La revolución venezolana en peligro

Los acontecimientos se suceden en Venezuela con enorme rapidez. El domingo 31 de mayo miles de trabajadores y vecinos de los cerros tomaron las calles de Venezuela para festejar que la oposición había sido incapaz de recoger las firmas necesarias para el revocatorio contra Chávez. Ahora las noticias que nos llegan es que probablemente el Consejo Nacional Electoral (CNE) va a admitir las firmas.

Es público y notorio el fraude cometido por la oposición en la recogida de firmas, reconocido incluso por los mismos que lo han cometido. La derecha no ha dudado en utilizar trampas y estafas de todo tipo. En las firmas presentadas hay de todo: firmas de niños, duplicadas o de personas ya fallecidas, falsificación de documentos, personas que firmaban hojas con diferentes nombres y números de DNI inventados y toda clase de argucias que les sirvieran a sus propósitos.

Al mismo tiempo más de 130 paramilitares colombianos, expertos en provocar el terror y el asesinato en su país, fueron detenidos durante las últimas semanas. La mayoría de ellos se encontraban en una finca propiedad de Robert Alonso, conocido dirigente de la oposición, cerca de Caracas. Su objetivo: asesinar al presidente Chávez y organizar el caos con el fin de justificar la intervención militar, probablemente desde Colombia en Venezuela.

Detrás de toda esta operación combinada, en el frente electoral y en la acción armada contra el gobierno de Chávez, el imperialismo USA, la burguesía internacional, la oligarquía, la jerarquía católica y sectores del ejército venezolano, intentan, otra vez, abortar el proceso revolucionario que protagonizan las masas venezolanas.

La ‘imparcialidad’ de los estamentos burgueses

Ahora el movimiento enfrenta una dura prueba. Por un lado Chávez ha estado diciendo constantemente que si el CNE aceptaba las firmas, habría revocatorio. Por otro, las masas saben que aceptar las firmas es una burla indecente. Entonces, ¿qué va a pasar ahora?

Desde el principio se cometió el error de confiar en que la evidencia del fraude era tal que los miembros del CNE, a poco “justos” e “imparciales” que fueran, no podrían claudicar ante el chantaje. ¡Craso error! Confiar en que las instituciones burguesas van a dictaminar sobre acontecimientos revolucionarios con justicia e imparcialidad, es como confiar en que el ejército norteamericano ha ido a Iraq a proteger a los iraquíes sin ningún interés por su petróleo. Para más inri, no es la primera vez que pasa algo similar. El Tribunal Superior de Justicia dictaminó que el golpe del 11 de abril de 2002 fue en realidad “un vacío de poder”, tribunales de justicia mantuvieron presos a dirigentes de radios comunitarias durante varios meses (caso Perola), a los defensores de Puente Llaguno durante año y medio, y cometieron toda clase de injusticias y tropelías contra el movimiento revolucionario. ¡La única justicia es que los golpistas estuvieran en la cárcel en lugar de recogiendo y falsificando firmas. La única justicia es expropiar a los golpistas y poner sus bienes al servicio de la mayoría que ellos quisieron quebrar!

Para la burguesía y el imperialismo las formas democráticas son simplemente una herramienta a utilizar cuando les conviene. Ellos saben que no han conseguido las firmas, pero les da igual. Lanzan una campaña internacional salvaje para presionar al CNE e incluso a Chávez con el objetivo de convocar el revocatorio, al tiempo que organizan acciones militares para asesinar al presidente.

Es hora de pasar a la acción

¡Ya está bien! No podemos seguir así. El movimiento revolucionario no puede malgastar sus fuerzas, ni su atención, en contestar una y otra vez a la reacción. Ni el imperialismo, ni la oligarquía venezolana ni la burguesía internacional se van a dar por satisfechos, sea cual sea la respuesta.

Si hay revocatorio, es evidente que Chávez lo ganará. Los trabajadores, los pobres, los sin tierra, los jóvenes en los barrios... se volcarán en votar a favor de su presidente como han hecho... en cinco procesos electorales y han demostrado una y otra vez con su acción en la calle. Pero, ¿qué dirán entonces los medios de comunicación, la Administración USA y su cohorte de lacayos? Que la votación ha sido un fraude, que el resultado ha sido manipulado y que eso demuestra que Chávez es un dictador y plantearán la necesidad de que desde la OEA, Colombia o cualquier otro país, se intervenga militarmente para acabar con la dictadura chavista. Si no hay revocatorio utilizarán los mismos y exactos argumentos y organizarán las mismas acciones militares.

Así pues, de una u otra manera, la revolución venezolana sigue en peligro de muerte y esto va a continuar mientras no se tome la decisión de acabar de una vez por todas con el capitalismo, disolver las instituciones burguesas, expropiar a la oligarquía, nacionalizar los bancos, armar a los trabajadores y hacer un llamamiento a sus hermanos de clase en Brasil, Colombia, Panamá, Argentina, Europa... para defender la revolución socialista y luchar contra sus propias burguesías que quieren acabar con el proceso revolucionario en Venezuela.

No hay otro camino. Si queremos evitar un baño de sangre debemos desarmar, ahora, en este momento, a la reacción, ya sea con o sin referéndum. Es urgente organizar la defensa armada de la revolución. Necesitamos formar comités armados en los barrios, fábricas, universidades, cuarteles... para defender la revolución y responder a las acciones desesperadas que intente la contrarrevolución.

Esta es la única opción que tenemos para defender la revolución. Una revolución socialista triunfante en Venezuela despertará la solidaridad activa del movimiento obrero internacional que no dudará en apoyar y defender con su movilización a sus hermanos de clase venezolanos.


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