En un marco político-social de rechazo a la democracia burguesa, de “vacío de gobierno”, de la creación embrionaria del poder obrero y campesino, de una gran insurrección de masas que derrotó los planes golpistas de derecha y de la falta de una direc

En un marco político-social de rechazo a la democracia burguesa, de “vacío de gobierno”, de la creación embrionaria del poder obrero y campesino, de una gran insurrección de masas que derrotó los planes golpistas de derecha y de la falta de una dirección auténticamente revolucionaria, Eduardo Rodríguez (ex - presidente de la Corte Suprema), acaba de ser ungido como nuevo mandatario boliviano con el objetivo de aplacar la revolución boliviana. Sin embargo, al ser esta nueva administración parte del establisment capitalista, nace débil y con la posibilidad de no lograr su objetivo.

La contrarrevolución es derrotada temporalmente

Ante la probable asunción de Vaca Díez al ejecutivo (ligado a la megacoalición gonista y apoyado por el imperialismo norteamericano) y la posibilidad de golpe de estado, el movimiento político de los trabajadores interpretó esto como una declaración de guerra, lo que detonó una dinámica insurreccional en todo el país, con radicalización de medidas y acciones avanzadas como toma de campos petroleros, cierre de válvulas de gasoductos, etc. En el distrito 8 de Senkata (donde se encuentra la planta de gas) y en otros de la ciudad de El Alto los desfiles de trabajadores indígenas con picos, hachas y fusiles manuales arengando consignas de combate eran el preludio de la guerra civil.

Tal era la radicalización de las masas que el congreso no pudo sesionar en Sucre como era previsto. La contundencia de la movilización de cooperativistas mineros y campesinos en la propia capital constitucional ¾ con un muerto y heridos ¾ atemorizó a los parlamentarios quienes se vieron acorralados en el centro de la ciudad por miles de manifestantes, mientras que la ruta al aeropuerto era cortada por los campesinos para que no pudieran escapar a Santa Cruz y AASANA (gremio de los trabajadores del aeropuerto), entraba en huelga interrumpiendo todo el tráfico aéreo.

En esta situación de levantamiento nacional con las clases medias en huelga de hambre y simpatizando con la clase oprimida, un golpe de estado significaba arriesgarse a un enfrentamiento abierto entre las masas insurgentes y el aparato represivo, en el cual tampoco podían confiar debido a la influencia de la lucha de clases en los mandos medios y la tropa de las fuerzas armadas y policiales.

Si a esto sumamos la creación de los embriones de poder obrero y campesino extendiéndose en todo Bolivia, el golpe al final resultaba una medida arriesgada para el sector moderado de la burguesía, pues este podía iniciar una guerra civil para la cual la clase dominante parece no sentirse preparada.

“Esto que ha ocurrido es lo peor que podía pasarnos, pero la lucha continúa, siempre con alegría y energía”, admite en el anonimato y desmoralizado un miembro del Comité Pro Santa Cruz, organismo de la oligarquía.

Es por esta razón, que la fracción moderada de la burguesía termina imponiendo la salida “democrática” de la sucesión constitucional eligiendo a Rodríguez como nuevo presidente de la república capitalista boliviana.

El gobierno Rodríguez expresa la debilidad de los capitalistas bolivianos

Eduardo Rodríguez, ex ministro de Sánchez de Lozada en 1985 y con estudios de Derecho en Harvard, es el representante político de las fracciones más moderadas del empresariado nacional y de las clases medias.

En este sentido, la administración Rodríguez es un gobierno muy débil cuyo objetivo se limita a administrar una “transición” hacia las elecciones adelantadas y adormecer a las masas con más reacción democrática.

“El sistema democrático, debidamente renovado tiene que atender esa agenda, pero democráticamente”, sostuvo refiriéndose a las demandas del pueblo pobre boliviano, señalando además que él “no puede hacer política”, ni ofrecer más de lo que le toca cumplir. “Yo no hago demagogia”, declara Rodríguez después de haber sostenido una reunión con los dirigentes alteños el día de hoy (www.bolpress.com).

Pero claro, al carecer el movimiento de masas de una dirección revolucionaria organizada, este puede cumplir con su tarea capitalista de consolidar la democracia burguesa.

Es por esta razón que la dirección de la FEJUVE le ha dado una tregua a Rodríguez y, aislando a las demás organizaciones importantes como la CSUTCB, COB, FSTMB, Magisterio, etc. se ha reunido con el gobierno rompiendo así la alianza estratégica de los trabajadores y de la Asamblea Popular Nacional y Originaria (AP). En realidad estos dirigentes no creen en la fuerza de los trabajadores para transformar la sociedad.

En todo esto el líder del MAS, Evo Morales, tiene enorme responsabilidad porque fue la salida política que propuso al país.

El rol de Evo Morales y el MAS

De esta manera, el líder masista volvió a jugar en esta crisis revolucionaria el rol de salvador del régimen. En efecto, Morales Ayma viene jugando el papel de pata izquierda del régimen y contención de las tendencias más revolucionarias de las masas. Sin embargo, por la radicalización del movimiento éste viene siendo muy cuestionado por sectores avanzados de las masas y fue influenciado por su propia base cocalera que lo obligó a dar un giro a la izquierda en su discurso planteando la nacionalización de los hidrocarburos.

Evo Morales acaba de declarar que: “Hemos consultado a la mayor cantidad de compañeros movilizados, tanto en el campo como en la ciudad, y la mayor parte pide un cuarto intermedio, una tregua hasta que el gobierno, el nuevo presidente, organice su equipo de trabajo, sus asesores... Rodríguez es un presidente de transición y tiene un mandato del pueblo y del Parlamento”. (www.econoticiasbolivia.com).

La perspectiva

El nuevo presidente ha declarado que él no puede hacer nada con respecto al gas, las autonomías, etc. Ha dicho que su gobierno está subordinado al congreso, lo que puede encender de nuevo el fuego revolucionario.

Si bien es cierto que la crisis revolucionaria está por disiparse, el clima de enorme tensión, casi de preguerra civil, no se ha diluido.

Lo interesante de esta insurrección es que a diferencia de Octubre, ha sido más organizada y consciente, políticamente hablando. Esto se expresa en la pérdida de las ilusiones democráticas por parte de la vanguardia en la consigna de la Asamblea Constituyente y que incluso llega a plantear la cuestión del poder político como medio para lograr la nacionalización de los hidrocarburos.

El problema una vez más es el de la dirección y el partido revolucionario. Ante esta debilidad crucial, el nuevo gobierno puede obtener un compás de espera de días o semanas, pero difícilmente una “luna de miel” como la que gozó Mesa después de Octubre.

Rodríguez, el día de su declaración a la nación hizo énfasis en la necesidad de un gran Acuerdo Nacional. Y la Iglesia y los empresarios han respaldado esta táctica política. Entonces, los próximos días serán de convocatorias y reuniones para afianzar el Acuerdo Nacional.

El presidente de los empresarios, Roberto Mustafá, clamó también por la paz, por el fin de las protestas sociales y demandó que el gabinete que acompañe a Rodríguez preste atención prioritaria a la recuperación económica del aparato productivo.

“Esperamos que esta transferencia de mandos en el marco constitucional restaure la paz y la tranquilidad, que abra el camino hacia futuro para el bienestar de todos los bolivianos”, declara por su parte la Iglesia Católica.

Abel Mamani, dirigente de la Fejuve-El Alto, dijo que el Estado debe dejar de subvencionar a los partidos políticos, de forma que las organizaciones populares puedan participar en el acto eleccionario en igualdad de condiciones y no se reproduzca el sistema político imperante en el país (www.bolpress.com). Las declaraciones de Mamani apuntan a participar de las próximas lides electorales.

Por otro lado, el líder de la Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares, advirtió que el pueblo no rifará su lucha a cambio de nada. “La huelga general y el bloqueo nacional de caminos se mantienen y las medidas de presión no serán levantadas sólo porque se hayan cambiado las ‘fichas’ y se haya posesionado a un nuevo presidente de la República”. Sin embargo, los mineros asalariados y afiliados a la COB acaban de regresar a sus ciudades.

El movimiento de las masas ha dado importantes pasos adelante en el tiempo transcurrido desde octubre de 2003, sobre todo políticamente. El régimen tiene muy poca autoridad y por lo tanto, aunque pueda haber un cierto retroceso con relación al punto álgido de las movilizaciones que ha representado las últimas jornadas, la próxima oleada del movimiento partirá indudablemente de un punto más alto.

Por estas razones es más vital que nunca la necesidad de una dirección con un plan de lucha claro y con perspectivas revolucionarias que puedan empalmar con la vanguardia obrera, campesina y juvenil para dotar al movimiento de un partido que se prepare para la próxima insurrección de masas o la guerra civil.

Por ahora creemos que ese plan pasa por denunciar el pacto de Sucre y al nuevo gobierno. Hay que rechazar la tregua política y es necesario hacer un balance de las jornadas revolucionarias de las últimas semanas.

Se hace necesario defender y desarrollar los embriones de poder de los trabajadores. En este sentido es necesario publicitar y explicar cuál debe ser el rol de la Asamblea Popular, además de comenzar a trabajar en los comités de autodefensa, de política, etc. así como la necesidad de dotarnos de una táctica hacia las tropas de las fuerzas armadas y policiales ya que la contrarrevolución cruceña va continuar con sus planes golpistas y de construcción de su ala fascista de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC).


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