¡Hay que derrotar el ataque reaccionario del Gobierno capitalista de Maduro contra las fuerzas de izquierda en Venezuela!

El viernes 11 de agosto el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), siguiendo las instrucciones antidemocráticas del Gobierno de Maduro, consumaba meses de acoso y represión contra el Partido Comunista de Venezuela (PCV). En una decisión que ha causado escándalo e indignación entre millones de trabajadores, activistas de la izquierda y militantes que siempre hemos apoyado el proceso de la revolución bolivariana liderada por Hugo Chávez, el máximo órgano judicial venezolano ha intervenido de forma totalitaria una organización combativa que pelea contra la deriva derechista y el programa neoliberal del actual Gobierno.

Las instituciones del régimen han sido utilizadas antidemocráticamente para cesar ilegítimamente a dirigentes elegidos y votados por los militantes comunistas, todos ellos de reconocida trayectoria dentro del movimiento sindical y la izquierda venezolana y latinoamericana que participaron en primera línea en el proceso revolucionario y ahora son golpeados por oponerse a una deriva que está destruyendo su legado.

Como parte de esta mascarada se ha nombrado a dedo una Junta directiva burocrática “ad hoc”, integrada por elementos sin el menor apoyo entre las bases comunistas ni raíces en el movimiento obrero, campesino o estudiantil, y cuyo único “mérito” es no tener escrúpulos en pasar por encima de las bases para aceptar cargos y prebendas, haciendo el trabajo sucio al Gobierno.

Un golpe contra la izquierda y el movimiento obrero

El otro gran mérito de estos burócratas usurpadores es la sumisión absoluta a las políticas pro-capitalistas que están liquidando los avances conquistados por la clase obrera bajo los gobiernos de Hugo Chávez. Una agenda de privatizaciones, pactos con la derecha y la patronal, ataques a los derechos laborales y salariales… impuestos por el gobierno de Nicolás Maduro y la cúpula burocrática que hoy controla el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).

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El otro gran mérito de estos burócratas es la sumisión absoluta a las políticas pro-capitalistas que están liquidando los avances conquistados por la clase obrera bajo los gobiernos de Hugo Chávez.

Entre estas medidas destacan el despido masivo y jubilación forzosa de trabajadores y privatización encubierta (mediante la devolución a los capitalistas) de diferentes empresas públicas o que fueron nacionalizadas por Chávez. La dolarización de la economía, que ha disparado las desigualdades, favoreciendo una corrupción crónica y la acumulación de fortunas insultantes tanto por los empresarios de toda la vida como por la llamada “boliburguesía”, nacida del propio aparato estatal y partido gubernamental. O los pactos con las organizaciones patronales, incluida Fedecámaras, que organizó y financió el golpe fascista de abril de 2002 contra Chávez, el paro petrolero y otras intentonas de derrocar a éste y asesinar a miles de militantes de la izquierda.

En política internacional esta liquidación del proceso revolucionario y giro a la derecha se ha traducido en el abandono de cualquier orientación antiimperialista consecuente. El gobierno venezolano ha aceptado gustoso todas las exigencias políticas de los imperialistas chinos y rusos que, correctamente, han denunciado los compañeros del PCV sometidos a esta purga: privatizaciones, ataques a los sindicatos y la izquierda crítica, creación de Zonas Económicas Especiales donde los derechos laborales conquistados y la Constitución bolivariana son “suspendidos”.

Paralelamente, como parte de sus pactos con los empresarios venezolanos, el Gobierno de Maduro ha negociado también acuerdos puntuales con el imperialismo estadounidense que garanticen la estabilización y consolidación de un régimen capitalista en Venezuela, pero con los líderes del PSUV al timón. Maduro también ha estrechado lazos con regímenes reaccionarios caracterizados por la represión más sanguinaria contra sus pueblos, como el Irán de los mullahs, la Turquía de Erdogan o las monarquías del Golfo Pérsico

Degeneración capitalista y bonapartista

El resultado de este giro ha abierto de par en par las puertas a la contrarrevolución y está siendo una pesadilla para las masas.

El salario mínimo ha pasado de ser el más alto de Latinoamérica bajo Chávez al último lugar, por debajo del umbral de la pobreza. La sanidad y educación públicas, que durante el proceso revolucionario se extendieron a amplias capas de la población, han retrocedido a niveles anteriores a 1998. El colapso en las condiciones de vida y la lucha desesperada por sobrevivir es la realidad cotidiana del pueblo, mientras en los barrios acomodados de Caracas los coches de lujo y los clubs de moda florecen en medio del derroche obsceno de una burguesía que se ríe de todo.

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El colapso en las condiciones de vida y la lucha desesperada por sobrevivir es la realidad cotidiana del pueblo, mientras en los barrios acomodados de Caracas los coches de lujo y los clubs de moda florecen.

Este panorama ha alimentado otra consecuencia de indudable peso en la situación objetiva: la desmoralización política de amplios sectores de las masas al ver liquidadas las conquistas revolucionarias. Una liquidación que no ha venido de la mano de la derecha golpista a sueldo de Washington, sino de una élite burocrática y privilegiada que cínicamente se sigue declarando “chavista” e incluso “socialista”, pero que vive y comparte los mismos intereses que la burguesía renacida.

El reflujo y repliegue de las masas y su vanguardia ha paralizado durante años una respuesta a esta situación. Pero en el último periodo, a medida que las diferencias sociales se hacen escandalosas, sectores de la clase obrera han protagonizado luchas intentando recuperar derechos y  salarios. Unido a esto las voces críticas por la izquierda se han hecho cada día más vigorosas.

La respuesta gubernamental está siendo utilizar el aparato del Estado capitalista para intimidar, reprimir y aplastar las luchas y a las organizaciones más consecuentes de la izquierda. Esta una característica primaria de todo proceso contrarrevolucionario.

Los hechos son concretos. Mientras Maduro y sus ministros negocian con los empresarios y grandes multinacionales imperialistas la estrategia para favorecer la acumulación capitalista, y recurriendo al discurso de la “reconciliación nacional” los órganos judiciales liberan a decenas de terroristas de derecha y fascistas implicados en diferentes tentativas golpistas… la persecución policial y el encarcelamiento de sindicalistas y militantes de izquierda se ha recrudecido como nunca. El Gobierno no puede tolerar que se señalen las corruptelas en empresas públicas, que los obreros más conscientes impulsen sindicatos no controlados por la burocracia o simplemente luchen contra recortes en derechos y salarios. ¿Qué tiene esto que ver con las políticas que defendió Hugo Chávez?

Esta situación está siendo denunciada por organizaciones de izquierda que siempre estuvimos en primera línea del proceso revolucionario, muchas de las cuales apoyamos la formación de la Alternativa Popular Revolucionaria (APR). Este frente de izquierdas, impulsado por  el PCV entre otros, fue visto con esperanza por miles de activistas que buscaban políticas genuinamente de izquierdas para derrotar definitivamente a la derecha y ultraderecha golpistas y el imperialismo estadounidense, y al mismo tiempo combatir esta contrarrevolución burocrática que está liquidando los derechos y avances sociales.

El gobierno no tardó en responder a este desafío. Primero anuló candidaturas de la APR, utilizando los medios de comunicación para impulsar una brutal campaña mediática contra la izquierda y recurriendo al corrupto poder judicial  para intervenir y reemplazar a su antojo a los dirigentes de varios de los partidos que integraban la APR.

Pero ahora, con la usurpación de las siglas del PCV, Maduro y el régimen han dado un salto cualitativo en las políticas reaccionarías contra el movimiento obrero,  consolidando una deriva bonapartista donde la fusión entre la burocracia del PSUV, la cúpula militar y la clase dominante adopta las formas más totalitarias. Esta ofensiva  tiene efectos aún más graves porque va acompañada del disfraz “chavista” y un falso discurso socialista con el objetivo de dividir y engañar a sectores de  las masas.

Solidaridad internacionalista

El brutal ataque contra el PCV ha sido respondido con innumerables declaraciones de solidaridad nacional e internacional de organizaciones políticas y sindicales de izquierdas con una larga tradición de lucha, como el Partido Comunista de Grecia, KKE. La excepción son algunos “partidos comunistas” como los de China o Rusia, que hace mucho tiempo que dejaron de ser instrumentos de la clase obrera para convertirse en maquinarias al servicio de la contrarrevolución capitalista.

Tampoco el PC de Cuba ha movido un solo dedo para impedir este atropello. Es más, la decisión de intervenir ilegítimamente al PCV se produce justo días después de que Diosdado Cabello y otros dirigentes del PSUV acudieran a la Habana a firmar un acuerdo de colaboración con el Partido Comunista de Cuba. Es impensable que Maduro se hubiera atrevido a dar este paso sin el consentimiento y apoyo del Gobierno cubano.

La actuación del PSUV y del Gobierno venezolano contra el PCV representa una ruptura total con el marxismo revolucionario, el internacionalismo y el antiimperialismo.

Desde Izquierda Revolucionaria Internacional queremos mostrar nuestra solidaridad con los camaradas del Partido Comunista de Venezuela, y también con su dirección destituida mediante métodos burocráticos inaceptables, típicos de regímenes reaccionarios y estalinistas. Estamos a vuestro lado y contáis con nosotros en todas las acciones que se lleven a cabo para derrotar está agresión.

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La actuación del PSUV y del Gobierno venezolano contra el PCV representa una ruptura total con el marxismo revolucionario, el internacionalismo y el antiimperialismo.

Al mismo tiempo llamamos a todos los militantes de la izquierda venezolana, latinoamericana y del mundo a movilizarse, expresar su solidaridad con el PCV y su más enérgico rechazo a las políticas pro capitalistas del régimen de Maduro.

Los avances de la revolución bolivariana bajo los gobiernos de  Hugo Chávez supusieron un aldabonazo para la lucha de clases mundial. Por primera vez desde los años 70, un líder de masas, respaldado además una y otra vez por millones de oprimidos que le eligieron presidente, reivindicaba el socialismo. Las expropiaciones de centenares de empresas y latifundios, la redistribución de la riqueza (que permitió reducir drásticamente la pobreza y las desigualdades), los debates sobre el control obrero y cómo construir el socialismo estimularon la movilización revolucionaria de las masas en Venezuela y toda América latina, convirtiendo a Venezuela en punto de referencia para millones de oprimidas y oprimidos del planeta.

Retomar el legado de la revolución bolivariana implica una lucha intransigente por el genuino socialismo y la democracia obrera, y contra aquellos que hoy encabezan una contrarrevolución abierta en Venezuela.

¡Basta de agresiones contra el PCV y la izquierda venezolana!

¡Por la unidad de acción del movimiento comunista y la revolución socialista internacional!


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