Justo antes del verano, el gobierno del PP hizo públicos algunos desarrollos de las contrarreformas educativas que impusieron en estos dos últimos cursos: la LOU para la universidad y la mal llamada Ley de “Calidad”. Todas sus medidas van encaminadasJuanjo López

Sindicato de Estudiantes

Justo antes del verano, el gobierno del PP hizo públicos algunos desarrollos de las contrarreformas educativas que impusieron en estos dos últimos cursos: la LOU para la universidad y la mal llamada Ley de “Calidad”. Todas sus medidas van encaminadas a profundizar los aspectos más reaccionarios.

Son todas medidas que resultarán gratuitas para el Ministerio. Pilar del Castillo miente cuanto habla de mejorar la calidad, ya que no va a aumentar la inversión ni un euro en educación. Mientras conceden una subvención de 25.000 euros a la Fundación Francisco Franco, languidecen las becas (este curso la cuantía va a aumentar poco más que la inflación, pero menos que las matriculas) y el presupuesto de los centros públicos disminuye. Sus medidas son baratas porque son medidas destructivas, destinadas a segregar, aumentar el elitismo y privatizar. Para arreglar una casa hace falta dinero, para demolerla basta con una maza.

Han dicho cómo será la reválida. Hace ya dos años lo explicábamos: sustituyen la selectividad por una prueba más dura sin otro objetivo que endurecer el acceso a la universidad. Según el Gobierno, esta nueva prueba mejorará la calidad porque en lugar de exigirse un 4 para aprobar el examen como sucedía con la selectividad será necesario un 5. Esta medida no mejorará la calidad de nada. Sólo con el aumento de ese punto, más de un 20% de estudiantes que hasta ahora aprobaban, no sólo no podrán ir a la universidad sino que ni siquiera contarán con el título de bachillerato. Ese es el verdadero objetivo. Otra lindeza será, por ejemplo, el examen oral de idioma, una prueba que necesitaría una inyección económica en las asignaturas de inglés o francés que el Gobierno no tiene intención de hacer. Es evidente que si en los exámenes de idiomas se exige un nivel que la escuela no da porque no hay medios para hacerlo, lo único que lograrán es repuntar academias privadas y negocios turbios como Opening.

En universidad quieren devaluar las licenciaturas, para que no sean títulos con valor, por esa misma razón desaparecerán las diplomaturas. Dicen que será para converger con Europa. Como siempre sólo en lo que les interesa. Por el contrario, potenciarán los masters, hasta ahora voluntarios al terminar la carrera. Se harán imprescindibles, y claro, más caros además de más elitistas y selectivos. Hablan de introducir incluso una selectividad interciclos: pese a las necesidades sociales, a la derecha le sobran universitarios. Los que estudien que paguen y que paguen más: otra sangrante medida afectará a las matriculas ya que incluirán en su precio las horas de estudio que el alumno efectúe fuera de los muros de la facultad.

Pero la perla ha sido la reforma de la religión. Religión, o su alternativa supuestamente laica, “religión II” el hecho religioso, serán evaluables: puntuarán para el expediente y para acceder a la universidad. Algunos cursos dispondrán de tantas horas como matemáticas. El primer paso para recuperar una religión católica obligatoria será convertirla en maría: fácil de aprobar en comparación a su alternativa que será un ladrillo y por lo tanto escogida por muchos estudiantes. Es una reforma ideológica, para aumentar las prebendas y privilegios de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, preparar el sistema educativo para la cruzada de convertir a los emigrantes musulmanes a la verdadera fe y poder donar más recursos públicos a los centros privados. ¿Quién dice que el Estado español es laico? El objetivo del PP es retomar el Estado confesional.

El Sindicato de Estudiantes rechaza todas estas “novedades” y sigue apostando por el camino de la lucha y de la movilización para revertir la ofensiva reaccionaria del PP. Las fechas en las que las han hecho públicas —justo antes de las vacaciones de verano— demuestran la cobardía de este gobierno: después de dos años de movilizaciones, en las que especialmente la juventud ha demostrado el rechazo a la política de Aznar, el Ministerio de Educación tiene miedo de la respuesta que podría encontrarse. Nosotros no nos quedaremos con los brazos cruzados y responderemos en la calle.


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