcan y corrigiendo las fallas democráticas, pero sobre todo debatiendo cómo garantizamos la participación democrática de los trabajadores y las comunidades en la gestión de los recursos y en última instancia en la toma de todas las decisiones que determinan la dirección de la revolución. Esta es la única forma de evitar desviaciones, corrupciones y nuevos Miquelenas que brinquen la talanquera.
Como ha explicado en muchas ocasiones el Presidente el proceso no puede depender sólo de una persona. Por eso es imprescindible el control y la participación de los trabajadores y los sectores populares tanto a nivel local, como estadal o nacional en la toma de decisiones y en la ratificación o sustitución de los líderes y representantes. Esta es la mejor forma de profundizar y consolidar una democracia realmente participativa y protagónica.
Los marxistas de El Militante en ese sentido venimos defendiendo que la mejor forma de unificar todas las fuerzas revolucionarias y garantizar una dirección democrática, participativa y protagónica de las masas en la revolución es coordinándonos mediante asambleas en cada barrio, comunidad, fábrica, etc. que agrupen a todos los colectivos que apoyan el proceso y donde participen con plena libertad de opinión y propuestas cada uno de ellos y que estas asambleas elijan representantes revocables en todo momento que se coordinen a nivel local, estadal y nacional.

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