¡Por una política internacionalista y de independencia de clase!

El miércoles 18 de mayo el gobierno de Joe Biden anunciaba un flexibilización de algunas de las criminales sanciones que desde hace años mantiene EEUU contra Venezuela. Según Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Venezuela, “Estados Unidos ha autorizado a empresas petroleras estadounidenses y europeas para que negocien y reinicien operaciones” (La Jornada, 18/05/22).

Esta decisión  se produce después de que Biden, en marzo, poco después de aprobar el bloqueo de la compra de petróleo y gas a Rusia con motivo de la guerra de Ucrania, enviase varios negociadores a entrevistarse con representantes del gobierno venezolano para negociar una posible reactivación del suministro de petróleo venezolano  y el gobierno de Nicolás Maduro se mostrase favorable a iniciar el diálogo.

¡Ni Biden ni Putin! ¡No a la guerra imperialista!

Washington no dudará en utilizar la negociación con Venezuela (no digamos ya un acuerdo, si finalmente lo consiguiesen)  para seguir insistiendo en su machacona propaganda de guerra sobre el supuesto aislamiento de Rusia, ya que Putin es uno de los principales sostenedores del gobierno de Nicolás Maduro. Junto a ello, intentará lavarle la cara al propio Biden, presentándolo como  “demócrata” y “dialogante” frente a su antecesor Trump, intentando minimizar el ambiente de desconfianza y rechazo creciente al imperialismo estadounidense que existe los pueblos latinoamericanos.

Pero la decisión de Biden de negociar con el gobierno venezolano (después de años de estrategia golpista de EEUU intentando derrocarlo e imponer a su títere Guaidó, que se han saldado con un fracaso) es un reflejo de la decadencia del imperialismo estadounidense y su necesidad de recurrir a medidas desesperadas en su lucha contra China y Rusia.

Como señalamos en distintos materiales, la guerra de Ucrania va mucho más allá de la criminal  invasión de Ucrania por Putin. Esta contienda militar, imperialista y reaccionaria por ambos bandos, forma parte de la lucha global por el control de los mercados, materias primas y flujos de capital a nivel mundial que sostienen el imperialismo estadounidense y los imperialismos ruso y chino.   

Si Putin intentó presentar su brutal ataque al pueblo ucraniano como una acción defensiva, cuando solo busca defender los intereses del renaciente imperialismo ruso, EEUU es una potencia imperialista en declive que está viendo como el orden mundial que logró imponer tras el colapso de la URSS salta por los aires y la alianza entre los imperialistas rusos y chinos amenaza su hegemonía. 

Tras sus derrotas en Oriente Medio y Asia, especialmente su humillante salida de Afganistán, el fracaso de sus intentonas golpistas en Venezuela o Bolivia, y su grave retroceso económico y político en Latinoamérica, África y ahora en la propia Europa,  el imperialismo estadounidense decidió pasar a la ofensiva. Washington está  dispuesto a todo para no perder Europa. Por eso fomentaron el nacionalismo supremacista y rusófobo ucraniano de ultraderecha desde 2014 y Biden impulsó ahora la entrada de Ucrania en la OTAN, aún sabiendo que provocaría una respuesta militar de Putin. 

El gobierno estadounidense y la OTAN está dedicando millones de dólares para armar hasta los dientes al ejército de su títere Zelenski y a un ejército ucraniano en el que participan todo tipo de bandas neonazis y mercenarios y contratistas extranjeros con un único objetivo: prolongar la guerra todo el tiempo que sea necesario con el objetivo de desgastar a Rusia. Con ello espera debilitar también a China, algo que no está ocurriendo.

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La apuesta de Biden es enormemente arriesgada, a lo interno y a lo externo. Para sostenerla necesita minimizar el impacto de esta política belicista sobre su economía.

La apuesta de Biden es enormemente arriesgada, a lo interno y a lo externo. Para sostenerla necesita minimizar el impacto de esta política belicista sobre su economía y que la caída de popularidad que ya está teniendo por la subida de los precios de la gasolina y la elevada inflación que golpea a los trabajadores norteamericanos no se refleje en las próximas elecciones, donde una derrota del partido demócrata amenazaría la estabilidad de su gobierno. Esto le empuja a buscar todo tipo de medidas posibles para paliar los efectos de la guerra sobre su economía.

Una de ellas es intentar reactivar la producción y suministro de petróleo venezolano. Aunque éste no alcanza ni de lejos para compensar el impacto del bloqueo a Rusia y los efectos de la prolongación de la guerra sobre la economía estadounidense y de sus aliados, Biden espera que pueda paliar al menos algo la subida de los combustibles y ayudar a sus objetivos.

El Gobierno de Maduro utiliza el petróleo para consolidar sus políticas capitalistas

El gobierno de Nicolás Maduro, tras mostrar inicialmente su apoyo a Putin, respondió al envío de representes por parte de Biden y su propuesta de negociar dejándose querer y enviando mensajes calculadamente contradictorios. Diferentes dirigentes del PSUV y cargos gubernamentales hacen declaraciones justificando la criminal intervención rusa en Ucrania y al mismo tiempo  muestran su apoyo a negociar con los otros responsables de la matanza imperialista, Biden y las multinacionales estadounidenses, la reactivación de la producción y suministro de petróleo hacia EEUU.

Todo esto se presenta como un ejemplo de habilidad diplomática y es justificado con la necesidad de reactivar la economía y mejorar las condiciones de  vida del pueblo venezolano tras años de colapso económico. Pero esto, además de cínico, es completamente falso. Aunque las criminales sanciones estadounidenses han agravado la crisis económica y golpeado duramente al pueblo venezolano,  la causa del retroceso dramático en las condiciones de vida de las masas venezolanas es la aceptación del capitalismo por el gobierno de Nicolás Maduro, la liquidación de las políticas anti-imperialistas y las medidas progresistas y derechos alcanzados por el pueblo durante los gobiernos de Chávez y su búsqueda de alianzas con diferentes sectores de la burguesía y el imperialismo, ya sea norteamericano, chino o ruso. Esta reactivación por tanto, bajo las políticas capitalistas de Maduro, no irá en beneficio del pueblo.

De hecho, mientras los salarios y las condiciones laborales han retrocedido a niveles de la IV República, los beneficios de los capitalistas (tanto de la burguesía tradicional como de la boliburguesía, que aplauden entusiasmados la negociación con Biden) han crecido exponencialmente. El acuerdo con Washington, en este contexto y con las políticas pro-capitalistas del gobierno, no hará sino profundizar dichos negocios a costa de nuestros recursos energéticos.

La política exterior del gobierno venezolano es una continuación de la política interior que venimos denunciando desde hace tiempo: buscar pactos con diferentes sectores de la burguesía y el imperialismo para estabilizar el capitalismo mientras termina de liquidar las medidas progresistas y avances sociales que conquistamos los trabajadores y el pueblo durante los gobiernos de Hugo Chávez. Mientras sigue utilizando un discurso obrerista y anti-imperialista cuando le conviene, el gobierno de Maduro intenta maniobrar entre los dos bloques de criminales imperialistas que han convertido Ucrania en un infierno para millones de jóvenes y trabajadores, y está siendo utilizado para desatar una guerra contra las condiciones de vida de los trabajadores en todo el mundo, incluidos los venezolanos.

En próximos artículos analizaremos en detalle las perspectivas para la negociación y un posible acuerdo pero esta política nefasta de pactar con la burguesía y los imperialistas solo puede significar más saqueo de las riquezas naturales de Venezuela y sufrimiento, miseria y opresión para los trabajadores y el pueblo. El problema ni siquiera es llegar a acuerdos, sino a quién beneficiarán los mismos.

¡Por una política de independencia de clase! ¡Contra la burocracia, la burguesía y la guerra, luchemos por una genuina revolución socialista!

Ante todas las contradicciones comentadas, que la guerra de Ucrania está agudizando y haciendo estallar, la gran mayoría de la izquierda crítica con el gobierno de Nicolás Maduro en lugar de levantar una política propia anti-imperialista,  internacionalista y de clase, se está dejando arrastrar por la propaganda de guerra de cada uno de los bandos imperialistas. 

Unos dicen apoyar una supuesta guerra por la liberación de Ucrania que los ubica en un frente único con Zelenski y las bandas neo-fascistas financiadas por la OTAN. En el polo opuesto, hay quienes, basándose en el principio -inaceptable para un revolucionario- de que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, justifican la criminal invasión imperialista de Ucrania como una acción defensiva de Putin frente a EEUU y la OTAN.

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Ante todas las contradicciones la gran mayoría de la izquierda crítica con el gobierno de Nicolás Maduro se está dejando arrastrar por la propaganda de guerra de cada uno de los bandos imperialistas.

La izquierda anticapitalista venezolana, empezando por la APR, debe denunciar de manera clara y decidida que la guerra de Ucrania es una guerra reaccionaria e imperialista por los dos bandos, rechazar la política del gobierno de maniobrar cínicamente entre ambos bandos mientras los oprimidos ucranianos, rusos y de todo el mundo sufrimos las consecuencias y levantar una alternativa de lucha para enfrentar las nuevas agresiones contra los trabajadores y el pueblo que significa la política de pactos con los capitalistas. Los acuerdos con los imperialistas, sean chinos y rusos o estadounidenses, solo pueden significar más miseria y explotación para el pueblo.

Hay que construir un frente único de la izquierda que trabaje desde ya por levantar un movimiento de masas contra esta alianza sin principios entre los viejos capitalistas de Fedecámaras que intentaron una y otra vez derrocar a y asesinar a Chávez y aplastar al pueblo, la boliburguesía y la burocracia que se declaran “chavistas” y “revolucionarios” pero aplican políticas capitalistas y pro-imperialistas para estabilizar el capitalismo en Venezuela y para enriquecerse.

Desde Izquierda Revolucionaria defendemos que la única alternativa es impulsar una política marxista que unifique las luchas de todos los revolucionarios y revolucionarias en Venezuela y en el mundo. Hay que reconstruir la izquierda anticapitalista y la organización del movimiento obrero y popular en las comunidades y los centros de trabajo con un programa que recoja todas las reivindicaciones y necesidades de cada sector de la clase obrera y del pueblo, de cada comunidad y centro de trabajo.

Un programa verdaderamente socialista que plantee la confiscación de la banca, la tierra y las grandes empresas colocándolas bajo gestión obrera, donde los cargos de dirección sean de elegibilidad y revocabilidad inmediata, sometidos a rendir cuentas periódicamente con el goce de salario y beneficios iguales al de un trabajador calificado, dispuesto a planificar democráticamente la economía para poder dar respuesta a las necesidades del pueblo. Únete a Izquierda Revolucionaria para luchar por estas ideas

¡Ningún apoyo o colaboración con ningún bando imperialista!

¡Fuera EEUU y la OTAN y las tropas de Putin de Ucrania!

¡Si quieres la paz, lucha por el verdadero socialismo!


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